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Estrúdel, caracol o cola de mono

Estuvo a punto de morir, pero un día cobró nueva vida y hoy es un elemento infalible de la comunicación por la vía informática. De hecho, podemos considerarla como una resucitada, aunque no falta quien crea que es, más bien, una recién nacida. Hablo de la «@», grafía de tan vetusta existencia como el latín clásico.

génesis@delsigno

En realidad, hay varias teorías acerca de la génesis de este signo; una señala que la @ se forma por la fusión de la a y de la d, que representaba la antigua preposición latina ad: «a», «hacia», «en», «hasta», «sobre» y «cerca». La transformación pudo ser, más o menos, como sigue:

La palabra hecha un solo signo resultó muy conveniente para indicar el valor de las mercancías; de esta forma, se podía decir que un kilo de manzanas costaba, por ponerlo en términos actuales, $15.00, bajo la siguiente forma @$15.00 kg —a 15 pesos el kilo—, fórmula que fue acuñada en el siglo xvi por los venecianos, mercaderes de arraigada tradición que, por este medio, dieron un nuevo uso a la grafía «@». Además, en la misma centuria aparece este símbolo con igual vigor en la Península Ibérica, particularmente en Andalucía, aunque ahí era utilizada como unidad de peso —masa—. Ya entonces era conocida como arroba, del árabe arrúb’: «cuarta parte».1 Actualmente, arroba es la palabra de origen árabe más usada en español. ¿Cuarta parte de qué? De un quintal, que eran 46 kilos, aproximadamente; es decir, en nuestro sistema métrico decimal, una arroba equivaldría a unos 11.5 kilogramos.

La palabra arroba —del árabe arrúb’— significa «cuarta parte» de un quintal.

Ahora bien, tanto el valor comercial como el de unidad de peso —diferentes entre sí— hicieron que la @ se volviera una grafía muy popular entre los mercaderes de los siglos xvi al xviii. De hecho, todos los inventarios de bienes de los viajes transatlánticos la consignaban, lo mismo si se trataba de colonias españolas, portuguesas o inglesas.

nuevouso@delsigno

Con el tiempo, el sentido original se fue perdiendo, y su grafía fue una extraña entre las letras y símbolos de uso común en el siglo xix, hasta que, con la implantación del sistema métrico decimal por la Conferencia de Pesos y Medidas en París, en 1889, le fue dictada sentencia de muerte por desuso. Pero sus días no estarían contados; al contrario: en 1971, Ray Tomlinson, un programador de computadoras de Cambridge, Massachusetts, de tan sólo 30 años, tuvo a bien inventar el correo electrónico, el que, como buen sistema de correspondencia, se basa en un esquema de identificación por nombre del destinatario y dirección. Sin embargo, Tomlinson necesitaba de un signo único que separara estos dos elementos para que, cuando se enviaran y recibieran mensajes, no se confundieran ambos datos. Entonces sucedió: desde una computadora Digital PDP-10 —que tenía el tamaño de un refrigerador— fue enviado el primer correo electrónico con la firma tomlinson@bbn-tenexa, con lo que @ significó, de nuevo, ese ad del latín —at, en inglés, por reminiscencia del uso comercial: 10 gal @$3.95 (10 galones a 3.95).

otrosnombres@delsigno

En español conservamos la denominación arroba, herencia mozárabe embarcada en un puerto andaluz, pero no en todas las lenguas pasa lo mismo; en otros idiomas se utilizan expresiones mucho más descriptivas, algunas de las cuales hacen referencia a la forma del signo. A continuación, le mostramos algunos ejemplos:

fin@delartículo

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