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El reloj biológico

El reloj biológico permite al organismo regular diferentes procesos como la digestión, el sueño, entre otros.

Lo primero que debemos saber es que no sólo tenemos un reloj biológico, sino varios. Estos relojes o ritmos biológicos son los que ayudan a nuestro organismo a trabajar, regulando el tiempo, la duración y, sobre todo, la periodicidad de ciertas funciones vitales como el sueño, la temperatura, la circulación sanguínea o la fertilidad.

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Estos ritmos biológicos existen por el simple hecho de que habitamos un planeta que hace una rotación completa cada 24 horas y en el que las estaciones cambian periódicamente cada cuatro meses, así que todo lo que vive en la Tierra debe adaptarse a estos ciclos fijos y repetitivos. El cerebro humano es el encargado de sincronizarlos a través de los sistemas nervioso y endocrino.

Estos ritmos «son determinados por “relojes biológicos” en núcleos neurológicos ubicados en el quiasma óptico».1 Rolando Collado-Ardón, et. al., «El cambio de horario y la salud», Revista de la Facultad de Medicina 44, núm. 5, septiembre-octubre; México: unam, 2011. Diversos estudios aseguran que el reloj biológico del ser humano está localizado en el núcleo supraquiasmático, en la región del hipotálamo del cerebro, misma que regula los procesos vitales como la respiración, el sueño, la necesidad de alimento, etcétera.

Tipos de relojes biológicos

De acuerdo con su duración, existen tres tipos de relojes biológicos:

1. Reloj ultradiano —menos de un día—. Es el periodo 
de variación de funciones que comprende desde segundos hasta menos de 20 horas. Sincroniza,
 por ejemplo, pulsaciones nerviosas cerebrales —electroencefalograma—, ritmo cardiaco y respiratorio, actividad bronquial, secreciones hormonales y alternancia de estados de sueño.

2. Reloj circadiano —cerca de un día—. El periodo de variación de funciones que comprende es de 20 a 28 horas, es decir, gracias a este ritmo adaptamos nuestro sistema a la actividad y el reposo, y regulamos nuestras funciones con los cambios de día y noche.

3. Reloj infradiano o circalunar —más allá del día—. Abarca periodos que varían desde días hasta años, como los 28 días del ciclo menstrual en las mujeres o, en especies como los osos, los periodos de hibernación. De este reloj dependen las adaptaciones al invierno o al verano, que acarrean importantes consecuencias económicas, laborales y psicoemocionales.

Tic-tac, tic-tac, ¿cómo funciona el reloj biológico?

Si bien el ser humano tiene diversos relojes biológicos, los cuales regulan diferentes procesos como la respiración, la digestión, etcétera, todos tenemos un reloj biológico general que determina nuestros momentos de reposo y mayor actividad, regulando los ciclos del sueño.

Por ejemplo, de 30 a 45 minutos antes de que la persona despierte, el cerebro da la orden de incrementar la presencia de cortisol en el organismo; a su vez, esta hormona eleva los niveles de azúcar en la sangre para que el individuo tenga energía al momento de despertar. Además, el cortisol da fuerza al corazón para que bombee más sangre al cerebro y sea más fácil estar alerta después de abrir los ojos.

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Este reloj biológico tiene ocho facetas, y aunque no todas las personas son iguales ni necesitan la misma cantidad de horas de sueño para descansar, se recomienda ser regular en estos periodos para que el organismo descanse de manera óptima.

Primera fase: reposo. De 00:00 a 02:59 am (aproximadamente). En esta faceta, la hormona del sueño, llamada melatonina, llega a su nivel máximo, por lo que los niveles de alerta y atención están al mínimo. Es el momento más adecuado para dormir, ya que el cerebro elimina las toxinas acumuladas durante el día y la actividad intestinal se detiene.

