Desde la redacción

Las reinas peladas de la Torre de Nesle

Chicos, les tengo una buena y varias malas: la buena es que ¡hubo boda! Se nos acaba de casar el rey Luis X de Francia con Clemencia de Hungría. La mala es que, sospechosamente, se casó justo después de quedar viudo de su primera esposa.

Chicos, les tengo una buena y varias malas: la buena es que ¡hubo boda! Se nos acaba de casar, en segundas nupcias, el rey Luis x de Francia con Clemencia de Hungría, una chica de 22 años. La mala es que, sospechosamente, se casó justo después de quedar viudo de su primera esposa, Margarita de Borgoña, de triste memoria.

Francia, agosto de 1315

Y a partir de aquí retrocedo unos cuantos años en el tiempo para contarles la trágica historia de Márgara y sus dos concuñas. Érase el rey Felipe iv de Francia, quien tenía cuatro hijos —en realidad fueron siete, pero tres murieron antes de alcanzar la edad adulta¬—: Luis, Felipe, Carlos e Isabel. Luis se casó con Margarita de Borgoña; Felipe, con Juana de Borgoña; Carlos, con Blanca de Borgoña —hermana de Juana—, e Isabel, con el rey Eduardo ii de Inglaterra.

Isabel —mejor conocida como «la Loba de Francia», y con justa razón— odiaba cordialmente a sus cuñadas y, según dicen, fue la que trazó fríamente un plan para hacerlas caer en desgracia. Les regaló unos lindos monederos que, en una visita que hizo a Francia a principios de 1314, vio en las manos de dos caballeros, los hermanos Gauthier y Phillipe d’Aunay. La «Loba» dedujo que estos hombres eran los amantes de las jóvenes y locuelas Margarita y Blanca, por lo que fue y las acusó con su papi, Felipe iv.

Obvio que el rey le creyó a su bella y malévola hija y, de inmediato, hizo aprehender a sus tres nueras: a Blanca y Margarita porque, efectivamente, tenían sendos amoríos con los d’Aunay, y de paso a Juana, porque estaba enterada del chisme y se había guardado el secreto. El escándalo cundió por media Europa: Margarita confesó que sostenía una relación adúltera con Phillipe, al igual que Blanca con Gauthier, y que el lugar de sus citas era la Torre de Nesle, situada a las orillas del río Sena.

El castigo fue ejemplar: las dos adúlteras fueron rapadas, vestidas con harapos y «guardadas» en un carruaje cubierto de lienzos negros. Desde ahí, las obligaron a ver cómo mataban a sus galanes. A los hermanitos d’Aunay les arrancaron la piel —¡en vivo y a todo color, obviamente!—, los cortaron en cachitos y sus partes nobles fueron echadas a los perros para que se las comieran. Todo esto en la plaza pública para que el mundo entero viera lo que le podía pasar si se osaba engañar a la familia real.

El carruaje que ocultaba a las princesas fue trasladado al castillo Gaillard —construido en el siglo xii por Ricardo «Corazón de León»—. Las encerraron en los helados y húmedos sótanos, mientras que a Juana la trasladaron a otro castillo y la pusieron bajo llave en una habitación menos incómoda.

Pasaron los meses y, en noviembre de 1314, que se muere Felipe iv, por lo que ascendió al trono de Francia su hijo mayor, Luis x y esposo de Margarita, y, pues, ni modo que esa mala mujer fuera reina, ¿verdad? Así que, misteriosamente, la mañana del 15 de agosto de este año, la pobre de Márgara amaneció muerta, quesque asfixiada por su propia cabellera, ¿cómo creen, si hacía unos meses que la habían rapado? Lo que cuenta el vulgo es que el mismísimo Luis la mandó matar para poder casarse con una mujer digna de su nobleza.

¡Ay, hijos!, contarles toda esta truculenta historia me ha dado sofoco, así que voy por mis sales, no sin antes comentarles que Juana ha sido perdonada y liberada, mientras que Blanca no pudo ir a la boda, ya que sigue encerrada en Gaillard.

Au revoir!

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