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Del oxímoron

En una poesía llamada «Rostro de vos», Benedetti, lúcido, garabatea: «Tengo una soledad tan concurrida…». ¿Cómo se puede estar solo y, al mismo tiempo, colmado de presencias?

A este fenómeno se le conoce con el nombre de oxímoron y es una figura retórica, es decir, pertenece a un grupo de recursos discursivos, figuras de significación o tropos —antítesis, antonomasia, comparación o símil, concepto, eufemismo, hipérbole y lítotes, ironía, metáfora, metonimia y sinécdoque, paradoja, personificación, sinestesia, entre muchos otros— utilizados para enfatizar una idea o algún sentimiento determinado, ocasionado por la desviación constante del hablante o escritor, para dar un orden o sentido a la palabra o palabras en un discurso.

«Déjame en paz, pacífico furioso, villano hidalgo, tímido arrogante, cuerdo loco, filósofo ignorante, ciego lince, seguro cauteloso.»

Lope de Vega

Después de esto ya nos podemos ocupar de la etimología. Oxímoron proviene del griego: οξυς /oxýs/, «agudo», y μωρον /móron/, «estúpido», que se traduciría como «estupidez aguda». En el DRAE se puede encontrar la siguiente definición: «Combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; por ejemplo, «un silencio atronador»; mientras que en la Enciclopedia Espasa lo hallamos así: «Figura que consiste en ocultar un agudo sarcasmo bajo un aparente absurdo».

Podemos afirmar que el oxímoron es una especie de contradicción que da paso a una palabra nueva, por lo que al final ya no es tan contradictoria. Un ejemplo sería la palabra agridulce.

Para conocer más ejemplos de oxímoron, no olvides consultar nuestra Algarabía 35.


Ilustración: Rubén Maya

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