El lado luminoso de la eternidad: el Cielo – Algarabía
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El lado luminoso de la eternidad: el Cielo

Cada cultura y religión imagina de una forma diferente lo que conocemos como cielo y paraíso.

«Dios dice que la gloria está en el Cielo, y que es de los mortales el consuelo al morir […]», cantaba el afamado bolero «La gloria eres tú», himno amoroso de mis padres. Pero, más allá de la cita autobiográfica, ¿qué otra cosa se dice del Cielo? ¿De dónde provienen la imagen y los atributos del Paraíso que esperan a los justos al dejar este valle de lágrimas? ¿Es propio del cristianismo? ¿Es un lugar de salvación del cuerpo o del alma, del individuo o de la comunidad? ¿Habrá «pase automático» o tendremos que esperar al Juicio Final?

There’s a lady who’s sure / Allt that glitters is gold / And she’s buying a stairway to heaven […]1 Hay una dama que está segura de que todo lo que brilla es oro, y ella compra una escalera al cielo […] . Led Zeppelin

Parece que el hombre necesita tres cosas que no pueden obtenerse en esta vida: comprensión del propio ser, comprensión 
de los otros y comprensión del cosmos. No tenemos suficiente con nosotros mismos,2 Alan F. Segal, Life after Death: A History of the Afterlife in Western Religion, Nueva York: Doubleday, 1989. 
y ante la tristeza, el dolor y el vacío de esta vida, el hombre ha querido consolarse con la idea de que, al morir, irá a un lugar mucho mejor. Hoy algunos lo llamamos Cielo.

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Los autores Gallup y Castelli hicieron un recuento de las creencias actuales sobre el Cielo: será una vida mejor, no habrá problemas, preocupaciones ni tribulaciones; no habrá enfermedades, ni dolor, ni muerte; todo estará lleno de paz, felicidad y amor universal; uno se encontrará con los padres, cónyuges y parientes muertos, y todos vivirán en la presencia de Dios en este reino del espíritu.3 George Gallup y Jim Castelli, People’s Religion: American Faith in the 90’s, Nueva York: Macmillan Pub. Co., 1989.

Tal vez ese listado no sea sino las proyecciones contemporáneas de las carencias y deseos de nosotros, los simples mortales. De cualquier modo, vale la pena examinar las concepciones que distintas culturas han tenido sobre la morada de los bienaventurados en el lado luminoso de la eternidad. Aclaro: estas líneas 
son un mero repaso y no pretenden ser exhaustivas, ni mucho menos inmiscuirse en cuestiones y disgresiones teológicas profundas. Eso se lo dejo a los estudiosos.

All your followers are blind / Too much heaven on their minds / It was beautiful, but now it’s sour.[…] Time Rice, en la ópera rock Jesús Christ Supestar

Desde siempre

Una de las culturas más antiguas de la que tenemos registro estuvo verdaderamente obsesionada con la vida en el más allá: los egipcios. Para ellos, la «resurrección» no se daba corporalmente, sólo en espíritu, y éste no era «condenado» o «salvado», sino que el ser se desdoblaba en akh, que era el espíritu transformado y resucitado o, si no tenía tanta suerte, se quedaba como mut, el cadáver físico, muerto para toda la eternidad.

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En el Cielo egipcio —el reino de Osiris, el dios asociado a los muertos, la resurrección y la fertilidad— todo era una reproducción fiel, aunque un tanto exaltada, de los placeres terrenales. Para llegar a él, se inventaron embalsamamientos y momificaciones, siguieron complejos rituales y construyeron enormes tumbas impenetrables con forma de pirámide, todo con miras a garantizar la vida después de la muerte… que, desde luego, sólo estaba al alcance del Faraón, la realeza y la aristocracia: boletos al Cielo, sólo en primera clase.

Para las culturas de la Mesopotamia, en general la creencia era la de un Cielo que se encontraba en las alturas, pero más en las altas montañas que en las del espíritu; los mortales vivían en un reino intermedio, dominado por los demonios, y en ocasiones les era permitido visitar el Cielo —que recibía diversos nombres— e, incluso, mirar 
a los dioses. Sin embargo, después de este tránsito, su destino inexorable era el inframundo.

Una coincidencia con el mundo egipcio era la creencia en un viaje, a menudo en barca —que entre griegos y romanos está en manos del barquero Caronte, en la laguna Estigia—, para llegar a la vida después de la vida, donde encontrarían a «los que se les adelantaron».

Will it be the same / If I saw you in heaven / I must be strong, and carry on / Cause I know I don’t belong / Here in heaven. […] Eric Clapton

Otras creencias

Otro concepto importante a considerar es el Elíseo grecolatino. Para los antiguos griegos y romanos,
 el hombre, al partir de este mundo, podía encarar uno de dos destinos: el Hades —el inframundo, el sombrío reino de los muertos, algo así como nuestro Infierno, pero menos drástico— o el Elíseo, que estaba reservado a los hombres de suma virtud: los héroes de guerra, por ejemplo. Más tarde, la tradición permitía que todos los espíritus benditos pudieran «ascender» al cielo, donde se hallaba el Elíseo, gracias a sus méritos en vida.

