Mitos cotidianos

Mitos cotidianos

¿Las ratas son los animales más mortíferos del mundo?, ¿crees que dormir 8 horas es lo más recomendable o que las guerras ocasionan la mayor cantidad de muertes? Éstos y otros mitos son desmentidos a continuación.

Mito: las ratas son los animales más mortíferos del mundo

Si no son las ratas —que transmitieron la peste negra que exterminó a la cuarta parte de la población de Europa entre 1346 y 1352—, ¿qué animales serían más mortíferos que éstos?

La mitad de todas las personas que han muerto en toda la historia —alrededor de 45 mil millones— ha sido víctima de la picadura de un mosquito hembra, portadora de más de cien enfermedades mortales, entre ellas: malaria, fiebre amarilla, dengue, encefalitis, filariasis y elefantiasis.
Existen 2,500 especies registradas de mosquitos, 400 de las cuales pertenecen al género Anopheles. Fue hasta 1877 que el médico inglés Patrick Mason demostró que la elefantiasis se transmitía por medio de la picadura de estos insectos, al igual que lo hizo con la malaria 17 años después cuando infectó a su propio hijo —mismo que sobrevivió gracias a una dosis de quinina. Si embargo, quien demostró de forma experimental que es por medio de la saliva del mosquito hembra que se transmiten estas enfermedades, fue un discípulo de Mason: Ronald Ross, quien recibió el Premio Nobel de Fisiología en 1902.

Las hembras de mosquito necesitan la sangre para incubar sus huevecillos, mismos que depositan en agua y eclosionan como larvas acuáticas. A diferencia de otros insectos, las crisálidas de mosquito pueden desplazarse.
El zumbido del mosquito macho es más agudo que el de las hembras, y éstas pueden sentirse «sexualmente atraídas» por la nota si que emite un diapasón.

Los mosquitos hembra sienten atracción por la humedad, la leche, el dióxido de carbono, el calor corporal y el movimiento. De ahí que las personas que sudan mucho o las mujeres embarazadas sean las más propensas a ser picadas por este insecto.
Hoy en día, una hembra de mosquito mata a una persona cada 12 segundos.

Tal vez por eso la Pantera Rosa tuvo esta campal batalla con un mosquito:

http://www.youtube.com/watch?v=fdTPXebFgvE

Mito: dormir 8 horas es lo más recomendable

—Para morir más joven, tal vez.—

En 2004, la Universidad de California finalizó un estudio —a cargo de Daniel Kripke— que realizó a casi un millón cien mil personas durante más de seis años. Los resultados demostraron que las personas que duermen 8 horas —o más— o menos de 4, mueren más jóvenes que quienes duermen de 5 a 6 horas al día.

En 1900, lo «sano» era dormir hasta 9 horas diarias, pero el ritmo de vida ha hecho que la mayoría —sobre todo la población urbana— duerma un promedio de 6 a 7 horas. Dormir en exceso llena de toxinas del organismo y se sospecha que podría provocar diabetes.

Por otro lado, la falta de sueño provoca pérdida del cociente intelectual, de memoria y de la capacidad de razonar.
Cada persona tarda un promedio de 7 minutos en conciliar el sueño y, según los expertos, es «normal» despertarse entre 15 y 30 veces cada noche.

En la actualidad se han identificado 84 alteraciones del sueño, entre las que se encuentran el insomnio, el exceso de ronquidos, la narcolepsia —quedarse dormido durante el día— la apnea —dejar de respirar mientras se duerme— y el llamado «síndrome de las piernas inquietas».
Un alto porcentaje de los accidentes de tránsito se debe a conductores que se quedaron dormidos por un instante.

Y hablando de «trastornos del sueño», un fragmento de un capítulo de Los Picapiedra, en el que Pedro debe permanecer despierto «para no morirse»:

Mito: las guerras ocasionan la mayor cantidad de muertes

En la actualidad, cerca de dos millones de personas mueren cada año por accidentes o padecimientos relacionados con el trabajo, a comparación de las 650 mil que pierden la vida en conflictos bélicos.

Los trabajos más peligrosos en todo el mundo están relacionados con la construcción, la minería y la agricultura.
Uno de los oficios más riesgosos es el de leñador, con 122 muertes por cada cien mil empleados.

La causa más común de muerte en el trabajo —23% del total— son los accidentes automovilísticos. Incluso los policías, cuya labor es de las más peligrosas, tienen mayores posibilidades de morir en un coche que por un enfrentamiento armado.

El riesgo de muerte se calcula aplicando la llamada «escala de Duckwoth». Esta escala —cuya numeración oscila del 0 al 8— mide la probabilidad de morir a partir de determinadas actividades de riesgo. Jugar a la ruleta rusa implica un riesgo de 7.2; la probabilidad promedio de ser asesinado se ubica en el 4.6; morir por una caída accidental en el hogar —cuando se hacen reparaciones menores, se pasa la aspiradora o se pone la ropa a secar— se ubica en el 5.5.

El trabajo más peligroso del mundo no es el de soldado en Irak, sino el de los pescadores de cangrejos de Alaska que faenan en el mar de Bering. Un vistazo a las condiciones en que laboran para comprenderlo:

Mito: las zapatillas de Cenicienta eran de cristal

La versión más antigua de Cenicienta que se conoce, proviene de un relato chino del siglo ix. En ésta, los zapatos son de hilos de oro con suelas de oro macizo.
En las 340 versiones orales que ya existían antes de la que adaptó Charles Perrault para publicarla, se menciona que las zapatillas eran de piel de ardilla —pantoufles de vair—.

Algunos expertos en narrativa medieval piensan que Perrault confundió la palabra vair —pelo de ardilla— con verre —cristal— por su pronunciación / vɛʀ /, pero otros especialistas señalan que Perrault hizo el cambio a propósito, para dotar de un elemento mágico a su versión.

Charles Perrault compiló antiguas historias medievales —que se heredaban de forma oral— para entretener a los niños de la corte francesa y las publicó con el título de Cuentos de mamá Oca en (1697). En este libro modificó los detalles y la trama —en origen agrestes, violentas y en los que «ganaban» los personajes debido a su cinismo o su crueldad— de cuentos como Caperucita, Barba Azul, Pulgarcito, El gato con botas y La Bella Durmiente, entre otros. Con esta recopilación, Perrault inauguró el género de los cuentos de hadas.

Para Cenicienta, Perrault añadió los ratones, la calabaza, el hada madrina y redujo el grado de violencia del cuento: por ejemplo, omitió cuando las hermanastras se cortan el dedo gordo y los juanetes para que les quede la zapatilla; o cómo Cenicienta, cuando se casa con el príncipe, obliga a sus hermanastras y a su madrastra a bailar hasta morir con unas botas de hierro incandescente. Algunos de estos crudos detalles serían recuperados luego por los hermanos Grimm.

Para finalizar, una versión «rosa» —literal— del cuento de Cenicienta:


Información tomada de The Book of General Ignorance, Lloyd & Mitchinson, Faber and Faber Limited: London, 2006.

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