Lewis Carroll… ¿pedófilo?

Lewis Carroll… ¿pedófilo?

Mis adorables criaturitas, ando paseándome plácidamente por la campiña inglesa. El paisaje es espectacular, pero más aún lo es el chisme que me encontré al visitar Oxford, capital del condado y hogar del diácono, matemático y escritor Charles Dodgson.

Oxfordshire, Inglaterra, junio de 1863

¿Pues qué se creen? El diácono Dodgson ha interrumpido misteriosamente su amistad con la familia Liddell, de quienes era inseparable. Se conocieron hace unos siete años, cuando los Liddell llegaron a vivir a la ciudad. A Dodgson le cayeron muy bien todos los miembros de esta familia, pero quienes más le gustaron fueron las tres hijas del reverendo Liddell: Lorina —14 años—, Alice —11— y Edith —9.

Y aquí es donde viene lo importante. ¿Por qué carambas el tal Dodgson les tiene un afecto especial a las pequeñas Liddell? Resulta que, al parecer, este diácono siente una… «peculiar atracción» por las niñas. Tanto así, que tiene un montón de amiguitas —además de Lorina, Alice y Edith— y carga consigo una maleta llena de juguetes para entretenerlas. Les cuenta historias, y se dice que en ocasiones ¡las sienta en sus piernas y las acaricia!

Eso no es todo. Una de las mayores aficiones de Dodgson es la fotografía, y realmente es muy bueno haciéndolo, pero su inclinación por las pequeñuelas hace que les tome fotos en diferentes poses —algunas muy sugerentes— y disfraces. Por ejemplo, a las Liddell las fotografió de geishas, de piratas y de mendigas. Destaca una de Alice —su favorita— en la que ella posa con unos harapos que se le deslizan por los hombros y la hacen ver como una pequeña vampiresa, ¡qué escándalo! ¡Y cómo los padres dejan que este tipo ande paseando a solas con sus niñas!

Para agravar la situación, se ha corrido el rumor de que el diácono posee muchas fotos de niñas en ropa interior, traje de baño… ¡y hasta desnudas! Lo que no se ha podido comprobar es si Dodgson ha ido hasta el fondo de sus apetitos carnales y ha intentado satisfacerlos en esos cuerpecitos infantiles. Bueno, hasta se me pone la piel chinita nada más de pensarlo.

Lo que sí es que ya se le cayó el teatrito, cuando menos con los Liddell. Se dice —lo sé de buena fuente— que el reverendo y su mujer han cortado sus relaciones amistosas con Dodgson y ya no le dejan ver a sus hijas debido a que… prepárense para leer esto, ¿eh?… ¡se atrevió a pedirles la mano de Alice, de sólo once años! ¡Y él tiene más de treinta! ¡Qué sofoco! Por supuesto que los Liddell se quedaron de una pieza y prefirieron negarle el acceso a su familia y su amistad.

Ahora Dodgson anda tristón, y lo único que lo consuela, al parecer, es una novela que está escribiendo, basada en una historia que inventó para entretener a su amada Alice y que a ésta le gustó mucho. El título tentativo es Las aventuras de Alicia bajo tierra y lo más seguro es que la publique con el seudónimo que ha usado en varios de sus artículos aparecidos en diversos periódicos y revistas: Lewis Carroll.

Au revoir!

  • Samuel Chavarría García

    Casarse a edad joven no estaba mal visto en la Inglaterra del siglo XIX. En ese tiempo se confiaba en la inocencia, y en las amistades genuinas de los profesores y la gente docta, como el caso también de James Barrie. No como ahora que cualquier distancia de edad es causa de alarma e indignación.

    Espero que esta nota sea paródica, porque si no, es realmente muy mala y desinformante.