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Las amazonas

Cuando en 1994 la arqueóloga Janine Davis-Kimball y su equipo encontraron en Pokrovka —en el actual Kirguistán— tumbas con esqueletos de mujeres que habían sido enterradas con sus armas, fueron muchos los que inevitablemente pensaron en las míticas amazonas.

A pesar de las evidencias, no podían lanzarse las campanas al vuelo, pues los tumultos inspeccionados no se hallaban dentro del territorio en el que Herodoto —484-429 a.C.— las ubicó. Lo más importante del hallazgo, era que probaba la existencia de mujeres guerreras más allá de la imaginación de los griegos.

¿Qué es una «eortpata»?

Herodoto contaba acerca de un ejército de féminas luchadoras a las que sus vecinos, los escitas,1 Perteneciente a la región de Escitia, región de la antigua Europa, entre el Danubio, el mar Negro, el Cáucaso y el Volga. llamaban «asesinas de hombres» —eortpata, en su lengua—. Finalmente, acabaron viviendo con ellos en la desembocadura del río Tánais —actual río Don—, muy cerca de la frontera con Kazajistán, tras su derrota con los griegos. El historiador hablaba de ellas como de expertas jinetes que, además, eran guerreras y madres que abandonaban a sus vástagos varones. Aunque desde el siglo v a.C., este autor griego ha gozado apenas de credibilidad, no han faltado los expertos que intentan demostrar que la existencia de aquellas belicosas féminas iba más allá de la leyenda, buscando su origen en algún matriarcado de jinetes esteparios. Pero las amazonas ya eran leyenda mucho antes de que Herodoto hablase de ellas.

Homero habla de antianeiras —«las que luchan como varones»— mientras que Herodoto las denominó androktones—«asesinas de varones».

Según la mitología griega, las amazonas eran descendientes de Ares, dios de la guerra, y adoraban a Artemisa, la diosa virgen de la caza. Vivían en Asia Menor, cerca de la costa del mar Negro. Allí constituyeron un reino independiente con capital en Temiscira, junto al río Termodonte. Y, aunque a priori parece complicado delimitar su hábitat, lo que resulta evidente es que para los griegos simplemente vivían, como el resto de los pueblos bárbaros, en los confines del mundo conocido.

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Batalla de amazonas

De literatura y otros mitos

El primer héroe —de época prehomérica— que se enfrentó a ellas fue el forzudo Heracles —el Hércules romano. Como castigo por haber matado a su esposa e hijos, se le habían impuesto los llamados doce trabajos, el noveno de los cuales era apoderarse del cinturón mágico de la reina Hipólita, misión que logró tras matarla. Más tarde, le tocó el turno a otro valeroso héroe, Teseo, el célebre rey ateniense. Éste, en una de sus expediciones, raptó a otra de las soberanas de las amazonas, Antíope, a la que más tarde abandonó por Fedra. Como venganza ante tal agravio, las amazonas invadieron la ciudad de Atenas.

También en la Ilíada se les recuerda. Según Homero, fueron expulsadas de la región de Anatolia por Príamo, rey de Troya; y aunque Pentesilea, la última reina amazona que recogen los relatos atenienses aparece en esta ciudad —a la que las guerreras acudieron para defenderla de los griegos—, Aquiles se enfrentó a ella y logró vencerla al clavarle una lanza en el pecho. Pero, en aquel mismo instante, se enamoró y acabó derramando lágrimas sobre su cuerpo agonizante. O por lo menos así lo describiría Pausanias en el siglo ii d.C.

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Exequias, Aquiles mata a Pentesilea / Ánfora de figuras negras, 540-530 a.C.

Tras la supuesta unión de escitas y amazonas, es donde ficción y realidad empiezan a confundirse.

La pervivencia del mito

En sepulturas escitas han aparecido vestigios de guerreras. En uno de los túmulos de Kobiakov, se halló el esqueleto de una sármata. Yacía junto a valiosas joyas, un hacha y las riendas de un caballo. Estos elementos prueban que era alguien importante, acaso una princesa y, lo que es más interesante, que era guerrera.

En los océanos de hierba que rodean al mar Negro puede que también cabalgasen, mucho tiempo atrás, las temibles amazonas, las señoras de las estepas. Conectar mito y realidad no resulta nada fácil, y aún quedan muchos agujeros negros por aclarar, tan negros como el mar que vio nacer a esas guerreras. Si bien hasta el momento son pocos los hechos precisos que acreditan su existencia, la historia de las amazonas sigue siendo real, al menos en el imaginario colectivo.

Conoce más sobre las amazonas en Algarabía 51 y saca tus propias conclusiones.

Laura Manzanera es periodista, escritora catalana y la jefa de redacción de la revista Clío. Este artículo está tomado de «Amazonas», Clío, revista de historia 40, febrero 2005, pp. 36-42.


Referencias

  1. Perteneciente a la región de Escitia, región de la antigua Europa, entre el Danubio, el mar Negro, el Cáucaso y el Volga.

Encabezado: Sarcófago de mármol, ca. 160–170.

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