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Las cochinadas más cochinas

Tal vez le sorprenda el título de este artículo y me tilde de escatológico, pero este texto tan sólo trata de contribuir a la rendición de cuentas orgánicas que todos hacemos o, lo que es lo mismo, de nuestras cochinadas: todo aquello que nuestro cuerpo necesita hacer —o deshacer— para sobrevivir.

A continuación, ofrecemos toda una descripción de eso que llamamos cochinadas, que, si tuvieran otra acepción, sin duda serían catalogadas como «placeres corporales».

La caca

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Cuando se es niño nada mejor que la palabra caca para hacernos reír, y no solamente porque es chistosa, sino también por todo aquello con lo que la asociamos. La caca no es más que el producto de nuestra digestión, pues, como todo ser vivo, el ser humano necesita de energía para moverse, la cual obtiene de los alimentos que, al ser tragados y luego digeridos, pasan a los intestinos para distribuir los nutrientes por todo el cuerpo. Lo que sobra va a dar al recto, y luego, al excusado. Pero la caca siempre es identificada como algo sumamente desagradable, tanto que sólo podemos soportar la propia —en el mejor de los casos.

La orina

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El otro desecho corporal multiafamado es la orina, que, aunque usted no lo crea, en tiempos de los romanos se usaba para lavarse los dientes. En la actualidad dicen que ayuda a quitar las manchas de las telas o la piel y que limpia el organismo si se bebe como tónico. Lo cierto es que hacer pipí suele ser común y cotidiano. A diferencia de la caca, ésta no contiene un número elevado de bacterias, ya que es estéril, por eso hasta se puede beber. Para constatarlo basta leer la biografía de Gandhi, quien tomaba su propia orina al despertar.

Los pedos

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Un amigo inseparable de estos dos desechos es el pedo o, más bien, su plural: los pedos, flatulencias, aires, plumas, «punes» o como le quiera llamar a ese suspiro ligero que sale por el agujero trasero y que trae consigo un tremendo olor. Un pedo es producido por el estómago a causa del exceso de gas en los alimentos —como algunas semillas— y los refrescos gasificados, o debido al aire que entra al esófago a la hora de alimentarse. Existen unos pequeños y asiduos colaboradores del pedo, que son conocidos como los mayores productores de aire: los frijoles, una verdadera máquina de plumas y resonancias que, al fermentarse en el intestino, producen más metano que todos los alimentos que consumimos. Las alubias, el brócoli, la col y el pan blanco también ayudan considerablemente —ni qué decir de la combinación de palomitas y coca en el cine.

¿Te dieron ganas... de leer más? Entonces consulta nuestra Algarabía 34.

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