El más famoso es el inevitable del dinosaurio de Tito Monterroso, que se suponía, era el cuento más corto del mundo jamás escrito:
«Y cuando despertó el dinosaurio todavía estaba ahí».
Pero hay otros aún más breves como el de Max Aub que, publicado en su librito Crímenes, dice así:
«Lo maté porque era de Vinaroz».
En ambos minicuentos, o como se ha dado en llamarles: «cuentemas», el asombro deriva hacia la psicología y nos lleva inconscientemente a preguntarnos ¿qué más?, hay toda una historia detrás y por eso son cuentos, pero hay también un elemento de humor que va de la mano de la sorpresa.
Como ejemplo de esto, tenemos un cuento del escritor mexicano Juan José Arreola:
«La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones».
O bien el de Tomás Arauz, titulado con gran fortuna «El sueño de la virgen», que reza así:
«Cuando dijo sí tendida en el pasto, descubrió que soñaba, pero era demasiado tarde».
O uno de los que se encuentran en el libro Cuentos breves y maravillosos de Álvaro Menén Desleal:
«¿…Y si como yo soñé haber escrito este cuento, quien lo lee ahora, simplemente sueña que no lo lee?»
Asimismo encontramos en la literatura universal ejemplos de cuenmínimos, como el muy conocido de Frederick Brown:
«El último hombre sobre la tierra estaba sentado allí, en el centro de la habitación y, en eso, llamaron a la puerta…».
Que nos recuerda al de otro inglés, Thomas Bailey Aldrich que versa así:
«Una mujer está sentada sola en una casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo. Todos los demás seres han muerto. Golpean a la puerta».
Otros ejemplos surgen de la literatura china, que como dice Adolfo Bioy Casares, «tal vez son los primeros especialistas en el género». Tal es el caso del sueño de Chuang Tzu, que cita el norteamericano Herbert Allen Giles:
«Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre».
Éstos son sólo algunos ejemplos de lo que es el cuento corto, y la risa y sorpresa que causa a quienes lo leen.
Si te gusta la literatura breve, no te pierdas 600 haikus. Agudezas en verso de Algarabía Libros.

genial
Maravilloso, hasta hoy creí q el más corto era el de Monterroso…. siempre se aprende algo nuevo con ustedes, felicidades!!
Creo firmememente que todos, absolutamente todos podemos ser escritores, y más de cuentos cortos. Hágamos de esta bella forma de comunicarnos, un vicio.
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Yo en Tuiter he visto mucho “cuentuito”.
Siempre hay algo que decir, pero hoy, hoy no tengo nada, quizá mañana…………………..
Se me acaba de ocurrir, no se si ya exista:
el: ¿Pasarías los últimos minutos de la tierra conmigo?
ella: –si, como sea–
el: (oprime un botón)
El cuento del chiste que dice que un profesor les pidió a sus alumnos que tuviera misterio, sexo, realeza y religión, y un estudiante entregó el siguiente minicuento:
“¡Dios mío, la princesa está embarazada! ¿Quién será el padre?”
Como extraño la revista El Cuento de Edmundo Valadez, tal vez convenga retomar esta idea, no?
Mas triste pero
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