Historia de una foto

Marx y Jenny

Karl Marx era aún niño cuando conoció a la hija del mejor amigo de su papá: Jenny Von Westphalen.

Se frecuentaban mucho desde que eran chicos y en su adolescencia se hicieron íntimos amigos. Ambos eran cultos y sus pasiones –como a la literatura–, compaginaban muy bien.

«Ante la imposibilidad de besarte hasta el cansancio, me veo forzado a recurrir a las palabras para con su ayuda enviarte mis besos…»

Se frecuentaban mucho desde que eran chicos y en su adolescencia se hicieron íntimos amigos. Ambos eran cultos y sus pasiones –como a la literatura–, compaginaban muy bien.

Ella era cuatro años más grande que Marx, así que cuando Jenny tenía 21 años y él 17, iniciaron un fructífero noviazgo que los llevó a casarse el 19 de junio de 1843.

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Marx y su esposa Jenny, 1866

Aunque Marx y el Barón Ludwig Von Westphalen -padre de Jenny- eran amigos, tanto el Barón como su esposa se oponían a ese matrimonio, así que los jóvenes solo pudieron consumar su relación tras la muerte de los padres.

Cuatro meses después de la boda, la pareja se trasladó a París. Aunque esa no fue su única morada pues en 1845 la policía francesa los expulsó. En ese momento ya tenían una hija y esperaban otra. Llegaron a Bruselas pero también ahí los perseguían así que tuvieron que regresar a París.
Finalmente, tras la revolución, se trasladaron a Colonia, Alemania. Sin embargo, las situaciones políticas los obligaron a mudarse de nuevo, esta vez a Londres. Toda la familia partió, incluida Helene Demuth, niñera de sus hijos y ayudante en el hogar.

A raíz de las persecuciones, los exilios y la intensa actividad militante, la familia debió soportar las peores miserias, apenas subsanadas por algún ingreso propio y los aportes de buenos allegados.

De Marx, se dijo que fue un pésimo marido, «incapaz de llevar el presupuesto familiar»

Helene y Karl, por razones que ningún biógrafo especifica, eran muy unidos y compartían una estrecha amistad. Fue tan estrecha que cerca de 1851, Helene dio a luz a un hijo de Karl.

Por miedo a arruinar su matrimonio, pues en ese momento Jenny también estaba embarazada, Karl recurrió a su amigo Friedrich Engels, quien reconoció al hijo como suyo. Lo nombraron Freddy Demuth y lo dieron en adopción.

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Marx, sus hijas y Engels

Este oscuro episodio transcurrió en secreto y entre las sombras, la verdad sólo se supo algunos años después cuando Engels, en su lecho de muerte le confesó a Eleonora –la hija más pequeña de Marx– quien era el verdadero padre de Freddy.

Aunque el hecho se reveló hasta que su hija fue mayor y casi nadie se enteró de esto, existe un pasaje en el trabajo autobiográfico de Jenny: Breve esbozo de una vida agitada, que dice: «A principios del verano de 1851 ocurrió un hecho que no quiero relatar aquí en detalle, aunque contribuyó a aumentar nuestras preocupaciones, personales y de otro tipo.»

A pesar de ese «brevísimo» momento de infidelidad, Marx amó a su esposa como sólo un verdadero enamorado podría hacerlo. Durante mucho tiempo la imagen de él era la de un hombre duro, sin embargo, existe de evidencia una carta que él le escribió a Jenny la cual es, sin duda, una de las más románticas que existen en el género epistolar. A continuación te presentamos un breve fragmento:
s5-historiafoto-Jenny-Von-Westphalen.
¡Amada mía!
Te escribo de nuevo porque me encuentro solo y me es difícil estar siempre platicando mentalmente contigo y que al mismo tiempo, tú no sepas nada de esto, no me oigas y no puedas responderme.
Tu retrato no esta mal, es maravilloso, me viene bien, y ahora comprendo porque hasta las lúgubres madonnas, las más monstruosas obras de la virgen, podían encontrar fervorosos admiradores, e incluso, mayor cantidad de admiradores que las mejores pinturas. (…) Tú estás toda ante mí como viva, te tomo en mis manos, te cubro de besos de la cabeza a los pies, caigo de rodillas ante ti y suspiro, «yo la amo madame». Y efectivamente, te amo más fuerte de lo que alguna vez amó el moro de Venecia. (…)
Te sonreirás, querida mía, y te preguntarás por qué estoy tan retórico. Pero si yo pudiera apretar tu tierno y limpio corazón al mío, me callaría y no pronunciaría ni una palabra. (…)
Me despido, amada mía, miles y miles de besos para ti y para los niños.
Tuyo
Karl

Sumada a esta carta, Marx también le escribió varios sonetos y poemas a Jenny.

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