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Frijolidades de la palabra II

Los hablantes de una lengua la usan y la hacen suya y, a veces por ignorancia o confusión auditiva y otras por la pretensión de parecer cultos o informados, suelen interpretar una palabra como proveniente de otra.

Esto se conoce como etimología popular; es decir, la interpretación espontánea, y hasta cierto punto insolente, de una palabra, relacionándola con otra palabra o raíz, un fenómeno que decidimos llamar frijolidad.

¿Te perdiste la primera parte? Consúltala aquí.

El resultado de esta confusión muchas veces es el humorismo involuntario, un nuevo vocablo que nos produce hilaridad. Por ello sentí la obligación de compartir estos casos —todos auténticos— de etimología popular. La mayoría de ellos fueron oídos «por mis propios oídos» y los otros fueron aportados por fuentes más que fidedignas.

  • Trabajó conmigo un mensajero que, al poner una cortina, se encajó una astilla y, ante mi alarma, resignado, comentó: «...ni modo, jefe, ¡son los gases del oficio!».
  • Otro día, circulando por la salida hacia Toluca, el mismo sujeto advirtió un letrero de lo que entonces era la Secretaría de Ganadería que decía «Banco de semen congelado», y me preguntó: «Oiga, ¿eso es para ganado o para personas?», yo le contesté, riéndome, «¿Tú qué crees?», a lo que él, muy indignado, añadió, «¿Qué?, ¿a poco no hay bebés de profeta?».

Así, la versión auténtica de una palabra que «no le dice nada» al hablante es sustituida por una nueva palabra que se cree que es la correcta, como los famosos casos de: mondarina en lugar de mandarina —por el verbo mondar—, andalias en lugar de sandalias —por el verbo andar— o de San Juán en lugar de zaguán.

Otros casos más del mismo autor:

—¿Por qué te tardaste tanto?
—Es que el cuate ése no me hacía caso.
—¿Estaba muy ocupado?
—No, nada más estaba ahí, palpando moscas.

  • Al subir y bajar una escalera por frascos de acrílico de color que le pedía, me sugirió, muy agitado: «¿Por qué no me da una lista de una vez? ¡De tanto subir y bajar, me va a dar un parto cardíaco!»
  • Y también está el caso de la secretaria de una agencia de publicidad, que, al pedirle que escribiera un memorándum en el que debía solicitarle a un cliente «Favor de enviar, para fotografía, una llanta seccionada», escribió en su lugar: «Favor de enviar, para fotografía, una llanta sexy o nada».

A veces el error tiene una cierta lógica de origen o de cruce semántico, como en estos casos:

  • Una empleada doméstica que preguntaba: «¿Le tiendo la cama con el enrredón?».
  • La señora chismosa que le asegura a su igualmente chismosa comadre: «Me lo contaron con lujuria de detalles».
  • El chofer que comentaba, preocupado: «Se veía muy mal. Traía un rostro calavérico».
  • El dependiente de una tlapalería: «¿Va a querer el IVA deshuesado?».

El humorismo involuntario está siempre presente y nos sale al encuentro del modo más inesperado. Encontrar la veta de la sonrisa solamente requiere de atención en lo que se oye o se lee. Las pepitas de oro de estos tropiezos verbales salen cotidianamente y su brillo de carcajada nos refresca la existencia. Hay que aprovecharlos para producir endorfinas. Lo demás, como dijera el hermano de una conocida mía, «son frijolidades de la vida».


Dante Escalante Mendiola es diseñador gráfico egresado de la UAM Azcapotzalco, especializado en ilustración. Es un algarabiadicto confeso e incurable. Cuando no está custodiando celosamente una Algarabía, observa y aprecia el humorismo involuntario de la vida.

  • Maria Elena Carmona

    Pues nada, que nuestra empleada doméstica nos hizo el día cuando nos advirtió que los que tocaron el timbre fueron los “testículos de Jehová” o que operaron a su yerno de los “tentáculos”… morimos de risa, pero se le explicó cada uno de los errores y qué era lo correcto.

  • Jesus Morgade

    Lo peor, considero yo, es que cada vez es más común escuchar este tipo de errores, no solo entre personas poco letradas, sino en quienes, se supone, han tenido oportunidad de cursar alguna carrera universitaria, como en el caso de los comunicadores; he escuchado en algunos reporteros “lo cual se ignifica” en lugar de significa, sin hablar de la forma tan falta de estructura con que se usan las preposiciones y los adverbios. Entiendo que una lengua debe evolucionar. De lo que no estoy seguro es que este tipo de situaciones se consideren evolución o devaluación.

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