Por otro lado, está la tradición hebrea, que retoma 
un poco de lo egipcio, lo mesopotámico y lo persa. 
Las descripciones de la vida después de la muerte son escasas en el Antiguo Testamento —amén de que se prohíbe la comunicación con los muertos, así que no había modo de «consultar» con alguien de por aquellos lares—, y sólo son dignas de mención las lacónicas descripciones del libro de Enoc, en el que se dice que «Dios se lo llevó y caminó con él».

Finalmente, el Cielo cristiano, que es esencialmente judío, pero influido por la cultura grecolatina4 Jeffrey Burton Russell, A History of Heaven, The Singing Silence, New Jersey: Princeton University Press, 1997. El Jardín del Edén bíblico se equipara a la Edad de Oro de Saturno de los grecolatinos: un tiempo previo, lleno de comodidad, vida sencilla, y libre de males, dolor, hambre y otras plagas; así, la idea de que los campos elíseos recuperan ese «estado de gracia» halla su igual en el Reino de Dios que, al final de los tiempos, también recupera la gracia del Jardín del Edén.

Con excepción del Apocalipsis, no
 existe una sola visión del Cielo en las
 escrituras del Nuevo Testamento, y esto 
ha dejado muchas dudas entre los fieles.
 Durante los primeros diez siglos de la
 cristiandad, diversos doctores y sabios 
de la Iglesia han descrito visiones, viajes
 extáticos y posturas teológicas sobre el 
Cielo. Se ha dicho que el fin del mundo
 traería la segunda venida de Cristo y
 el inicio del reino de Dios; también existía la idea de una Jerusalén «divinizada», que sería una especie
de «tierra prometida» para los elegidos, y otras tantas ideas profundas, complejas y maravillosas que, por brevedad y sencillez, pasaremos por alto. Pero es un hecho que la visión del Paraíso que más ha influido en la imagen mental de millones de creyentes, no provino de un religioso.

Heaven’s in here / Among the twilight and stars / Like a rocket to Mars / Heaven in here […] Tin Machine

Para muchos, el Paradiso —de la Comedia— de Dante Alighieri es el retrato más sublime del Cielo que se
 ha escrito desde San Juan.5 Sin duda, cabe preguntarse si Dante pretendía que su obra se tomara como una inspiración divina, como una descripción de una «realidad ultraterrena». Como sabemos, esta obra monumental describe un peregrinaje del propio Dante que, guiado por Virgilio y su amada Beatriz, recorre los círculos del Infierno, visita el Purgatorio y culmina su jornada en el Paraíso. Dante describe el Cielo como una esfera hecha de nueve círculos concéntricos, cada uno de los cuales es un cielo distinto, asociado a un cuerpo celeste y destinado para una de las virtudes del espíritu; en la cúspide de éstos, se halla el cielo empíreo, la rosa celestial donde las nueve órdenes
 de las tres jerarquías giran alrededor de Dios. Estas descripciones y las distintas interpretaciones artísticas que a lo largo del tiempo se han hecho del Paraíso
 de Dante, con sus nubes y destellos,
 sus ángeles, arcángeles y querubines, han derivado hasta hoy en la casi caricaturesca imagen del alma con alitas, posada en una nube y tocando un arpa.

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Hoy en día, el Cielo se ha democratizado: para los cristianos, es el sitio incorpóreo donde está Jesús, e «ir al Cielo» es estar en la presencia de Cristo, donde uno lo encuentra, lo ve, se une a Él o se funde en Él; o sea que uno «se diviniza» a través de la visión beatífica —ver a Dios, que otorga la comprensión completa de su amor— y la unión mística —todos unidos en el amor y unidos a Dios— en la que el tiempo cesa o, al menos, es distinto al tiempo terrenal… y todo esto es asequible para cualquier mortal con los méritos suficientes. La promesa es la vida eterna, la fiesta del amor universal y eterno, y la presencia y gracia del Altísimo, y en ella nos uniremos en espíritu y en el amor a todos los demás. Que así sea.

Pero en lo que esta vida eterna llega, opto por unirme en algo más que el espíritu a la que me espera a que acabe de una vez de escribir este artículo. Bien lo decía la canción de mis infancias: «…desmiento a Dios porque al tenerte yo en vida, no necesito ir al cielo tisú…». ¡Qué razón tenían mis padres!

❉❉❉

Para saber más, consulta Algarabía 70.

3 thoughts on “El lado luminoso de la eternidad: el Cielo

  1. Sólo una pequeña observación, Dante es guiado solamente por Virgilio en su ascenso al Paraíso, donde se encuentra su amor imposible: Beatriz.

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