Desde la redacción

«Rayuela»: el juego de la libertad

Hace 50 años se publicó una de las novelas que demostró las múltiples posibilidades narrativas en la literatura. Éste es un modesto recuento de datos sobre su origen.

Hace 50 años se publicó una de las novelas que demostró las múltiples posibilidades narrativas en la literatura. Éste es un modesto recuento de datos sobre su origen, así como una humilde invitación a sumergirse en sus páginas interminables.

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.

Alguna vez escuché a Carlos Fuentes contar la siguiente anécdota: conocía a Julio Cortázar por medio del intercambio epistolar; cuando tuvo la oportunidad de hacer un viaje a París, sin previo aviso, decidió visitarlo en su casa. Al llegar, Fuentes le pidió al joven que le abrió la puerta que «le avisara a su padre que un amigo de México venía a buscarlo». El «joven» en realidad era Cortázar, quien —según testimonios y fotografías de la época— a sus casi 50 años de edad era un hombre que —debido a un trastorno del crecimiento— iba despojándose de sus rasgos de expresión conforme ganaba tamaño.

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Foto: Cortázar en 1966, por René Burri

Según la más oficial de las historias, el «primer ejemplar» de Rayuela salió de la imprenta el 28 de junio de 1963. Sin embargo, varios biógrafos del «cronopio mayor» [sic] coinciden en que todavía en mayo de aquel año Cortázar no terminaba de hacer correcciones manuscritas a su libro que, en un principio, él quería titular como Mandala. Al final optó por Rayuela, porque no quería que sonara solemne y porque, finalmente, la propuesta de lectura de su novela era un juego.

La técnica consistía en citarse vagamente en un barrio a cierta hora. Les gustaba desafiar el peligro de no encontrarse, de pasar el día solos, enfurruñados en un café o en un banco de plaza, leyendo-un-libro-más.

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Foto: Portada original de Rayuela en 1963

En Centroamérica se le llama «rayuela» al juego del «avioncito» —«tejo» en Argentina y Uruguay— que, dependiendo de la región, tiene variantes tanto en su diseño como en la forma de jugarlo. Se cree que este juego surgió durante la Europa renacentista y que tiene cierta connotación con la Divina comedia de Dante, pues el objetivo del juego es llegar al «cielo».

De entrada, Cortázar advierte que «a su manera este libro es muchos libros, pero, sobre todo, es dos libros. El primero se deja leer en la forma corriente, y termina en el capítulo 56, al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. El segundo se deja leer empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego en el orden que se indica al pie de cada capítulo».

«En caso de confusión u olvido» viene un mapa del orden de los capítulos a seguir según la sugerencia de su «segundo libro».

A partir del número 57, Cortázar los tituló «De otros lados. Capítulos prescindibles».
Sin embargo, la tercera lectura —y las múltiples posibles— radican en la voluntad y el gusto del lector de intercalar los capítulos a su libre albedrío. Lo más brillante de todo esto es que, en cada combinación lectora —que la estructura de la novela permite gracias a su flexibilidad narrativa—, cada quien «escribe su propio libro» y «se lee» a sí mismo distinto con cada nueva lectura.

—¿Qué es la cosidad? —dijo la Maga.
—La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo.

El París de Cortázar

Lo más notable de Rayuela no radica en su argumento —que se basa en la relación que tienen Oliveira y La Maga en París, así como de la nostalgia de Oliveira una vez que regresa a su natal Buenos Aires—, sino que rompe con la forma lineal de leer una historia y que reivindica la libertad del lector de «escribir» su propia historia a voluntad.

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Antonio Skármeta, quien fue el primer escritor que se graduó con una tesis sobre Rayuela, alguna vez comentó que en esa novela descubrió «la magnífica tensión dialéctica entre un intelectual sofisticado que le gustaría ser y vivir como sus personajes arrojados a la vida y que al intentarlo sólo consigue una novela genial sin acceder a la alturas de la precariedad».

Tiempo después, Skármeta agregó: «Es un libro que hace de la juventud y de la creatividad, de las ansias por comprender y entender el mundo, de relacionarse y entender el arte de la época, su materia. Entonces lo hace de una manera muy apasionada, cualquier joven que toque ese libro va a sentir una conmoción eléctrica».

Otro de los aportes de Rayuela, es que logró consolidar el imaginario de Latinoamérica en Europa, así como mitificar una ciudad de París que sólo vivió Cortázar por medio de sus amistades, de sus experiencias personales y de sus gustos musicales —en particular, el jazz.

Esa luz es tan usted, algo que viene y va, que se mueve todo el tiempo.

