Ideas

Nombres de estrellas y constelaciones

Los nombres de los astros se deben a la observación y simple unión de los puntos del manto estelar, con algunas gotas de imaginación.

El día pertenece al Sol, astro soberano del firmamento que desde su trono brilla con todo su esplendor, cubriendo de luz sus dominios. una
 vez concluida la jornada, se marcha para iluminar otras latitudes. En su ausencia, los cielos se visten de negro y la Luna toma su puesto como emperatriz de la noche. Pero como la reina parece gustar de la buena compañía, todas las noches son de juerga. Es así como transcurre en la corte un deslumbrante desfile de singulares personajes que transforman la bóveda celeste en una verdadera pista de baile.

Es un hecho que a los humanos nos gusta eso de crear historias; lo hacíamos en el pasado y seguimos haciéndolo aún, usando el ingenio y la fantasía.

Estrellita dime tú

Ptolomeo fue el primero en catalogar los cuerpos celestes
 en el Almagesto, que enlistaba 48 constelaciones. A medida que la astronomía fue progresando, la necesidad de una clasificación más sistemática y funcional se presentó; así, las constelaciones se designaron con un nombre propio o una palabra en latín, mientras que la nomenclatura de las estrellas proviene principalmente del árabe y, en menor medida, del griego y latín.

Fue hasta el siglo xvii cuando Johann Bayer, en su atlas celestial Uranometria, las clasificó por su magnitud aparente1 O sea, por el brillo aparente que tienen las estrellas vistas desde la Tierra «a simple vista», es decir, la cantidad de luz que recibimos de ellas., asignándoles una letra del alfabeto griego —α, «alfa», a la de mayor magnitud; después β, «beta», y así sucesivamente— seguida del nombre latino —en genitivo— de la constelación a la que pertenece.

Alfa Centauri —α Cen o α Centauri— es un buen ejemplo de esta denominación.


El británico John Flamsteed elaboró un siglo después una clasificación similar —utilizando números en vez de letras griegas— que actualmente se usa cuando alguna estrella no está registrada en la denominación de Bayer. Pero, desde 1919, la Unión Astronómica Internacional es la encargada de bautizar a los cuerpos celestes. Conozcamos un poco más sobre algunas de estas agrupaciones estelares:

Orión. Del lat. Or ̄ıo ̄n. Es, probablemente, la constelación más famosa y destacada del cielo nocturno. Orión era un gigante, hijo
 de Poseidón y Euríale. Se jactaba de ser el mejor cazador y aseguraba que era capaz de
 matar a cualquier bestia que le pusieran enfrente. La Tierra, indignada, se sacudió y, de una grieta, lanzó un enorme escorpión que dio muerte al gigante. Ambos fueron transformados en constelación y colocados en lugares opuestos de la bóveda celeste.

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Osa Mayor y Osa Menor. Del lat. Ursa Major y Ursa Minor. Cuenta una leyenda que Calisto, una 
ninfa del cortejo de Artemisa, a quien juró voto de castidad, fue seducida por
Zeus y resultó preñada. Artemisa, al
 percatarse de la deshonra, la corrió de su corte. Cuando Calisto dio a luz a su hijo Arcas, Hera —la mujer de Zeus—, escandalizada por la infidelidad de su cónyuge, transformó a la ninfa en osa y la condenó a deambular por los bosques y a ser perseguida por cazadores.

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Algunos años después, Arcas, convertido en rey, se topó con su madre en una cacería. Se dice que ella trató de abrazarlo y él, creyéndose en peligro, le disparó, sin saber que se trataba de su progenitora. Zeus decidió entonces colocar
a ambos en el cielo como las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor.

Polaris. Del lat. po ̆lus, «polo». Siempre la encontrará al centro de la pista.2 En el hemisferio norte. Se le conoce comúnmente como «la estrella del norte», por su ubicación cercana al polo norte celestial. Es la estrella más brillante en la constelación de la Osa Menor y ha sido un punto de referencia para la navegación desde la antigüedad.

Centauro. Del lat. centaurus. Los centauros eran bestias míticas, mitad hombre, mitad caballo; una raza un tanto salvaje y hostil. Esta constelación hace honor a Quirón, quien se distinguió del resto por ser sabio, culto y educado. Tras ser alcanzado accidentalmente por una flecha de Heracles, Zeus advirtió su sufrimiento y lo plasmó entre las estrellas.

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Can Mayor y Can Menor. Del lat. ca ̆nis, «perro». Arato se refería a ambas como los perros guardianes de Orión. Supuestamente, el can mayor era un animal tan veloz que ninguna presa se le escapaba.

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Sirio. Del lat. S ̄ır ̆ıus, «abrasador». Es la estrella de la canícula y ninguna otra brilla como ella en el cielo nocturno.

Zodiaco, el. 
Del lat . z o ̄ d ̆ı a ̆ c u s, 
adjetivo que denota que
 una figura ha sido labrada o 
esculpida.

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Los griegos lo dividieron en doce estaciones, cada una simbolizada por una figura: Aries —el carnero—, Tauro —el toro—, Géminis —los gemelos—, Cáncer —el cangrejo—, Leo —el león—, Virgo —la virgen o la doncella—, Libra —la balanza—, Escorpión —el escorpión—, Sagitario —el arquero—, Capricornio
—la cabra-pez—, Acuario —el aguador o inspector de las aguas— y Piscis —los peces—.

Al camino celeste aparente
 del Sol a lo largo del año se le llama Zodiaco.

Entre las doce constelaciones se distinguen unos cuantos astros:

Aldebarán. —α Tau, α Tauri— Del árabe al-dabaran, «el seguidor» —de las Pléyades—. A lo largo de cada noche, Aldebarán persigue por toda la esfera celeste a las Pléyades. Esta estrella es más conocida por ser la representación del «ojo del toro»

Pléyades, las. Del lat. Pl ̄e ̆ıa ̆des. Alcíone, Astérope, Celeno, Electra, Maya, Mérope y Táigete constituyen el grupo de las siete hijas de Atlante y Pléyone. El gigante Orión se enamoró de ellas —y de su mamá también— y las persiguió por toda Beocia, pero Zeus se apiadó de todas ellas y las convirtió en estrellas. Se les consideraba importantes para la agricultura y la navegación, pues el ocaso de este cúmulo de estrellas daba inicio al invierno y su nacimiento, a la primavera.

Antares —α Sco, α Scorpii—, «anti-Ares u opuesto a Ares». Este gigante luminoso
 es mucho más grande que el mismísimo Sol y se llama así porque rivaliza en el cielo con Marte —Ares para los griegos— debido a su color rojizo.

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