Desde la redacción

«Nel blu dipinto di blu»

Después de la cita —aquella que habían acordado, y a la que nunca se presentó Modugno—, Franco Migliacci ya había logrado un esbozo de la que, en poco tiempo, se convertiría en una de las canciones italianas más populares del mundo.

—Volare oh oh… Cantare oh oh, «En el azul pintado de azul»—

Penso che un sogno così non ritorni mai più:
mi dipingevo le mani e la faccia di blu,
poi d'improvviso venivo dal vento rapito
e incominciavo a volare nel cielo infinito...

«Pienso que un sueño así no volverá más,
yo me he pintado las manos y la cara de azul,
y de improviso vino el viento y me llevó,
y he comenzado a volar en el cielo infinito.»

(1958, Franco Migliacci y Domenico Modugno)

Después de la cita —aquella que habían acordado, y a la que nunca se presentó Modugno—, Franco Migliacci ya había logrado un esbozo de la que, en poco tiempo, se convertiría en una de las canciones italianas más populares del mundo —la segunda, sólo detrás de O sole mio—. Y había bastado una botella de Chianti y dos pinturas de Marc Chagall para que, después de un sueño profundo acaecido durante la espera, Migliacci pensara sobre la felicidad de un hombre que volaba en el cielo, con las manos y la cara pintadas de azul.

Frente a la cama, sobre la pared, se encontraban Le Coq Rouge y Le Peintre et son Modèle. En la primera, la imagen de un hombre que vuela, y en la segunda, la de un rostro azul que se mezcla con el color del lienzo, lo habían inspirado para crear sus primeras líneas: «Estoy pintado, vestido de azul, allá arriba en el cielo, volar hacia el Sol… y feliz volar más alto, más alto que el Sol, en el azul pintado de azul.»

Cuando Modugno —quien hasta entonces había tenido un éxito modesto en Italia como cantante y actor— escuchó la letra, supo de inmediato que, trabajando en ella, podría llegar a convertirse en una gran canción, e incluso en una opción para el 8º Festival de San Remo. Y así fue.

Según el columnista italiano Gino Castaldo, la presentación de este treintañero, ataviado en un esmoquin blanco, logró que Nel blu dipinto di blu se convirtiera en más que un simple reflejo de los sentimientos del país, que se encontraba en aquel entonces, «a un paso del auge económico, durmiendo en la brisa de los cambios que pronto se convertiría en huracán.» El azul era una señal de liberación, propuesta por un intérprete que abría los brazos con energía, mostrando un rostro soñador y abierto.

Domenico Modugno en el Festival Eurovisión:

Tras ganar este concurso, Modugno fue elegido para participar con la misma canción en el Festival de Eurovisión en 1958, donde obtuvo el tercer lugar, de entre diez concursantes. No obstante, a partir de entonces, su éxito se extendió por todo el mundo —alcanzó el primer lugar en la lista de Billboard durante un año—, y desde Nueva York hasta Karachi, la canción se popularizó, traduciéndose, vendiéndose y reinterpretándose muchas veces y en todos los estilos: basta decir que, sumando todas las versiones, la canción ha superado los 22 millones de copias en todo el mundo, y que existen versiones de Gipsy Kings, Dean Martin, Al Martino, David Bowie, Barry White, Ray Charles y hasta Tin Tán.

A pesar de que esta canción fue el único éxito avasallador de Modugno, ese año fue, sin duda, su año, pues se convirtió en ganador del Grammy por la Mejor Grabación y La Canción del Año —y fue el primero en ganar con una canción escrita en un idioma distinto al inglés.

Videos

Barry White:

Ray Charles:

David Bowie:

Tin Tán en Dos fantasmas y una muchacha:

Para cerrar les dejamos una parodia que le dio vuelta al mundo, de los hermanos moymoypalaboy de Filipinas:

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