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Algarabía 142 Gastrófilo

Del gaznate a los nachos

Delicatessen de butaca.

Decía Julia Child que la vida por sí misma es una auténtica comilona, así que hay que aprovechar todos y cada uno de los momentos que tenemos para hacerlo, incluso cuando compramos un boleto para ver el último estreno de nuestro director favorito. Piénselo, ¿qué sería de las idas al cine sin el respectivo combo con el que acompañamos una película?

Ahora, lo que comemos dentro de una sala de cine se ha convertido en algo tan importante como lo que pasa en la pantalla, sólo hace falta recordar las palomitas que estuvieron ahí cuando nos tomaron la mano por primera vez; el refresco que alguien nos derramó cuando intentaba pasar por entre las butacas o las cervezas que metíamos de contrabando con nuestros cuates.

Pareciera que le entramos a los combos y paquetes para añadirle una experiencia de sabor a lo visual, una que ha cambiado con el tiempo, pues no es lo mismo aquello que nuestros padres o abuelos se llevaban o compraban y lo que actualmente se consume.

Hagamos entonces una arqueología de los delicatessen que nos han acompañado cuando se apagan las luces y comienza la acción.

El dúo magnífico: palomitas y refresco

¿Cómo es que algo tan simple y fácil de hacer como las palomitas le hizo frente a un problema tan gordo como la recesión en los ee.uu.? En los años 30, las palomitas de maíz se popularizaron gracias a que los dueños de los cines se sirvieron de ellas para evitar la bancarrota.

Las palomitas —o rosetas, cotufas, pipocas o simplemente popcorn— tienen una doble ventaja: son fáciles de producir y tienen un costo muy bajo, por ello no tardaron en ser las primeras compinches, junto con las sodas de sabor, de las proyecciones.

Verás, todo era ganancia, no sólo porque ingresaba el boleto de entrada, sino también por el consumo dentro de las salas.

Desde la década de 1950 hay dos gigantes productores de refresco que pelean la preferencia de los consumidores, y ninguna de las dos marcas tenía tanta popularidad en el mercado hasta su inclusión en las dulcerías de los cines, lugar que aprovecharon para publicitarse.

La combinación palomitas-soda no es fortuita, pues desde sus inicios los productores espolvoreaban las palomitas de sal
en exceso para causar sed y, por ende, incentivar el consumo de refresco, y no sólo eso, ese olor tan característico a mantequilla recién derretida tiene el mismo fin. ¡Bien jugado ese balón!

Gaznates y muéganos

Quizá no a todos nos tocó verlos en los anaqueles, pero los gaznates y los muéganos, esos dulces típicos de la gastronomía mexicana, solían ser muy solicitados en los cines desde los años 30 hasta los 80.

Los muéganos1 Por sus características físicas, el nombre muégano también se utiliza con una connotación social para denominar a un conglomerado de dos o más personas unidas por un vínculo muy fuerte.originarios de Huamantla, Tlaxcala, son rectángulos de masa de harina, agua, manteca, anís y sal, cubiertos de caramelo, que agregaban el toque dulce a la tarde de nuestros padres y abuelos.

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Ve también: Comidas que desaparecen

Y los gaznates, un cono de masa frita relleno de merengue que debe su nombre a 
la semejanza de su forma con la de la garganta, eran de los dulces más queridos en México, por lo que se llegaba a decir: «un cine sin gaznates no es cine».

Hot dogs

Este amigo culinario pareciera simple a la vista: una salchicha tradicionalmente a la plancha o al vapor servida en un esponjoso bollo alargado partido por la mitad, que puede acompañarse de mostaza, cátsup, cebolla, mayonesa, jitomates y chiles jalapeños en conserva.

El término dog, ‘perro’, se ha usado como sinónimo de «salchicha» desde 1884 debido a que sus fabricantes usaban carne de perro2 El consumo de carne de perro era común en Alemania en aquellos años..

¡Oh, qué sería de las salas de cine sin el seductor olor de un hot dog calientito!

Según un mito popular, el nombre completo hot dog se lo debemos al cartonista Thomas Aloysius «tad» Dornan, quien quiso dibujar a los vendedores de este alimento durante un juego de beisbol de los Gigantes de Nueva York en el Polo Grounds. Los vendedores gritaban: «¡They’re red hot! Get your dachshund sausages while they’re red hot!», pero al no saber cómo escribir dachshund simplemente escribió hot dog, y... lo demás es historia.

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El consumo de hot dogs fue popularizado en los ee. uu., donde los vendían en la calle, en especial los días de juegos de beisbol, lo que terminó de asociar esta botana con el juego nacional americano

Nachos

Corría el año de 1943, en la ciudad fronteriza de Piedras Negras, Coahuila. El famoso Club Victoria estaba por cerrar sus puertas, cuando un grupo de «morras gringas» entró al salón a refrescarse y a comer algo.

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El entonces capitán de meseros, Ignacio «Nacho» Anaya, quiso complacer a las damas, sin embargo, el restaurante había cerrado y el cocinero había desaparecido, por lo que tuvo que improvisar con lo que tenía: totopos, un poco de queso amarillo Wisconsin, rodajas de jalapeños en vinagre y ¡voilá!; nacía una estrella.

Al preguntarle —en perfecto inglés— al mesero el nombre 
del platillo —quien por supuesto, se quedó mirando con cara de Ignacio «nohablouncarajodeinglés»—, éste sólo alcanzó a reconocer la palabra name y contestó con el hipocorístico3 Apelativos cariñosos y familiares que se usan para sustituir o acortar el nombre de algo o alguien, como «Paco» para Francisco y «Pepe» para José.de su nombre…

 

No te quedes con el antojo, disfruta este artículo completo en la edición 142 de la revista Algarabía.

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