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Palabras matapasiones y otras desgracias

Existen algunas palabras que, ya sea por su significado, su contexto o su sonido, pueden acabar con la pasión y arruinar un buen momento, por eso las llamamos «matapasiones».

A nosotros nos gustan las palabras, a algunos más que a otros y seguro nos gustan unas palabras más que otras. Nos gustan, pero también nos disgustan por lo que significan o por quién nos las dice.

Por ejemplo, las palabras que remiten a enfermedades o muerte, o simplemente a cosas desagradables como autopsia, forense, cadáver, cucaracha, catéter, vómito y heces fecales. Por otro lado, si una persona que consideramos desagradable nos dice «¡Qué buena estás, mamacita!», automáticamente nos sentimos insultados.

También hay palabras que son bonitas o feas simplemente por cómo suenan —la palabra azul suele gustarnos, mientras que la palabra rígido no tanto —ésa es la misma razón por la que nos gustan o nos disgustan ciertas lenguas, como el alemán, el holandés, el chino o el francés—. Además, muchas veces lo que nos suena mal nos remite a algo malo: tal es el caso de diarrea, enjuto, gonorrea, verruga y palabras por el estilo.

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Este artículo es sobre las palabras que no solamente son feas —por sus sonidos y/o significado—, sino de algunas que rebasan este punto, que intervienen en el momento menos adecuado, que interrumpen y detonan, que delatan y, por ende, matan cualquier pasión; por ello les hemos llamado «palabras matapasiones».

Son de ésas que te hacen parecer repulsivo y, muchas veces, rompen con el encanto. Es difícil decir si es por quién las dice, por cómo las dice o si son inevitablemente horribles. Podrá pensar el lector, y con razón, que esto es una ridiculez, pero sucede.

En el resultado de las palabras seleccionadas como finalistas en cuanto a su sonido, descubrí palabras con p, las terminadas en -ón , las que contienen doble rr y también las de terminación en -ete, pero la variedad es infinita y depende mucho del gusto fonético de cada quien. También están aquellas que son eufemismos de baja o mala reputación o que, simplemente, denotan cosas muy desagradables.

Mi selección es completamente arbitraria, pero estarán de acuerdo ustedes, queridos lectores, que, aunque palabras como razón y corazón se antojan tanto poderosas como poéticas, las palabras requesón, punzón o retortijón resultan poco agraciadas. ¿Será por lo que nos significan? Lo mismo pasa con palabras como: regurgitar, zorrajar, zurrar, seborrea y, mi favorita: berruga. Piensen en el cuadro: «Hola, mi amor; mira mi verruga». ¡Auxilio!

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La rr es más peligrosa de lo que nos podemos imaginar, no solamente por ser un fonema raro y complejo —muy de la lengua española—, sino porque puede deformar o echar a la borda cualquier palabra y, así, cualquier discurso, por profundo que sea. He de mencionar que, en uno de esos discursos sentimentales de secundaria —planeado la noche anterior—, que aún no le perdono a mi lengua —a la que tengo en la boca—, le dije al objeto de mi afecto: «¿Qué te sientes?, ¿qué crees que no me da corraje?». En ese momento, mi discurso, mi relación y, por supuesto, mi dignidad, se fueron al caño. Desde entonces prefiero decir me encabrona en lugar de me da coraje, no vaya a ser.

Regresando a verruga, no conforme con lo desafortunado de la palabra, hay un apellido que es Berruguete y también una calle en la zona de Virreyes —más rr— con ese nombre, lo mismo hay una calle de Tinaco y otra de Revillagigedo; todas suenan muy mal. Así, me pongo a pensar en la siguiente hipótesis. Una pareja que se conoce por Internet finalmente decide verse: «Paso por ti hoy, ¿cuál es tu dirección?», a lo que la otra persona responde: «Berruguete 400». Dígame usted, ¿qué se imagina que tendrá en la nariz la de la puerta 400?

