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Secuelas del 9/11 (fuera de EE.UU)

Películas que muestran las consecuencias de los atentados del 11 de septiembre en EE.UU.

EnFilme nos presenta una lista de películas que muestran las secuelas de los atentados del 11 de septiembre, sólo que dichas consecuencias se dieron fuera de ee.uu.

El ataque terrorista que el grupo Al Qaeda perpetró en ee.uu. el 11 de septiembre de 2001 representó la vindicación definitiva de dos estéticas cinematográficas jóvenes entonces: la filmación del caos y el found footage. La exageración frente al desastre de películas como Día de la independencia (1996) y el falso documental de El proyecto de la bruja de Blair (1998) se cristalizó en un montaje destructivo que puso punto final a la capital mundial del arte y la economía de la última mitad del siglo xx: la mítica Nueva York de Wall Street (1987), la consolidación del imperio capitalista, que ee.uu. nos había vendido como intocable —gracias a los épicos rodajes donde el Pentágono siempre resultaba vencedor.

Demoler las torres gemelas, a decir del artista plástico Johannes Kreidler, fue un happening del horror, una confirmación de que alguien podía «jugar a hacer cine» con la realidad como arma. Lo que la gente grabó en sus cámaras, lo que la televisión fue capaz de captar y el registro de la catástrofe, son cosas que aún no se han podido superar en la pantalla grande.

Recordemos cómo cambió nuestras miradas este acto de terrorismo, capaz de dividir el discurso de Hollywood y el cine en Medio Oriente en una contraposición de discursos: el civil que sufre las consecuencias y el agente de guerra (marines, burócratas, o soldados de Dios); es decir, la vida cotidiana de los individuos, con repercusiones psicológicas y sociales por un lado, y por el otro, los grandes conflictos entre los estados e ideologías.

México no se quedó atrás: el 11-S devino en la construcción de la segunda barda fronteriza, situaciones que intensificaron las redadas y deportaciones. Así leemos nosotros la calamidad neoyorquina: un muro, líneas fronterizas y menos tolerancia en política internacional. VSM (@SofiaSanmarin)

Camino a Guantánamo

Camino-a-Guantánamo

(The Road to Guantanamo, Mat Whitecross, Michael Winterbottom, 2006).

Entre la ficción y el documental, Camino a Guantánamo relata el azaroso peregrinaje de Shafiq Rasul, Asif Iqbal y Ruhel Ahmed —conocidos como los Tipton Three, denominados así por la ciudad al norte de Inglaterra en la que crecieron—, tres jóvenes de ciudadanía británica y religión musulmana, que viajan en 2001, desde Tipton (Inglaterra) a Pakistán, para asistir a la boda de uno de ellos.

Por curiosidad y deseo de aventura deciden pasar por Afganistán poco después del ataque a las Torres Gemelas, convencidos de que no correrán peligro. Pero se ven envueltos en el caos y son capturados por los soldados de la llamada Alianza del Norte. Son confundidos con fundamentalistas islámicos, miembros de Al Qaeda, y conducidos a un lugar llamado Guantánamo, en Cuba, la prisión extralegal donde se aloja a los terroristas más peligrosos del mundo, según las leyes de ee.uu.

La cinta escarba en el espinoso tema de Guantánamo, una de las más claras demostraciones del pisoteo de los derechos humanos por parte del gobierno del ex presidente George Bush, y dramatiza de manera efectiva el abuso de los prisioneros, inocentes o no, detenidos bajo los cargos de terrorismo en ese campo de detención. VSM (@SofiaSanmarin)

Kabuli Kid

(Barmak Akram, 2008)

Los estragos de una guerra, las secuelas ocasionadas por intervenciones militares constantes, el putrefacto fruto de un gobierno retorcido, o la perversa combinación de todo lo anterior, dispara como consecuencia una situación límite que sólo expresiones ejemplares de la grandeza humana pueden sobrellevar.

