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De dónde viene

Hay muchísimas frases y palabras cuyo origen desconocemos. Por ello, en Algarabía tenemos una sección llamada DE DÓNDE VIENE, en la que les contamos la procedencia de varios conceptos que seguido usamos.

Presentamos una selección de algunos:

Candidato (Algarabía 36)

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Foto: Abel Quezada, ¡Adiós, tapadísimo, adiós!, 1975

Los romanos pensaban que quien se ofrecía para ocupar un cargo público debía tener una trayectoria limpia, por lo que hacían que vistiera una túnica blanca, llamada cándida, que ostentaban para manifestar la pureza y honradez que se podía esperar de ellos.

De candida han derivado palabras como candela, cándido, candelabro, candente, incandescente y, por supuesto, candidato, que provienen de la raíz indoeuropea kand- o kend-, «brillar». Y aunque en la lengua de los césares candor significaba «blancura deslumbrante», en español se mantuvo con otro sentido que también tenía en latín: «sinceridad, sencillez y pureza de ánimo». De hecho, ninguna definición de candidus llegó a nuestra lengua con la alusión directa al color blanco y aunque usamos candente, por ejemplo, para referirnos a algo sumamente caliente, apunta específicamente a aquello que se «blanquea» por efecto del calor.

Por su parte, candela es «vela» y se le llamó así por el efecto del brillo que proviene del calor de la flama. Lo mismo sucede con cándido, «blanco», e incandescente, «blanqueado por la acción del calor».

Aunque la palabra candidato hoy es sumamente conocida por los hispanohablantes, no lo era antes de la segunda mitad del siglo xviii, como lo comprueba el Diccionario de autoridades —primera edición del drae (1729)—, que decía: «El que pretende y aspira o solicita conseguir alguna dignidad, cargo o empleo público honorífico. Es voz puramente latina y de rarísimo uso».

Guarura (Algarabía 49)

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Foto: Quino

Sustantivo masculino. Para los francoparlantes es gorille —«guardia personal, gorila»—, para los anglosajones es bodyguard, para los hispanohablantes, como bien dice Carlos Bonfil,1 Carlos Bonfil, «El custodio», La Jornada, 14 de noviembre de 2007. es custodio y guardaespaldas, aunque los mexicanos usamos —más de lo que cree— el término guarura.

Pero, cuando hablamos de guarura no sólo nos referimos al subalterno que protege y cuida a su jefe o a la familia de éste, sino que posee una connotación que bien hace notar el Diccionario del español usual en México: guarura es «el individuo fuerte, prepotente y de armas tomar, encargado de proteger a una persona, en particular a algún político o algún empresario poderoso».

La pregunta es: ¿cómo nos hicimos de ese vocablo tan particular? La respuesta nos la dio el filólogo Arrigo Coen Anitúa, al contar la anécdota sobre el inicio de su uso y difusión, que ocurrió en la zona tarahumara —donde hablan una lengua del grupo de las yutoaztecas, actualmente usada por alrededor de 90 mil personas—: «Visitaba un presidente de la República una de las comunidades tarahumaras, por lo que, cuando las autoridades indígenas le presentaron sus respetos, lo hicieron con estas palabras: “Sed bienvenidos, tú y los demás wa'ruras que te acompañan”, lo que era una clara referencia hacia el régimen social tarahumara, donde las comunidades eran representadas por una especie de senado —o consejo de ancianos— [cuyos miembros son] conocidos como “los grandes” que, dicho en tarahumara, es wa'rura o wa'rubera ».2 Arrigo Coen Anitúa, «¡Aguas con los guaruras!», en Correo del maestro 138, noviembre 2007

Lo que ignoraban las autoridades indígenas que saludaban al primer mandatario era que sus acompañantes pertenecían a su escolta personal, los que, a partir de entonces, se quedaron con este mote, que se hizo extensivo a quienes realizan dicha actividad.

Kermés (Algarabía 53)

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Sustantivo femenino. Kermés procede del francés kermesse, y ésta, del neerlandés medio kercmisse —formada por kerk, «iglesia», y miss, «misa»—, que denomina una fiesta popular al aire libre que se celebraba en Flandes en los días de carnaval. En neerlandés actual a esta verbena se le llama kermis.

En el siglo xx, el vocablo fue retomado para designar fiestas parroquiales celebradas con el fin de recaudar fondos para el sostén de un templo religioso. Sin embargo, hacia el final de esa centuria y principios de la xxi, esta festividad adquirió un carácter laico, y el nombre se aplicó a cualquier fiesta pública.

Antología (Algarabía 61)

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Del griego ανθολογια, antología, de ανθος, ántos, ‘flor’, y λέγειν, légein, ‘recoger’; de ahí que signifique «recoger flores». El término se acuñó en Grecia, en el siglo i a.C., cuando Meleagro de Gadara llamó antología —que equivaldría a «ramillete de flores» o «guirnalda de flores»—, a una recopilación de composiciones poéticas actualmente conocidas como epigramas —es decir, versos cortos que, con precisión y agudeza, expresan un solo pensamiento, comúnmente festivo o satírico.

En sus inicios, antología sólo se refería a recopilaciones poéticas, pero con el transcurso de los siglos llegó a convertirse —según el drae— en una «colección de piezas escogidas de literatura, música, etcétera». Y este etcétera incluye desde cuentos, canciones, frases y recetas de cocina, hasta otras más sutiles, de valor sentimental.

Si hoy se pueden «antologar» dolores, se debe a que la palabra antología, de significar un lindo pero simple florilegio, se convirtió en sinónimo de recopilación, selección o colección; hoy es el acto de compilar aquello digno de ser destacado.

Ya me cargó el payaso (Algarabía 78)

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Cuando un mexicano dice «ya me cargó el payaso», está indicando que muy pronto le irá mal, muy mal, que está amolado o muy jodido; la frase puede llegar al extremo de indicar que cuando a alguien «se lo cargó el payaso», es que se murió —o lo mataron.

Aunque muchos se empeñan en asegurar que esta expresión proviene de la terrorífica novela Eso, de Stephen King —y de su famosa adaptación cinematográfica—, en la que un demoniaco payaso acosa a un grupo de niños, otra leyenda urbana habla de un Ronald McDonald de plástico que se mueve inesperadamente para matar de un infarto a quienes se le acercan. Pero el origen más probable del enunciado es mucho menos oscuro y monstruoso: un personaje imprescindible en los rodeos —además de los toros y los caballos, claro— es el payaso, que es un hombre encargado de distraer al animal para que no le haga daño al vaquero que ha hecho suertes con él. El payaso de rodeo se maquilla de acuerdo con su personaje y usa pañuelos de colores en la cintura para atraer al novillo. En ocasiones, el pobre vaquero ya ha sido arrastrado por el toro y está tan lastimado que no se puede ni mover; entonces, el payaso entra al ruedo y lo carga para sacarlo de ahí. Literalmente, «lo carga el payaso».

Si quieres conocer el origen de palabras como utopía, gato encerrado, bigote, vampiro, bizarro, bárbaro y muchas más, lee De dónde viene de la Algarabía de cada mes, y si quieres revistas pasadas, las encuentras en Algarabía shoppe

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