Lo mismo 
pasa con otras
 palabras 
terminadas en -ete. La escena que plantearíamos sería la de una rubia hermosa con ojos extraordinarios y con senos perfectos que acaba de ser madre y le dice a su hombre: «Todo va muy bien, ahora estamos en la etapa del destete». ¿Destete? ¡Pero si lo que más nos gustaba era precisamente esa parte que ahora nos está mutilando verbalmente! Los hermosos senos se convirtieron en un par de mamas al servicio exclusivo de una criatura que se acaba de convertir en nuestro peor enemigo.

De este modo, nos podemos ir por palabras que, aunque no entran en las categorías planteadas, también corresponden al género matapasiones: goloso, mameluco, mamila, el nombre Torcuato, Japeto, Agripina, Escolástico o Ramiro. Y, si de nombres propios hablamos, no cabe duda que hay algunos que determinan al bautizado en cuestión y matan cualquier pasión aun antes de conocerlo: ¿quién podría decir que el licenciado Hipólito Barriga es un galán guapísimo?, ¿o la doctora Ermenegilda Gordillo?, ¿o las niñas Grisela y Anastasia Zurragoitia? Si a alguien le suenan bien es porque vivió en el siglo xix o porque conoció a alguien con ese nombre y de verdad estaba muy, pero muy guapo.

¡Imagínese en plena acción diciéndole al galán: «¡Así, así, Escolástico!» o «¡Vas bien, Torcuato!». Y aquí se me viene a la mente la anécdota que me inspiró este artículo y que podríamos llamar «La tía Marga tiene novio» o «De cómo el príncipe azul se fue al carajo». Ella, correctora de estilo y traductora; él, simplemente encantador. Una tarde, el hombre, en un arranque delirado de pasión y tratando de hacer uso del más apantallante vocabulario, le declara su amor con las siguientes palabras: «Si quiero tanto a tus hijos, ¡cuantimás a ti!». Ése fue el principio del fin.

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Por último, hablemos de los eufemismos que denotan la procedencia de nuestro interlocutor y que de alguna manera están emparentados con la ultracorrección.

Unos de ellos son aquellos que nos remiten a cosas escatológicas, pero que suenan peor que la palabra misma. En esta categoría tenemos encabezando la lista la palabra popó, seguida por zurrar, peerse, y de frases como «hacer del uno y del dos», «echarse un pun», etcétera, etcétera. Imagine a un galanazo que, entrado en confianza, comente: «Híjole, quiero hacer popó». Habiendo tantos sinónimos de esta escatológica palabra, ¿porqué no decir caca? Incluso sería preferible decir «Me estoy cagando», pero, ¿popó?

Bueno, podríamos seguir y seguir con palabras como éstas y otras por el estilo, pero ya tendremos oportunidad de hablar de ellas en otro artículo; mientras tanto, les pido tener siempre en mente que una palabra, una sola palabra, puede acabar con el respeto que inspiramos, con el encanto, con la pasión y hasta con el amor.

Texto publicado en Algarabía 23.

  • Felipe Campos

    Verruga o berruga Mariana estás en algarabia

  • Pingback: Mameluco()

  • Roger Gamez

    malo, muy malo.

  • Pingback: De pura lengua()

  • Jackie López

    La escritora tiene razón, su artículo mató mi pasión con una sola palabra, una sola palabra…

  • yo

    Excelente artículo, buena redacción para quien conoce del sentido del humor. Mala para los escritores frustrados cuya mente tiene a decir verdad, cuatro esquinas. Felicidades Mariana.

  • Guillermo T.

    Muy buen artículo y mejor aun cuando vi quién lo escribió. Lo pude leer mentalmente escuchándolo con su muy conocida e híper agradable voz. Muchas felicidades y, ¡saludos!

  • Wendy

    Y resulta que, después de leer un artículo de palabras matapasiones y otras desgracias, y encontrarse uno con “berruga -verruga – berruga”, el autor le mata la pasión de leer “Algarabía” a cualquiera!!!

  • Gustavo Villalobos

    Terrible artículo, mal redactado, aburrido (lo terminé por pura disciplina), el contenido está muy forzado; es una lástima, porque el tema da para mucho

  • Vet

    qué diantres es berruga?

  • Daniel Castelán

    Verruga (?)

  • Eduardo Be Be

    El peor artículo que he leído. Se nota que no tenían nada qué hacer y la nota tenía que salir porque tenía que salir. Lamentable.

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