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Para balconear a los tabasqueños

En México, no sólo existen diferencias en la comida y las costumbres de cada región, también hay formas peculiares de hablar y pronunciar el español que permiten distinguir de dónde procede cada persona. En este caso, emprendemos un viaje al sureste, porque «…Tabasco es un edén».

Hay muchos que dicen: «Yo soy tabasqueño y no hablo como López Obrador». Y es que no todos los que nacimos y hemos vivido en Tabasco hablamos «gracioso»; pero este artículo se refiere a aquellos que, antes que dejar de tomar pozol,1 Bebida de maíz cocido con cacao molido y agua; se toma agrio, fresco, con canela y hasta con horchata. Resulta fundamental para los tabasqueños en la temporada de calor, y la tomaban los hombres que trabajaban en los campos para mitigar el hambre y la sed que producían las largas jornadas. prefieren renunciar a la cerveza; a quienes comen caldo de gallina cuando la temperatura es de 38 °C a la sombra, y a las 6 de la tarde salen a tomar el fresco; y a quienes, cuando se ensucian la ropa, exclaman: «¡Ya me devané!»; a los que sólo comen «un bocaíto», y a los que les encanta el chicharrón con puerco, la manea2 Variedad de tamal hecha con maíz cocido, molido y revuelto con hojas de chipilín, que lleva carne y cabeza de cerdo, chile habanero en trocitos, manteca y se envuelven en hojas de tos; se hornean en tambos de metal. y la tortilla de maíz nuevo. O sea, de los «chocos» de corazón.

...Que tabasco es un edén

Para hacer un artículo que balconee a un tabasqueño es necesario, primero, contemplar sus características físicas y culturales, su forma de comportarse y de vivir, su forma de manejar y, por supuesto, su forma de hablar. Ser tabasqueño es mucho más que ser un habitante de algún municipio; es una identidad de aquel que nace en el estado, en las condiciones que sea. Rico o pobre, todos convivimos con el mismo calor y los mismos moscos e, incluso, hasta el más citadino no deja de preguntar: «¿Qué jue? ¿Qui cite?».

Mi abuelito es nacajuqueño3 De Nacajuca, un municipio del estado de Tabasco. de corazón. Toda su vida, como muchos otros, ha vivido en su pueblo querido. Se casó hace 50 años y, hasta hoy, su matrimonio parece inquebrantable. Pero lo que más destaca de mi viejo es, sin duda, su forma de hablar; su sello característico lo ha transmitido a mi padre, quien es su gran discípulo. Gracias a él y a la solidez de nuestra familia —dicen por ahí que «familia que permanece junta, seguramente es tabasqueña»—, mi hermano y yo hemos escuchado frases majestuosas que hemos llevado grabadas en nuestras mentes toda la vida.

Deme un bocaíto, jijoeputa

Él nos enseñó que, siempre que nos inviten de comer, no hay que decir «sí, gracias», sino «bueno, deme un bocaíto»; de esa manera no damos a notar que tenemos hambre —aunque en realidad no sea un bocado el que comeremos—, y si al momento de servir la comida nos ofrecen algo de beber, con la misma cortesía hay que decir «bueno, deme un traguito», así no quedaremos como gorrones o tragones.

Aprendí que cuando necesitamos que alguien dé vuelta a algo por nosotros, para dar instrucciones precisas de los movimientos necesarios hay que decir: «Víralo tantito; sí, así, cantéalo un poquito, como que jalas pa’llá y luego lo arrempujas». Mi padre también me enseñó una palabra que parece tener magia y con la que puedes hacer que todas las cosas tengan un mismo nombre: negocia. Es tan efectiva que no importa a qué te refieras, la otra persona entenderá.

Frases para ir a Tabasco y no morir en el intento

En Tabasco, unas lenguas de sustrato son el chontal y el chol —casi extintas—, y muchas palabras que hoy utiliza la gente oriunda derivan de una mezcla de estas lenguas y castellano antiguo. Así que si usted viene a Tabasco, o conoce a un tabasqueño, reflexione antes de burlarse de nuestra tan «cultural» forma de hablar, pues tiene más historia de la que se imagina. A continuación unos ejemplos:4 Agradecemos a Thelma del Río Priego y a América Romero, tabasqueñas ambas, sus generosas aportaciones lingüísticas este artículo.

achichihuar. Apapachar, aconchar. Se usa cuando nos vamos a recargar sobre algo o alguien: acónchate más para allá, no entramos.

acucupache. Llevar a cuestas a un niño. Tráelo al niño acucupache.

agalambado o agalambao. Cuando una persona se muestra torpe, o algo se le cae: Ya tiraste eso, andas todo agalambado.

ancá. En casa de alguna persona.

apuscaguado, aplatanado. Alguien que está descansando o decaído.

¡ay, hermanito! Frase que denota preocupación: ¡Ay, hermanito, ya arreció el agua!

¡ay, mojo maistro! Se usa como el «¡no inventes!» de la capital.

bolo. Borracho.

checho. Consentido: ese niño está checho.

chibolón. Bola grande.

chinto. Sin roce social: ahí trabaja pura chinta.

devanar. Manchar la ropa de mugre: vienes todo devanado.

diantre. Expresión tabasqueña para decir «diablo»: ¡Diantre de niño!

emburujado. Arrugado o hecho bolas.

enchumbrado. Estar totalmente mojado.

freidera. Sartén.

guindar y desguindar. Se usa en lugar de «colgar»: ¡vete a guindar la ropa!; su antónimo es desguindar: ahora desguíndala, que va a llover.

invisible. Pasador para el cabello.

lía. Cuerda.

ligerito. Expresión usada cuando necesitas agilizar algo: ándate ligerito, que se nos hace tarde.

Algunos nombres propios de Tabasco:

Odila
Yara
Violeta
Lubia
Maseosare
Thelma
Porisetel
Orvelín
Taum
Teófano
Ronely
Elsy

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Karely Hernández no puede evitar hablar como una choca, odia las faltas de ortografía y corrige de manera compulsiva cualquier error que detecta. Es fanática del lenguaje, los libros, el buen vestir y de los momentos con la gente que ama.

  1. Bebida de maíz cocido con cacao molido y agua; se toma agrio, fresco, con canela y hasta con horchata. Resulta fundamental para los tabasqueños en la temporada de calor, y la tomaban los hombres que trabajaban en los campos para mitigar el hambre y la sed que producían las largas jornadas.
  2. Variedad de tamal hecha con maíz cocido, molido y revuelto con hojas de chipilín, que lleva carne y cabeza de cerdo, chile habanero en trocitos, manteca y se envuelven en hojas de tos; se hornean en tambos de metal.
  3. De Nacajuca, un municipio del estado de Tabasco.
  4. Agradecemos a Thelma del Río Priego y a América Romero, tabasqueñas ambas, sus generosas aportaciones lingüísticas este artículo.

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