Desde la redacción

¿Qué pasóooo papaloy?

Hoy en día, en México —específicamente, en la ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— se está gestando un fenómeno social dentro de la célula económica de altos recursos o por lo menos la wannabe, la que quiere serlo.
Me refiero al mirrreyismo —así con tres erres, que si no, no lo es—.

Todos generamos idiolectos, es decir maneras de hablar, hablas propias, pequeños argots o jergas que nos distingan de los demás, que tengan su propio caché, y muchas veces, buscamos incluso que sean incomprensibles para otros grupos. Cuando somos jóvenes de prepa y universidad, sobre todo, generamos este tipo de idiolectos que, uno, nos identifican con nuestro grupo y nos crean una sensación de pertenencia y dos, nos separan de los demás y nos dan un estatus distinto.

Hoy en día, en México —y más específico, en la ciudad de México y en grandes urbes como Guadalajara y Monterrey— se está gestando un fenómeno social dentro de la célula económica de altos recursos o por lo menos la wannabe, la que quiere serlo. Es un fenómeno que se da entre jóvenes de aproximadamente entre 16 y 25 años y que obviamente conlleva una gran carga socioeconómica, me refiero al mirrreyismo —así con tres erres, que si no, no lo es—.

No voy aquí a hacer un estudio antropológico de estos personajes, que, by the way, me caen muy bien y me parecen simpáticos, pero que reflejan el arribismo, el gusto por los epígonos, las clases emergentes y las economías sexenales de nuestro país en donde las diferencias de clase son tan marcadas; simplemente voy a recaer en su forma de hablar, en su idiolecto propio, que es muy característico.

Un mirrrey es un mirrrey

Todos hemos visto un mirrrey alguna vez. El típico galán que se siente soñado, pudiente, guapo, bronceado y a la moda, de hecho podríamos decir que el pionero de los mirrreyes es el legendario Luis Miguel, que hoy ya vive más de restos de glorias pasadas.

Son o aparentan ser de «mucho varo» o por lo menos le juegan al rico, con afición por los cuerpos de gimnasio, camisas con por lo menos tres botones abiertos, siempre de diseñador, con mucho gel, jeans, mocasines y claro, son por lo general, buenos para ligar, gastar, fumar habanos, tomar, crudear, etcétera. Todos caen en lo ridículo.

Los mirrreyes se pasean por las calles de Valle, Playa —del Carmen— o Acapulco, luciendo un bronceado permanente y obviamente tomándose fotos en yates, propios, prestados o alquilados. En el antro toman champaña, gastan mucho, y acuden a la escuela o la universidad por compromiso, por que lo suyo, lo suyo, es lo social —la idea detrás de todo esto es que son herederos y por lo tanto no tienen obligaciones ni tienen que trabajar, aun y cuando no sea del todo cierto y sus papás sean nuevos ricos, políticos o empresarios emergentes.

Ustedes podrían pensar que son fresas nada más, fresas como los de mi época, pero no, en realidad se trata de una ramificación de clase. Se trata de una evolución cultural derivada de los fresas, una nueva generación más especializada en parties, golf, veleo, marcas —Villebrequin, Ermenegildo Zegna, Dolce Gabanna, Louis Vuitton o la que se les ocurra, siempre y cuando sea cara— buena vida y ocio improductivo.

Idiolecto mirrrey

Su idiolecto, como podrán imaginar, no es muy variado y tiene poco de creativo e inteligente, pero es simpático. He aquí algunas características del mismo:

  1. Primero que nada, todo mirrrey que se precie de serlo se debe alejar de las cosas gracias a un tono entre despectivo y escéptico que le hará parecer muy cool.
  2. Como todo fresa, hablan con la papa en la boca, a tal punto que no la cierran, por lo que su dicción es muy deficiente y a veces ni se les entiende.
  3. Su lenguaje es exclusivo y no se lo prestan a otros tipos o faunas urbanas, ni siquiera a otros fresas.
  4. Tienden a modificar las palabras en español, y adherirles un sufijo o prefijo lúdico o chistoso, ponerles su toque: como mi-, -uki, -irri o –loy: ¿Mirrreina vienes al antro?, fui con unas lobukis, echando cubirri en una comidirri, ¿qué pasó papaloy?
  5. A las chicas —como buenos fresas y en una clasificación muy sexista— las tienen clasificadas en lobukis y mirrreinas. Las lobukis son para divertirse, las mirrreinas para ser novias y formalizar
  6. Entre ellos se llaman cariñosamente como rey o papá, modificados por esos mismos afijos: papawh, papaloy, papalord, mirrrey, mirrreina
  7. Tienden a mezclar español e inglés: «Vamos al yate a echar drinks coquetos» «Practico mi swing en la office» «Quiero ir al club» «I wanna go to the antro» «Quiero llegar al Baby con un buen tan».
  8. Usan la palabra duckface para la cara de foto con trompita, la palabra Jaime para referirse a la servidumbre o choferes y la palabra a-ho-ra para decir «ya» y traslucir un poco la prepotencia y el abuso de autoridad, pero realmente es un juego.

El término mirrrey surge y se hace famoso de unos años para acá gracias a una página tipo blog donde se muestran fotografías alusivas a los mirrreyes —y la verdad muy simpáticas—: MirrrreyBook, que se burla de todos y cada una de ellos. Tal impacto en redes sociales ha tenido esta nueva fauna social que ha sido Trending Topic en varias ocasiones en Twitter y cada vez más gente tiende a acreditar y aceptar socialmente el término. ¿Cómo ven papaloys?


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