Afganistán es un pueblo que ha resistido, en los últimos treinta y pico de años, una brutal y prolongada invasión soviética; posteriormente un cruento y represivo régimen talibán; sólo para después ser bendecido con una intervención norteamericana que, en busca de un terrorista supuestamente oculto en su territorio, consiguió profundizar una devastación de la que, de por sí, pocos países podían presumir.

Mientras tanto, los afganos deben vivir; los que puedan. Y hacer su vida; como puedan. Khaled, por ejemplo. Un taxista honesto, buen hombre, que agota parte sustancial de su día trabajando en el extenuante polvo que atosiga las calles de Kabul para mantener decentemente a su familia. Entre el caos, la desesperanza, la transa de la supervivencia, las mezclas tribales de idiosincrasias disímbolas y las apremiantes necesidades personales, el periplo incesante y agobiante de Khaled nos revela, en clave de intolerable realismo social, el turbador curso de su ciudad, de su patria, y en el trayecto la historia de una pasajera, ataviada con burka —cortesía de esa herencia talibana—, que toma el taxi cargando a un bebé.

Al llegar a su destino, la mujer desciende del auto y un nuevo pasajero se trepa. Pero el asiento está ocupado por el bebé. Khaled, al percatarse, corre tras la mujer, pero ésta ha desaparecido. La angustiosa búsqueda de una madre sin rostro, en una ciudad trastornada, anárquica, opresiva, se convierte en el oxidado espejo en el que se refleja el entonces estéril y empecinado rastreo norteamericano de su fantasmagórico, elusivo, enemigo número uno. AFD (@SirPon)

Yes

Yes

(Sally Potter, 2003)

La gestación de Yes comenzó el 12 de septiembre de 2001. Tras los ataques a las Torres Gemelas, previendo la división y la sospecha que vendrían, reconociendo la incomunicación e intolerancia que precedían al terrible evento, Sally Potter decidió hacer una película que trascendiera los estereotipos y reconciliara a Oriente con Occidente.

Al centro del resultado hay una historia de amor entre una irlandesa criada en ee.uu, tristemente casada con un inglés, y un libanés que tuvo que cambiar su profesión de cirujano —por no querer dejar morir a las personas del bando contrario— para convertirse en un cocinero. Él y Ella —ninguno tiene nombre propio—, los dos provenientes de países dispuestos a hacer guerras en nombre de Dios, entablan una relación en la que el sexo y la pasión son amenazados por la culpabilidad de Ella y el rencor de Él.

Las palabras apenas les alcanzan para darse a conocer sus diferencias, sus temores, mucho menos para empatarlos. Pero es justamente el lenguaje, empleado con las medidas de Shakespeare, el pentámetro yámbico, lo que es explotado con mayor agudeza y sensibilidad, pues permite la libertad a través de la estructura, y da cauce a esa miríada de emociones históricas en una enorme y contundente afirmación. SOR (@SofOchoa)

Son of Babylon

(Syn Babylonu, Mohamed Al-Daradji, 2007)

Una de las consecuencias más paradójicas y a la vez arrebatadas del 9/11 fue el ahorcamiento de uno de los tiranos más crueles, desalmados y psicópatas de la historia, Saddam Hussein. Los estadounidenses saldaron la deuda pendiente de la Guerra del Golfo —durante la administración de Bush Sr., en la que Hussein los había traicionado invadiendo Kuwait–, afirmando dogmáticamente que Irak formaba parte del eje del mal e invadiéndolo en consecuencia —en 2008 se hizo público que no existían pruebas que ligaran a Irak con los talibanes—.

Los kurdos, un pueblo errante, sin territorio, como muchas veces a lo largo de su antiquísima historia, resintieron la ausencia de este tirano asesino con largas travesías. La que vemos en la película del iraquí que estudió en Inglaterra, Mohamed Al-Daradji, Son of Babylon, es la de un niño a punto de dejar de serlo con su abuela, en busca del padre del primero, hijo de la segunda, que de estar vivo debe hallarse en una prisión en la que fue encarcelado en tiempos de la Guerra del Golfo.

