Desde la redacción

Los desfiguros de Georgia O’Keeffe

Mis amores, ando turisteando por esta bellísima región, que está llena de vistas espectaculares y de chismes de buena calidad, ya que aquí suele vacacionar la crema y nata de la sociedad neoyorkina. En esta ocasión, más que un chisme, les quiero pasar al costo una divertida anécdota que me contaron unos amiguitos.

Mis amores, ando turisteando por esta bellísima región, que está llena de vistas espectaculares y de chismes de buena calidad, ya que aquí suele vacacionar la crema y nata de la sociedad neoyorkina. En esta ocasión, más que un chisme, les quiero pasar al costo una divertida anécdota que me contaron unos amiguitos.

El promotor artístico y fotógrafo Alfred Stieglitz posee en esta zona su casa familiar. Como ustedes sabrán, este hombre de 63 años abandonó a su esposa en 1918 para irse a vivir con la pintora Georgia O’Keeffe, ahora de 40 años. En 1924, Stieglitz consiguió el divorcio y se casó con su Georgia en noviembre del mismo año.

Así que, desde esta primavera, Stieglitz y O’Keeffe pasan una temporadita en la bella casa que poseen a la orilla del lago. Es de esperarse que Georgia esté inspiradísima por la hermosura del lugar y al parecer está pintando una serie de cuadros que la harán más famosa aún que sus conocidas pinturas de flores y las fotografías que le ha tomado su marido —vestida y desnuda— desde que se conocieron, hace ya como ocho años.

El caso es que el matrimonio no está solo en casa. Alfred tiene una familia numerosa que gusta de vacacionar en la casa de Lake George, por tanto, generalmente está llena de primos, tíos, sobrinos y demás parientes del matrimonio de artistas. Alfred está acostumbrado al barullo, pero Georgia se desespera bastante, pues necesita paz para poder pintar a gusto, así que decidió instalar su estudio en una pequeña casita aledaña a la mansión, donde se encierra para no ser molestada mientras trabaja.

Pero un buen día, tres de los niños que vacacionan en el lugar andaban explorando, vieron la casita-estudio de Georgia y, sin saber qué sucedía en su interior, se asomaron por una rendija para enterarse. ¡Ay, hijitos! Cuál no sería la sorpresa que se llevaron estos chamacos al ver a la famosa artista Georgia O’Keeffe —que además es su tía— pintando un paisaje ¡completamente des-nu-da!

Al parecer, Georgia entró en calor mientras pintaba y quiso hacerlo con TOTAL libertad, al fin y al cabo… creía que nadie la molestaría. En cuanto los niños vieron a Georgia pintando encuerada intentaron escaparse sin que ella se diera cuenta, pero uno de ellos se tropezó, la artista oyó el ruido, abrió la puerta, y descubrió a los pequeños espías.

Me cuentan que Georgia nunca se ha destacado por tener un buen carácter, así que en esta ocasión, al creer que los niños llevaban un buen rato viéndola en traje de Eva —lo cual a lo mejor era cierto—, realmente se puso hecha una furia. Sin importarle su desnudez, se lanzó a corretear a los chiquillos un buen trecho, gritándoles de todo. Ellos, finalmente, lograron escapar de la encuerada, que aún enojada, regresó a su estudio para seguir pintando.

¡Ups! No es que quiera una enterarse de los hábitos de los artistas, ya se sabe que son un tanto excéntricos y que con tal de llevar su arte a buen fin pueden realizarlo como se les dé la gana. Pero el rumorcillo de que Gergia O’Keeffe pinta en cueros ha resultado bastante sustancioso y ya buena parte de los turistas de este paradisiaco lugar lo comenta ampliamente, por lo que está en vías de convertirse en chiste local para la posteridad.

Ni modo, Georgia, esta vez te tocó ser la comidilla del Lago, no sólo por tus ansias de libertad para pintar, sino por tus arrebatos de cólera. Ahora sí que, si te veo, mejor te saco la vuelta.

Au revoir!

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