Gastrófilo

Instrucciones para soportar toda cruda

Hay escritores capaces de iluminar metafóricamente el mundo de la cruda, aunque el tema central de sus obras sea otro.

¡Qué tema! Y a decir verdad, uno «extrañamente desatendido». Sí, ya sé que no se puede abrir un periódico ni una revista sin toparse con una serie de instrucciones —la mayoría de ellas poco útiles y originales y, en algunos casos, perjudiciales— para curar ese malestar pandémico.

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Pero esos consejos se centran sobre todo en manifestaciones físicas, como si se estuviera tratando una simple enfermedad. Siempre se omiten los aspectos psicológicos, morales, emocionales y espirituales: toda esa superestructura metafísica amplia, vaga e ilustrativa que convierte a la cruda en un camino privilegiado hacia el autoconocimiento y la autorrealización.

Algunos cuentos de Edgar Allan Poe describen a la perfección la siniestra inquietud y los repentinos brotes 
de terror que tantos de nosotros podemos reconocer.

Ciertos pasajes de Dostoievski pueden leerse
 de esa manera. Es posible que el relato de Kafka, La metamorfosis, que empieza con el héroe despertando una mañana para descubrir que
 se ha convertido en una cucaracha de tamaño humano, sea el mejor tratamiento literario. La imagen principal no puede estar mejor escogida, y resulta muy perspicaz la manera tan desagradable con la que todo el mundo trata al protagonista —no he encontrado ninguna relación de Kafka con la bebida.

Edgar Allan Poe tenía problemas con el alcohol; pero en contra de lo que se suele creer no era un dipsómano, sino un hombre con una extraña intolerancia al alcohol, motivo por el cual bastaban dos copas para tirarlo y, sin duda, con su consecuente cruda monumental.

Hay poemas y canciones acerca de beber, por supuesto, pero ninguna habla de ponerse borracho, menos de haber estado borracho.

Los novelistas le entran al problema de una manera más profunda y extensa, pero fallan en el objetivo de dos formas: puliendo la cruda del héroe en unas pocas oraciones, o extendiéndose sobre ella como una novela completa. En este último caso, el héroe es prácticamente un dipsomaniaco, que nunca será, ni mucho menos, como el hombre común y corriente en la mañana siguiente a la borrachera. La principal diferencia, entre muchas otras cosas más, fue expuesta firmemente en la maravillosa y aterradora novela de Charles Jackson The Lost Weekend1 The lost weekend (1944) narra la historia de un escritor talentoso atrapado en el alcoholismo. Está basada en la experiencia personal de su autor, que sigue siendo el mejor relato de ficción sobre alcoholismo que jamás haya leído.

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No me corresponde a mí —y si así
 es, rechazo la oferta— abordar una descripción directa y completa de la
 cruda moral, que es un asunto muy poco divertido, tanto para escribir sobre ello como para leer al respecto. Pero confío 
en que algún consejo surgirá en mi lista de remedios.

De todos modos, antes de darme a la tarea, debo afrontar la cruda física, que es la primera a combatir, claro, y cuyo control aliviará de forma notable la otra: el cuerpo y la mente, como sabemos, están en estrecha conexión en lo que se refiere a la bebida. Así pues, veamos cómo hacerles frente.

La cruda física

  • Al despertar, convénzase de lo
 afortunado que es por sentirse tan
 mal. Esto se conoce como «la paradoja de 
George Gale»2 Fue un periodista británico, editor de la revista política The Spectator. Para la prensa amarillista británica es el epítome del periodista borracho. y se basa en la evidencia de que si no se siente fatal después de una buena borrachera, es que sigue borracho, por lo que deberá estar sobrio y despierto cuando la cruda ataque.
  • Si su esposa u otra pareja está a su lado y se muestra dispuesta —claro está—, realice el acto sexual 
con todo el vigor del que sea capaz. El ejercicio le sentará bien y —dando por hecho que disfruta del sexo— le animará a un nivel emocional; lo cual le permitirá darle un golpe momentáneo a la cruda moral antes de declararle formalmente la guerra.
  • Ni se le ocurra darse un baño frío. Puede darle un alivio momentáneo, pero, según mi experiencia
 y la de otros, le dará a su cruda moral un subidón increíble después de media hora, logrando sentirse como una criatura de otro planeta. Puede que 
esto se deba a que le está aplicando una terapia de choque a un sistema nervioso que ya se encuentra en dicho estado.

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Que no les quepa la menor duda de que, a medida que se vayan haciendo mayores, la cruda moral irá creciendo cada vez más ante la cada vez menos severa cruda física.

  • No coma, o no coma nada más. Dele la mañana libre a su estómago. Puede tomar café, pero no espere que haga mucho más que seguir despertándole.
  • Intente no fumar. Mucha gente cree —yo incluido— que la nicotina contribuye a la cruda física.

Y de ambas crudas la más espantosa es...

La cruda moral

Cuando esa mezcla inefable de depresión, tristeza —no son lo mismo—, angustia, desprecio de uno mismo, sensación de fracaso y miedo al futuro empiece a imponerse, recuerde que lo que tiene es cruda y nada más.

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Seguro has sido víctima: La pedofonía

No se está enfermando, no tiene una lesión cerebral, no es tan malo en el trabajo, su familia y amigos no se están coaligando para conspirar en su contra hablando a escondidas de la mierda que es usted, no está teniendo una revelación sobre el verdadero significado de la vida y no hay por qué lamentar lo ocurrido.

La razón por la que algunos escritores soportan beber en exceso no tiene que ver con el temperamento; simplemente tienen el tiempo suficiente para tratar los estragos de la cruda

Si es necesario, apúntese al Curso de Literatura
 de la Cruda Moral o al de Música para la Cruda Moral o a ambos —sucesivamente, no de manera simultánea—. Salir a ver unos cuadros, algún edificio o unas estatuas también le caerá bien, pero me temo que la mayoría de las personas encontrarán escaso remedio en estas sugerencias.

Conoce la guía completa para curársela y tener control sobre los estragos de la borrachera en Algarabía 132.

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