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Los adjetivos posesivos

Son los primeros que utilizamos desde el momento en que aprendemos a hablar.

La necesidad de «poseer» algo o a alguien —por ejemplo, cuando aprendemos a hablar y reconocemos a
 la mamá como nuestra— tiene una presencia constante
 en nuestro idioma, y para eso echamos mano de este tipo
 de adjetivos.

Su importancia es indiscutible: nos ayudan
 a reconocer nuestro espacio —«a su lado»—, quiénes lo conforman —«estaba tu primo»— y qué relación tienen con nosotros —«mi hermano».

Existen distintos tipos de adjetivos: los calificativos, los demostrativos, los indefinidos, los numerales, los posesivos, entre otros. Pero antes que nada hay que aclarar qué es un adjetivo:

El adjetivo es una palabra que acompaña al sustantivo para expresar alguna cualidad de la persona o de la cosa nombrada, es decir, modifica o complementa al sustantivo.

No soy de aquí ni soy de allá

En el caso 
de los adjetivos posesivos, son aquellos que establecen una relación de pertenencia o de posesión respecto al sustantivo que acompañan —y algunas veces también de afectividad―. Aunque sus funciones son variadas, en general indican a quién pertenece algo o qué relación hay con alguien. Por ejemplo: Este libro es tu libro; Mauricio es mi hermano.

Este tipo de adjetivos se dividen en dos grupos:

1. Antes del sustantivo –conocidos como adjetivos posesivos átonos o débiles–:

  • En primera persona: mi /mis, nuestro(os) /nuestra(as)
  • En segunda persona: tu/ tus, su/ sus
  • En tercera persona: su/ sus

2. Después del sustantivo –llamados adjetivos posesivos tónicos o fuertes–:

  • En primera persona: mío(a)/ míos(as), *nuestro(os)/ nuestra(as)
  • En segunda persona: tuyo(a)/ tuyos(as), suyo(a)/ suyos(as)
  • En tercera persona: suyo(a)/ suyos(as)

El que haya dos tipos de adjetivos posesivos no es gratuito; en realidad, responde a distintas necesidades al hablar y se debe también al lugar en que están colocados en la oración.

No es lo mismo decir: «Ésta es mi cartera» a «¡Oye, esta cartera es mía!».

Aquí se muestra cómo el lugar en el que se coloque el adjetivo influye en el sentido que se quiera dar a la oración. Asimismo, la forma del adjetivo posesivo varía dependiendo de dónde se ponga.

En «Ésta es mi cartera» el adjetivo mi está antes del sustantivo cartera pertenece al primer grupo— y en «¡Oye, esta cartera es mía!», el adjetivo se encuentra después del sustantivo —sería del segundo grupo—.
 O sea, estos grupos nos indican cuándo debe escribirse el adjetivo de una manera y cuándo de otra: mi, mía.

Cuando los adjetivos mío, mía, tuyo, tuya, suyo, suya —y sus plurales— van antepuestos al nombre, sufren apócope, que quiere decir: pierden una o varias letras de la terminación.

Aprender a diferenciar entre todos los tipos de adjetivos que existen en nuestro idioma no es tarea sencilla, pero tampoco es imposible.

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