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La pareidolia

Es bonito mirar al cielo y encontrar en las nubes figuras amigables que irremediablemente nos remiten a nuestra niñez. Otras veces, sobresale la nota curiosa de la aparición «milagrosa» de imágenes religiosas en objetos cotidianos.

Estos dos fenómenos en realidad son manifestaciones de lo mismo, un proceso cognitivo que recibe el nombre de pareidolia.

Llamamos pareidolia a la experiencia por la que percibimos estímulos vagos y muchas veces aleatorios como si tuvieran un significado. Por lo general el fenómeno se relaciona con imágenes, aunque también existe con sonidos. El término proviene de las raíces griegas παρ /par/, prefijo que significa «paralelo o junto a», y ειδωλον /eidoolon/, «forma, semejanza o imagen», y que se traduce como «paralelo a lo semejante».

Quizá el ejemplo más famoso es la Luna, donde muchos dicen ver un conejo. Otro ejemplo, esta vez más perturbador, está en la superficie de Marte, donde la meseta de Cydonia parece representar un rostro humano.

Otro caso sobresaliente está en ciertas imágenes del 11 de septiembre del 2001, donde algunas personas ven figuras demoníacas en el humo de las Torres Gemelas.

Algunas imágenes que tienen cargas significativas graciosas, están en los objetos inanimados que tendemos a interpretar como rostros con emociones muy precisas.

Para conocer más sobre este tema, lee “La pareidolia” de Fabio Germán Cupul Magaña en Algarabía 39.

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