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«Felis», el gato. Cómo clasificamos a las especies

Por taxonomía se entienden dos cosas: la clasificación jerárquica de las cosas y los principios en que se basa esta clasificación. La palabra taxonomía proviene de los vocablos griegos ταξις /táxis/, ‘ordenación’, y νομος /nómos/, ‘ley’. Su acepción más común es la de: ‘ciencia que estudia la clasificación de los seres vivos’, aunque casi cualquier cosa —objetos animados o inanimados, lugares o eventos— puede ser ordenada mediante un esquema taxonómico.

Matemáticamente, estos esquemas son estructuras en forma de árbol en las que se clasifica una serie dada de números; aunque, de acuerdo con la epistemología de Kant, la mente también organiza el conocimiento en dichos esquemas, de ahí que haya antropólogos, sociólogos e historiadores que han clasificado, también, sistemas culturales y sociales taxonómicamente.

La clasificación de los seres vivos fue inaugurada por Aristóteles de Estagira1 No es coincidencia que Aristóteles también sea el padre de la Lógica, ciencia que estudia las formas y estructuras del pensamiento. (384-322 a.C.), quien, durante toda su vida, observó y clasificó a más de 500 animales. Pero no sólo se conformó con observarlos y describirlos, sino que, siguiendo un orden lógico, los clasificó en grupos y clases de las más simples a las más complejas. Él notó que no todos los animales pertenecían a la clase a la que más se parecían; por ejemplo, el delfín podía ser clasificado con los peces, ya que habitaba en el agua y tenía forma de pez, pero observó que respiraba aire, paría y amamantaba a sus crías, como los cuadrúpedos en tierra, así que lo incluyó entre los mamíferos.

Irónicamente, los naturalistas posteriores ignoraron estas conclusiones —acertadas—, mientras que las teorías aristotélicas sobre las ciencias físicas —erróneas— influyeron en los científicos por siglos; y es que, como sentenció Asimov: «Aristóteles parecía predestinado a ser creído cuando se equivocaba y descreído cuando tenía razón».2 Isaac Asimov, Grandes ideas de la ciencia; Madrid: Alianza, 2001; p. 98.

No fue sino hasta el siglo xvi cuando los naturalistas comenzaron a hacer clasificaciones mediante patrones lógicos. Desde 1667 hasta 1702, el inglés John Ray (1627-1705) publicó varios libros que contenían clasificaciones meticulosas de flora y fauna —las más importantes desde el sabio griego— que hizo durante sus numerosos viajes por Europa.

El siguiente y gigantesco paso lo dio el científico sueco Carl von Linné (1707-1778) —mejor conocido como Carlos Linneo—, con la publicación de su Systema Naturae (1735). En ésta, su más célebre e importante obra, clasificó y enlistó a distintas criaturas según un sistema de su invención. En él describía claramente cada clase o «especie» de planta y animal, agrupaba luego cada colección de especies similares en un género y daba finalmente a cada tipo de planta o animal dos nombres latinos: el del género y el de la especie, lo que se conoce como «nomenclatura binaria». Por ejemplo, el gato y el león son dos especies muy parecidas, aunque uno sea más grande y feroz, por lo que pertenecen al mismo género: Felis ‘gato’ en latín. El segundo nombre latino, el de la especie, diferencia a los dos animales, siendo el león: Felis leo,3 Los nombres científicos se escriben siempre en itálicas y el primero con mayúscula. y el gato: Felis domesticus,4 Tiempo después, esta clasificación se hizo más específica: el león pasó al género Panthera, «grandes gatos», y se volvió el Panthera leo, mientras que el gato común pasó a ser el Felis silvestris catus —el último término señala la subespecie. de la misma forma en que dos hermanos tienen un apellido común y nombres de pila diferentes.

La labor de Linneo creó un idioma universal para los naturalistas, quienes, sin importar su nacionalidad o lengua materna, sabían que el Canis lupus era el lobo gris europeo y el Canis occidentalis el lobo americano, lo que evitó que la zoología y la botánica se sumieran en el caos una vez que las exploraciones y los descubrimientos dieron a conocer decenas de miles de nuevas especies. Linneo también agrupó géneros similares en «órdenes» y órdenes semejantes en «clases», de las que distinguió seis: mamíferos, aves, peces, reptiles, insectos y gusanos.

El biólogo francés Georges Cuvier (1769-1832) continuó con la labor de Linneo y vio que las cuatro primeras clases de éste —mamíferos, aves, peces y reptiles— tenían, todas, esqueletos óseos internos, por lo que las agrupó en un grupo más amplio —o phylum— llamado vertebrados. Cuvier también comenzó a incluir los fósiles en los esquemas taxonómicos; por ejemplo, estudió un fósil cuyo esqueleto tenía las características de un reptil, pero que también había tenido alas. El ala era soportada por un hueso largo parecido a un dedo, por lo que bautizó al animal como pterodáctilo, palabra que proviene del griego πτερος /ptéeros/, ‘ala’, y δακτυλος /dáktylos/, ‘dedo’. Aunque la clasificación científica de los seres vivos tiene varias ramas y muchas subdivisiones, la regla es clasificar a los organismos de la siguiente forma:

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Linneo había clasificado a los seres vivos por su apariencia exterior, pero sus seguidores comenzaron a clasificarlos por sus estructuras internas y fisonomía, mucho más importantes para la tarea de agrupamiento. Ahora bien, no cabe duda que, gracias a la ciencia del genoma, en el siglo xxi, la taxonomía llegará a sus mayores niveles de organización, al clasificar a los organismos por su código genético.

En los albores del siglo xix ya existía un sistema para clasificar a todos los seres vivos —extintos o no—, que completaba el trabajo que Aristóteles había iniciado en el siglo iv a.C. La taxonomía hizo pensar a los naturalistas que, si la vida podía clasificarse de manera tan limpia y ordenada, tenía que haber principios biológicos aplicables a todas las criaturas: todos los seres vivientes estaban inmersos en un mismo y único fenómeno. Darwin lo descubriría años más tarde.

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  1. No es coincidencia que Aristóteles también sea el padre de la Lógica, ciencia que estudia las formas y estructuras del pensamiento.
  2. Isaac Asimov, Grandes ideas de la ciencia; Madrid: Alianza, 2001; p. 98.
  3. Los nombres científicos se escriben siempre en itálicas y el primero con mayúscula.
  4. Tiempo después, esta clasificación se hizo más específica: el león pasó al género Panthera, «grandes gatos», y se volvió el Panthera leo, mientras que el gato común pasó a ser el Felis silvestris catus —el último término señala la subespecie.

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