Desde la redacción

Los nombres del miedo

En la mitología griega, los gemelos Deimos y Fobos acompañaban a su padre, el dios Ares, durante las batallas, para conducir su carruaje y esparcir el miedo a su paso.

Deimos era el dios del terror y Fobos era el dios de la huida y las derrotas en los campos de batalla.

En el arte clásico, los dos fueron representados como jóvenes —su equivalente romano era Timor—; Fobos, usualmente, tenía cabeza de león. De este último proviene el nombre de uno de los trastornos de ansiedad más recurrentes —distinto del miedo, común a todos los seres humanos—: la fobia.

«Para el hombre que teme, todo cruje». —Sófocles

La palabra miedo, por su parte, proviene del latín metus, miedo, origen exclusivo del español, el gallego y el portugués —medo—, que a su vez derivó en palabras como medroso y meticuloso —de ahí el cuidado exhaustivo de los detalles—, y en italiano se recogió la voz latina pavor, de donde se extrajo el italiano paura y el francés peur.

Como vemos, el miedo y la fobia son cosas distintas. El miedo, según el drae, se trata de una «perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario», o bien, «del recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.»

Las fobias aquejan a una de cada quince personas alrededor del mundo, y se caracterizan por tratarse de miedos o temores excesivos, irracionales e incontrolables: miedos generados por objetos o situaciones que no resisten un análisis lógico, es decir, que son exagerados o desproporcionados con respecto al motivo que los provoca.

En realidad, no podrían definirse únicamente como un miedo desenfrenado, sino como un temor irracional. Incluso, una misma persona, supongamos, un agorafóbico —aquel que tiene miedo a los lugares públicos—, puede sentirse cómodo al escalar una montaña o aventarse del bungee. Es curioso y apasionante. El ser humano, único y complejo como es, tiene la capacidad de sentirse atraído hacia objetos y situaciones peculiares —parafilias— y, por otro lado, de sentir fobia por motivos tan simples o extraordinarios, como los que a continuación se enlistan.

  • Caliginefobia o Venustrafobia. Miedo a las mujeres hermosas. Por eso dicen que la suerte de la fea…
  • Alliumfobia. Miedo al ajo. Como los mismísimos vampiros…
  • Consecotaleofobia. Miedo a los palillos chinos. Más bien a los africanos...
  • Genufobia. Miedo a las rodillas. Y a las faldas, por tanto…
  • Penterafobia. Miedo a la suegra. Más común de lo que parece…
  • Kakorrharfiofobia. Miedo al fracaso. Pues como diría Huidobro: ¿no ves que vas cayendo ya?
  • Hipopotomonstroesquipedaliofobia. Miedo a las palabras largas. Y nada tiene que ver con los hipopótamos.
  • Aritmofobia. Miedo a los números. Y con toda razón.
  • Gnosifobia. Miedo al conocimiento. Por eso estamos como estamos…
  • Clinofobia. Miedo a ir a la cama. Para dormir, espero…
  • Catisofobia. Miedo a sentarse. Y pobre de aquél al que se le junten.
  • Eisoptrofobia. Miedo a los espejos. Lo que le faltó a Narciso.
  • Fobofobia: Miedo a tener una fobia. ¡Qué ganas de sufrir…!

¿Cuál es tu fobia?

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