La burocracia alienante, absurda, deshumanizante que en Kafka tenía forma de castillo, aquí son desiertos interminables, personas que no entienden el idioma de este par, celdas vacías, cuerpos sin nombres, kilómetros de cementerio anónimo y cientos de miles de personas de luto haciendo el mismo viaje con la misma soledad y desesperanza en un sitio en que hace más de 2,600 años acogió a una de las siete maravillas del mundo. SOR (@SofOchoa)

Las tortugas pueden volar

Las-tortugas-pueden-volar

(Turtles Can Fly, Bahman Ghobadi, 2004)

La historia transcurre en vísperas de la inminente invasión a Irak por parte de ee.uu. en marzo de 2003, dos años después de la caída de las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001. Esta ocupación se suponía ayudaría a Irak a deshacerse de las armas de destrucción masiva y del terrorismo impuesto por Saddam Hussein.

En ese ambiente de guerra, en la frontera entre Irak y Turquía, en un pueblo improvisado de refugiados kurdos, que en su mayoría está poblado por niños —huérfanos, mutilados, con ceguera, sordera, traumas y violaciones sexuales, entre otras tantas—, se abre el brutal universo de Satélite, un niño de 13 años —llamado así porque sabe cómo instalar antenas de televisión—; el de Henkov, un pequeño sin brazos; el de su bella y silenciosa hermana, Agrina (Avaz Latif), madre precoz, de unos 12 años, una suicida e insistente homicida de su pequeño hijo ciego producto del abuso de los soldados kurdos.

Instruidos en el arte de sembrar minas tanto para las tropas estadounidenses como para el ejercito local, y así ganar un poco de dinero, los pequeños se exponen de manera constante al filo de la muerte. Un crudo relato de las más inocentes e indefensas víctimas de la guerra y sus macabras consecuencias. VSM (@SofiaSanmarin)

Buda explotó de vergüenza

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(Buda as sharm foru rikht, Hana Makhmalbaf, 2007)

Mientras su vecino aprende a leer Baktay, una niña afgana de seis años siente envidia de él. Todo lo que ella quiere a su corta edad es poder descifrar el alfabeto y aprender historias divertidas y no sólo cuidar a su hermano todavía bebé. La pequeña no tiene ni cuadernos ni lápices, por lo que comienza un periplo para poder conseguir los materiales. Logra obtener el dinero y se compra un cuaderno, pero el lápiz no, por lo que decide utilizar el labial de su madre a manera de lapicero.

Consigue llegar a la escuela, mas es despedida por el profesor. De regreso a su casa, es interceptada por un grupo de niños que juegan a ser talibanes y simulan que están en batalla contra el ejercito estadounidense. Baktay es sometida a juicio, es acusada de ser una profana por llevar el lápiz labial y es condenada a morir apedreada. Los chicos reproducen el comportamiento de los hombres adultos de su comunidad: la vejación constante hacia el género femenino.

El filme de Hana Makhmalbaf retrata la realidad de las mujeres de aquel país, sometidas bajo las reglas de una sociedad machista e indiferente que vive con los rezagos de la guerra, el acoso continuo del terrorismo talibán, y bajo el temor-odio a la ocupación militar y dominio de ee.uu. que los obliga a no apegarse su propia idiosincrasia y tradiciones. VSM (@SofiaSanmarin)

La noche más oscura

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(Zero Dark Thirty, Kathryn Bigelow, 2012)

En la crónica La noche más oscura, Kathryn Bigelow cuenta con cámara vertiginosa los pasos de la venganza de ee.uu. contra el culpable máximo de la caída de las Torres Gemelas: Osama Bin Laden.

El tono frío, casi periodístico del trabajo de la estadounidense se inmiscuye en la compleja y laberíntica odisea de Maya (Jessica Chastain), una agente de la cia en búsqueda del líder talibán, y muestra así una guerra de oficina: los vaivenes de suposiciones y estrategias, los desencuentros burocráticos en pasillos, las torturas en hangares vacíos, la contrariedad que supuso el triunfo de Obama y el rechazo de dichas torturas, los atentados y las bajas en servicio, las nuevas esperanzas de éxito, las apuestas en manos de la probabilidad en un despacho al otro lado del mundo para decidir si había o no intervención y, finalmente, el asalto a una residencia fortificada y el asesinato de los habitantes adultos frente a los niños que les acompañaban. Maya pide que encuentren a Bin Laden, le maten y lo traigan muerto. Al final, la agente completa su objetivo, su venganza –ahora personal–, y queda sometida en una suerte de vacío.

