Siglas, siglónimos y acrónimos con mala reputación histórica

La palabra nazi es un acrónimo que se convirtió en siglónimo que, a su vez, surgió de la contracción del Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán o Alemán de los Trabajadores), cuyas siglas eran NSDAP. Hasta aquí, una pausa.

Las siglas son las formas abreviadas con las que nos referimos a asociaciones, empresas, sistemas, etcétera, usando la letra inicial de cada palabra que compone el conjunto: ONU —Organización de las Naciones Unidas— ONG —Organización No Gubernamental—. La primera la podemos leer sin problemas [onu], pero la segunda se lee por deletreo [o-éne-gé]. Los dos casos son siglas, pero del primer caso se dice que es un acrónimo por el hecho de que se puede leer y no deletrear. Existe otro tipo de acrónimos cuya función es ésa: poder ser leídos, y para ello se utilizan otros elementos del conjunto, como en Conaculta —Consejo Nacional para la Cultura y las Artes—. Ahora bien, cuando las siglas o acrónimos se incorporan al lenguaje, es decir, se convierten en palabras comunes con género y número, se les da el nombre de siglónimos: sida (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida), hoy se puede construir como sustantivo «los sidosos», y, por el lado de los acrónimos, cadáver —sí, cadáver, de caro data vermibus, que significa «carne dada a los gusanos»— que lleva acento por ser palabra grave.

Pues bien, así tenemos que la palabra nazi es un siglónimo que surge de la contracción del Nationalsozialistische. En fin, siguiendo con las reglas ya mencionadas, le toca el turno a Gestapo –Policía Secreta del Estado–, que es el acrónimo de Geheime Staatspolizei. Y a las siglas SS — , símbolo que se tomó del alfabeto rúnico que era con el que se escribían las lenguas germánicas— así, el brazo fuerte del Tercer Reich, toma por nombre Schutzstaffel –escuadras de defensa–. Por un lado estaban las Waffen-SS, que constituían la parte armada –paramilitares–, y las Allgemeine-SS ¬–generales o universales¬– que se encargaban de la parte política y de la organización.

Antes de desviarme hacia otros temas, quede hasta aquí resuelto el tema de las siglas.


Rodrigo Velázquez Moreno navega todos los días por la inmensidad de las letras en busca del temible pez errata o el dedazo de mar. Persigue sin descanso a la horrible redundancia marina, al pavoroso barbarismo de las profundidades, sin omitir, claro está, a la burrada de los mil tentáculos. Así, Rodrigo sueña, entre marejadas de textos, con algún día pescar una impropiedad tan gorda que le valga el reconocimiento económico suficiente para ya no tener que arriesgar el pellejo de forma tan ruin y despiadada.