Editorial 104

Editorial 104

Quien inventó el trabajo debería asesorarse con el que inventó la cerveza. El código de Hammurabi —1700 a.C.— ya tenía leyes acerca de su consumo; en la Biblia hay menciones cercanas y lejanas a ella; se piensa que el ser humano la descubrió desde que cultivó cereales, y que este hallazgo fue esencial para la consolidación de las civilizaciones. No hay ningún pueblo que a la fecha no la consuma, y aun las sociedades más primitivas tienen en su haber una especie de ella. Su gusto es universal, sus variaciones se cuentan en miles y su sabor es absolutamente inigualable.

Dice mi mamá que una de las primeras frases que dije cuando empecé a hablar —tenía cerca de 3 años— fue la respuesta a un mesero que les preguntó a mis papás «¿Qué va a tomar la niña?», a lo que yo, cien por ciento segura, me adelanté con «Una cervecita de barril embotellada, por favor». Lo tenía clarísimo, no cabe duda, porque doce años después ésta se convertiría en una de las cosas más importantes en mi vida, tanto que hoy, 40 años después, aquí hablo de ella.

Y es que para mí la cerveza no es una bebida o un alimento más: es La Bebida. Es mi compañera, mi comparsa, mi escudero, mi refugio, mi amiga —como dice Miguel Aguilar: «para cualquiera es sólo un six-pack, para mí es un grupo de apoyo»—, mi almohada, mi relax, y la mejor acompañante de todo alimento.

La cerveza me gusta más que el vino, más que la ginebra, más que el anís, incluso más que el agua y más que cualquier otra bebida. Tomo cerveza al ritmo desenfrenado que otras mujeres toman Coca Light: con gusto y sin culpa. Y la cerveza no sólo me gusta a mí sino a muchos de los que hacemos Algarabía y por eso el dossier de este número 104 está dedicado por completo a este elíxir de los dioses, basado en los dos tomos de nuestro libro El delicioso mundo de la cerveza, con datos, frases, estilos, frases, ideas, historia y más.

Aderezando este dossier están los Eames, esos grandes diseñadores que cambiaron la fachada del diseño en el siglo xx; las enfermedades «de la opulencia», esas que nos dan por comer de más; los limones como pechos femeninos, en la voz de Fernando Fernández; el origen de la física moderna; un reportaje sobre la extinta y alguna vez célebre revista Life, y una semblanza sobre nuestra muy admirada María Moliner, escrita por Gabriel García Márquez.

Hablamos de usted y de tú, o más bien de cómo hablar, si de usted o de tú, y el porqué de las barraganas y su mote; de palabrotas y posiciones, como la supina; ofrecemos un dato sobre las flatulencias, contamos la historia del Teatro Blanquita, la anécdota de la bisabuela Antonia; decimos qué onda con las bebidas energéticas; escribimos acerca del Imperio Austrohúngaro y sobre mucho más…
No se lo pierda, este número hará su mes más entretenido y feliz.

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