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El golem —¿Por qué me has hecho así?—

¿Qué tienen en común la escoba de Mickey Mouse en Fantasía (1940); la replicante Pris, interpretada por Daryl Hannah en Blade Runner (1982); la computadora HAL 9000 en 2001, Odisea del espacio, de la historia de Arthur C. Clarke; Pinocchio, el célebre personaje del cuento de Collodi; la criatura del doctor Frankenstein, de Mary Shelley; y quien estas líneas lee?

Mucho más de lo que imagina, pues todos estos personajes están inspirados, de una forma u otra, en la leyenda del golem de Praga y son el resultado de las cavilaciones de muchos seres humanos, de todas las latitudes y épocas, que se preguntan: «¿Y si yo pudiera tener el poder divino de la creación?».

La leyenda, reproducida magníficamente por Jorge Luis Borges,1 En el poema El golem, que escribió en 1958 —y que publicaría en 1964 en El otro, el mismo—, basado en la leyenda hebrea que bautiza con ese nombre a la masa amorfa con la cual se puede crear un hombre artificial. cuenta que:

«No a la manera de otras que una vaga sombra insinúan en la vaga historia, aún está verde y viva la memoria
 de Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe, Judá León se dio a permutaciones 
de letras y a complejas variaciones
 y al fin pronunció el Nombre que es la Clave, la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio, sobre un muñeco que con torpes manos labró, para enseñarle los arcanos
 de las Letras, del Tiempo y del Espacio.»

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Este muñeco, hecho de barro, cobró vida porque Judá León depositó en su boca un código secreto, escrito en un pergamino, que contenía una palabra que el rabino encontró en la Cábala;2 Tradición judía que consiste en transmitir oralmente, a través de generaciones, la doctrina de las Sagradas Escrituras. esta palabra era la misma que Dios sopló en la boca de Adán, aunque varían las versiones, porque se cree que la palabra era /emeth/, que significa «verdad» en hebreo, y entonces recibió aliento de vida. El golem ayudaba al rabino en tareas menores, no comía, no descansaba, no bebía, era sólo un servidor. Similares en destino a Adán, a las criaturas se les condena a ganar el pan con el sudor de su frente; y al golem... bueno, ni el pan.

«El rabí le explicaba el universo “esto es mi pie, esto el tuyo, esto la soga.” Y logró, al cabo de años, que el perverso barriera bien o mal la sinagoga.»

Cuenta la leyenda que esto ocurrió en la ciudad de Praga, aproximadamente en 1580. Un día de ésos, a las 4 de
 la mañana, con el barro de las lindes del Río Moldava,
 Judá León amasó a un ser antropomorfo y, gracias a su conocimiento de la Cábala, se convirtió en creador. Cada semana, cuando llegaba el Shabbat,3 El Shabbat es el sábado, día sagrado para los judíos, en el que no se realiza acto que implique trabajo alguno. el rabino retiraba de la boca de la criatura el pergamino escrito y ésta reposaba cual simple montón de barro, pero un día se inició el Shabbat y el rabí —o sea, el «maestro»— no retiró la palabra mágica. Alguien ha dicho que la más breve definición de pecado es: «yo haré», de modo que, viva en un día desacostumbrado para ella, la criatura comenzó a destruirlo todo, a pecar, a hacer lo que le placía; fue ella misma. No era para menos, el golem estaba incompleto:

«Tal vez hubo un error en la grafía 
o en la articulación del Sacro Nombre;
 a pesar de tan alta hechicería,
 no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.
Sus ojos, menos de hombre que de perro y harto menos de perro que de cosa, seguían al rabí por la dudosa penumbra de las piezas del encierro.»

En medio del desconcierto —tal vez como nos sentimos todos los seres humanos—, al descubrirse en un cuerpo que no le gustaba, infeliz, mal hecha, limitada, atrapada, la criatura le reclama a su hacedor: «¿Por qué me has hecho así?». Y, al igual que los personajes de quienes hablábamos al principio, el golem culpa al creador: se sabe incompleto, como Pinocchio; obedece órdenes mal dadas, como la escoba de Mickey —a su vez inspirada en el cuento de Goethe, El aprendiz de brujo—; se ve a sí mismo horrible, como el cadáver resucitado de Frankenstein; pero, al igual que HAL 9000, se siente poderoso, sabe que puede tomar sus propias decisiones, tiene libre albedrío; y, como Roy Batty, el perfecto humanoide asesino de Blade Runner, tiene recuerdos y sentimientos: «He visto cosas que ustedes, los humanos, no creerían: naves de ataque incendiándose más allá del hombro de Orión; observé rayos C brillando en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir».

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En cada historia, los personajes creados le reclaman al creador y éste tiene que dilucidar su destino; el castigo merecido varía en cada relato: en Pinocchio hay recompensa luego del castigo; en Blade Runner, en Frankenstein y en 2001, Odisea del espacio, la destrucción es la única salida; y eso ocurre también con el golem.

En otra versión, el golem se queda inerme y los judíos 
del ghetto, en Praga, ayudan al rabino a esconderlo en una habitación de su casa hasta que, muchos años después, cuando la vida de Judá León como patriarca de esa comunidad está por terminar, el que habrá de ocupar su cargo solicita conocer al golem que duerme. El nuevo rabí visita la habitación y, sacudido por lo observado, al salir, ordena prolongar eternamente el edicto que impide a toda la población visitar o ver a la criatura.

Hay historias para escoger: The Terminator (1984), de James Cameron; Inteligencia artificial (2001), de Steven Spielberg; Yo, robot (1950), de Isaac Asimov, serie de relatos también llevada a la penumbra del cinematógrafo en 2004; o, bien, la de la propia humanidad, relatada en las tradiciones de los pueblos. Sea cual sea la que elija, el resultado es singularmente similar: la criatura se rebela contra su creador porque se siente incompleta. El creador, a su vez, siente pena por su criatura. Nadie está satisfecho.

Conoce más detalles sobre la leyenda del golem y cómo se refleja en los personajes modernos en Algarabía 33.

❉❉❉

Daniel Togliatti ha intentado rebelarse contra su creador desde su nacimiento, en 1964, sin éxito alguno. A diferencia de otras criaturas, le gusta comer,
 pero le gusta más cocinar y cree que una imagen no dirá nunca más que mil palabras. Se sabe incompleto y, por lo tanto, se roba frases de otros, como la dicha por Borges: «Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído».

Notas:

  1. En el poema El golem, que escribió en 1958 —y que publicaría en 1964 en El otro, el mismo—, basado en la leyenda hebrea que bautiza con ese nombre a la masa amorfa con la cual se puede crear un hombre artificial.
  2. Tradición judía que consiste en transmitir oralmente, a través de generaciones, la doctrina de las Sagradas Escrituras.
  3. El Shabbat es el sábado, día sagrado para los judíos, en el que no se realiza acto que implique trabajo alguno.

Foto encabezado: Boris Karloff en Frankenstein, 1931

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