Segunda fase: sueño profundo. De 03:00 am a 5:50 am (aproximadamente). La temperatura interna del cuerpo disminuye, debido a que el organismo utiliza la energía de reserva para otras funciones, como la respiración y la regeneración de la piel. Los niveles de melatonina continúan altos.

Tercera fase: despertar. De 06:00 am a 8:59 am (aproximadamente). Este horario es el mejor para levantarse. Sin embargo, al disminuir drásticamente los niveles de la hormona del sueño y aumentar la temperatura corporal, la sangre es más espesa y la presión arterial se eleva, lo que provoca que el corazón sea más vulnerable a un paro cardiaco. Por eso es muy importante no realizar ejercicio inmediatamente después de despertar.

Cuarta fase: en alerta. De 9:00 am a 11:50 am (aproximadamente). El cortisol, también conocido como hormona del estrés, está en su nivel máximo y mantiene al cerebro alerta. Se considera el lapso de mayor productividad para el organismo y el cerebro; la memoria a corto plazo es mucho más eficiente.

Quinta fase: siesta biológica. De 12:00 pm a 2:59 pm. Después de comer, el organismo utilizó mucha de su energía para el proceso digestivo. Como consecuencia, los niveles de alerta disminuyen y la persona puede experimentar somnolencia. Cabe mencionar que si se ingiere una gran cantidad de grasas en la comida, esto provoca que la sensación de cansancio sea mayor. No se recomienda ingerir alcohol en este lapso.

Sexta fase: lleno de energía. De 3:00 pm a 5:59 pm (aproximadamente). Una vez que el cuerpo metabolizó los nutrientes, sus reservas de energía aumentan de nuevo. Este incremento del azúcar en la sangre provoca que el cerebro esté de nuevo alerta y que los músculos tengan suficiente «combustible» para realizar actividades físicas. Es el momento ideal para realizar ejercicio.

Séptima fase: digestión lenta. De 6:00 pm a 8:50 pm (aproximadamente). En esta fase la digestión es más lenta y los especialistas recomiendan no consumir alimentos grasos ni muy abundantes, ya que se puede presentar un aumento de peso. Por el contrario, en este horario el hígado metaboliza mejor el alcohol.

Octava fase: se acerca la hora de dormir. De 9:00 pm a 11:59 pm (aproximadamente). La glándula pineal comienza a liberar la hormona melatonina, lo que prepara al organismo para el reposo. La temperatura corporal disminuye ligeramente, la digestión prácticamente se detiene y el cerebro está menos alerta, pues se prepara para dormir.

Reloj descompuesto

Cabe señalar que las interrupciones de estos ciclos, de forma individual y colectiva, alteran de modo importante la salud.
 Por ejemplo, si se altera el reloj circadiano del sueño, nos sentiremos adormilados a horas en las que debemos estar alertas, o sentiremos fatiga inexplicable y quizá tengamos malestares como baja o alta presión arterial. Las personas que trabajan durante la noche y la madrugada, y duermen durante el día, cambian sustancialmente las funciones de su organismo.

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Otras consecuencias de alterar o interrumpir nuestro reloj biológico son las crudas y el jet lag2 v. «¿Por qué… nos da jet lag?», en El libro de los ¿porqués y qué onda con?; México: Editorial Lectorum y Editorial Otras Inquisiciones, 2011; p. 25., el cual causa una descomposición de horario a nivel tanto físico como psicológico, la cual provoca cansancio y desorientación, y se presenta después de un largo viaje en donde se cruzan varias franjas o husos horarios.3 Las zonas o husos horarios son cada una de las 24 áreas en que se divide la Tierra, a intervalos de una hora cada uno, y que tienen como punto de origen del conteo —la hora cero— el meridiano de Greenwich, semicírculo imaginario que une los polos y pasa por una población británica del mismo nombre. Su nombre científico es Síndrome del cambio de franjas horarias.

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  • Andy González

    Nada mas como aclaración… las estaciones cambian cada tres meses. Saludos

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