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Biógrafos de Cortázar se preguntaban de Edith Aron: «¿Será la Maga?

En 1949, Julio Cortázar visitó París por primera vez y ahí conoció a Edith Aron quien, según los expertos en literatura, inspiró el personaje de la Maga. Varios años después, Aron desmintió que cuanto narra Cortázar en su novela fuera una proyección biográfica de lo que vivieron juntos, aunque sí admitió haber tenido una relación breve con el escritor argentino.

Al respecto y con motivo de los 50 años de la publicación de Rayuela, Jordi García señaló: «El amor es un juego verbal y la literatura también, y ninguno de los dos se resignará a ofrecer sólo la versión amarga o desengañada de un intento de felicidad, todavía».

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.

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Manuscrito original de Cortázar

Es curioso que una obra considerada «de las más juveniles de la literatura» y de gran formato, fuera escrita por alguien de 50 años, que ya había explotado las posibilidades del cuento, y cuyos relatos se hacían cada vez más escuetos y sencillos. La propuesta de «ruptura» con la que Rayuela sacudió a las letras, se ha transformado en otra cosa que ya no sabe a novedad, pero que perdura por algo más profundo.

Sobre ello, el escritor Sergio Ramírez comentó para el diario El País: «Lo experimental, lo que parece desmedido porque rompe las reglas o se burla de ellas, se vuelve corriente un día porque ya es clásico, y viene a convertirse en un modelo que se cuela de manera imperceptible en la escritura del futuro. Ésa es mi sensación al abrir otra vez las tapas negras de mi vieja edición de Rayuela. Apagado el ruido de la novedad de los capítulos intercambiables, o suprimibles, el léala como quiera y pueda, lo que permanece es la majestad de la prosa, única capaz de hacer sobrevivir un libro a través de las edades».

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer...

En su ensayo «Un tal Morelli», Santiago Juan-Navarro señala que los “capítulos prescindibles” de Rayuela comunican las ideas de Cortázar sobre su creación poética: «A través de Morelli, Cortázar materializa una doble especulación narrativa. Por un lado, se discute un proyecto literario de alcance global. Por otro, la novela reflexiona sobre sí misma. [...] La novela se convierte así en teoría y praxis de sí misma».

Por ello, el concepto lúdico del arte en Rayuela, radica y se potencia en la actividad lectora: es un libro que necesita —más que ningún otro— de su lector para desarrollar las miles de combinaciones que contiene.

No, pero pensándolo francamente, lo más absurdo de estas vidas que pretendemos vivir es su falso contacto.

Con motivo del medio siglo de la publicación de Rayuela, María Luisa Martínez Passarge, directora de La Cabra Ediciones, y el notable fotógrafo Rogelio Cuéllar, concibieron y organizaron la exposición De la Tierra al Cielo. 50 años de Rayuela, que se presentó en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica en julio de 2013.

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En principio, Passarge y Cuéllar habían concebido que 50 artistas elaboraran varias obras para conmemorar a la novela, pero debido a la premura —apenas cuatro meses para contactar a los artistas plásticos y conseguir los fondos para la exposición—, sólo se elaboraron cinco «rayuelas», en las que cada casilla fue elaborada por un artista distinto. Esto dio un total de 55 obras plásticas de creadores como Jordi Boldó, Alberto Castro Leñero, Roger Von Gunten, Gabriel Macotela, Vicente Rojo, entre otros. Estas obras se compilaron en un catálogo que se acompañó con textos originales de diez escritores, entre los que se encuentran Rosa Beltrán, Eduardo Casar, Teresa del Conde y Juan Villoro.

La exposición se complementa con la imagen de los artistas en el momento de entregar su casilla de la «rayuela», así como de un dibujo que realizaron —con crayolas, acuarelas y demás materiales— al momento.

Esta exposición ha recorrido varios países de Latinoamérica —donde se invitó a los artistas locales a realizar más «rayuelas»— para que al celebrarse los cien años del natalicio de Cortázar, se realice una magna exposición con estas obras de nuevo en México.

Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca.

Para finalizar, qué mejor forma de adentrarse en esta novela que por medio de uno de sus capítulos más recordados por sus lectores, el cual también pueden escuchar aquí en voz del mismo Cortázar.

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7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

❉❉❉

El autor de esta nota no es muy afecto a Rayuela y prefiere, en cambio, los relatos cortos de Cortázar —cargados de un ácido sentido del humor— que se publicaron en libros como Un tal Lucas y Último round. Por ello, le gustaría saber cuáles son los textos que le gustan a usted. Puede responderle en Twitter como @alguienomas.

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