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Las pasiones de la reina Margot

Esta sí no me la esperaba...

Amores míos, pues qué les cuento. Por ahora me estoy hospedando en este poblado de Francia, ya que me han contado que el paisaje es una maravilla, y, lo más importante, hace unos cuatro años que se instalaron los reyes Enrique y Margarita de Navarra luego de su reconciliación, porque, ¡háganme el favor!, el hermano de Margarita, el rey Enrique III de Francia, y su mamá, la poderosa Catalina de Médici, tuvieron preso al de Navarra por más de dos años, por conflictos de religión que no voy a contar aquí.

Nérac, Francia, marzo de 1582

Lo que me interesa platicarles es cómo vive la corte en Nérac, pues es muy, pero muy interesante todo lo que aquí ocurre: una de enredos amorosos que no me van a alcanzar los renglones para contarlos. Pues, chicos y chicas, ¡los reyes tienen un matrimonio abierto! Cada quien yace con sus respectivos amantes. A Enrique le encantan las jóvenes damas de su bella esposa, y Margarita, mejor conocida como Margot, tiene un romance por todo lo alto con el caballerizo mayor de su hermano, el rey de Francia. Se trata de un chico guapísimo de nombre Jacques de Harlay.

Así están las cosas en el castillo de Nérac, donde, además, se respira el arte. Margot, muy aficionada a obtener conocimientos, tiene largas charlas con sabios como Michel de Montaigne y se codea con artistas y filósofos, con quienes conversa de los más profundos temas. Por su parte, su marido —para contentarla por sus correrías con las chicas de la Corte— le compra joyas, vestidos y demás aderezos para su belleza, pues han de saber que Margot, de blanca piel, rubios cabellos y esbelta figura, anda siempre al último grito de la moda, y taaaaan limpia y perfumada… al contrario de su majestad Enrique de Navarra, que, según dicen, no se baña y siempre apesta a sudor y ajos. ¡Qué horror!

Muy, pero muy abiertos

En fin. En Nérac, además del refinamiento impuesto por la reina Margarita, se respiran las pasiones prohibidas: por las noches se escuchan las correrías del monarca con sus amantes en turno, y se ve la sombra de un hombre penetrar en los aposentos de la reina. Por cierto que el caballerizo no ha sido su único amante. A éste le ha precedido una gran cantidad de galanes desde antes de vivir en Nérac, y aunque ha sido sumamente discreta, chicos, a fin de cuentas todo se sabe. Esto, por supuesto, no es digno de una mujer en estos tiempos, y menos si es una reina que se tiene que dar a respetar.

El caso es que entre el rey Enrique y la reina Margot jamás hubo amor y, por ahora, no existen más que una amistad y la necesidad de procrear un heredero al trono. Así que, aunque en Nérac han estado más o menos unidos, ya se está acabando este periodo de paz. Las indiscreciones sexuales de ambos monarcas están provocando inestabilidad entre sus súbditos, y se especula que hay maquinaciones políticas para que muy pronto Margot se vaya de Nérac y regrese al glamour parisino del Palacio del Louvre. Eso sí, nada tonta: se llevará con ella a su amado Jacques.

Au revoir!

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