Bigelow apela a la neutralidad. Sin embargo, no hay valoración alguna de otras opciones, no hay otros puntos de vista más que el del gobierno estadounidense, no hay, siquiera, sugerencia de ambigüedad, y esto ha sido suficiente para que el filme haya sido etiquetado de propaganda y que su directora haya sido comparada con Leni Riefenstahl. JAR (@franzkie_)

Osama

Osama

(Osama, Siddiq Barmak, 2003)

Osama de Siddiq Barmak muestra la suerte de una niña afgana, forzada a vestirse como un chico para poder trabajar y mantener a su familia. Bajo el régimen talibán, el destino de ella, su madre y su abuela era esperar la muerte encerradas en su casa, pues a las mujeres no se les permite salir sin un hombre.

Ganadora del Globo de Oro a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 2004, Osama es el primer filme hecho en Afganistán desde el ascenso y la caída de los talibanes. La historia de esta niña de 12 años (Marina Golbahari) muestra la despiadada (in)justicia que impera en estos territorios y el enorme desprecio con el que las mujeres son tratadas.

No hay vueltas de tuerca inesperadas en esta historia. El destino de nuestra heroína está trazado desde el inicio por su sexo, por su lugar de origen. La cruel coincidencia del nombre que comparte con uno de los hombres más odiados por Occidente es eso, una amarga y ciega coincidencia. JAR (@franzkie_)

Los niños del fin del mundo

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(Marzieh Meshkini, 2004)

Una de las consecuencias del 9/11 fue la Operación Libertad Duradera, encabezada por ee.uu. El 7 de octubre, se puso en marcha la primera etapa que consistió en derribar los objetivos militares de los talibanes en diversas ciudades afganas como Kabul y Kandahar. Sin embargo, el debilitamiento del régimen talibán no tuvo repercusiones en la vida cotidiana de los afganos; precariedad y hambre se volvieron constantes en los civiles de esta zona geográfica.

En este marco, la cineasta iraní Marzieh Meshkini, empleó actores no profesionales y las calles de la recién bombardeada Kabul como locaciones de Los niños del fin del mundo. El filme se centra en Zahed y su hermana Gol-Gothai, un par de niños que desean ser encarcelados para estar con su madre, quien fue acusada de poligamia al casarse por segunda ocasión. Al igual que Roberto Rossellini en Alemania, año cero (1948), Meshkini utiliza, como telón de fondo, un pueblo devastado por la guerra para enmarcar la angustiante pobreza y falta de cariño por la que atraviesan los niños. LFG (@luisfer_crimi)

Taxi to the Dark Side

(Alex Gibney, 2007)

Dirigido por Alex Gibney, este trabajo, ganador del Oscar como Mejor Documental en 2007, se centra en Dilawar, un taxista afgano detenido en 2002 y trasladado al centro de captura de Bagram (Afganistán), donde fue humillado y masacrado por soldados norteamericanos.

Partiendo de un microcosmos, el filme, además de contar la terrible anécdota del taxista, analiza este caso como una etapa inicial de lo que sería una política generalizada a partir del 9/11: erradicar el extremismo islámico mediante el uso de la maldad. Ejemplo de ello es el fragmento de un discurso de George W. Bush, retomado por Gibney, donde el ex presidente, en 2003, declaró: «Uno a uno los terroristas están aprendiendo el significado de la justicia americana.» Con firmeza, su rostro exhibía un nuevo sentido de la justicia: la venganza. Por desgracia, estos métodos y estrategias empaparon a varios inocentes, como el taxista Dilawar. LFG (luisfer_crimi)

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