Desde la redacción

Las nuevas adicciones I

Hay huecos que no se llenan nunca. Y espacios vacíos —como los de la canción— que, aunque son invisibles, duelen. Nuestros huecos nos determinan, nos hacen humanos, porque un animal no precisa más que su propia existencia para ser feliz.

What shall we use to fill the empty spaces?
[…] Shall we work straight through the night?
[…] Send flowers by phone? Take to drink? Go to shrinks?
Give up meat? Rarely sleep? Keep people as pets?[…]

«What Shall We Do Now?» Pink Floyd

—otras formas de llenar vacíos—

Hay huecos que no se llenan nunca. Y espacios vacíos —como los de la canción— que, aunque son invisibles, duelen. Nuestros huecos nos determinan, nos hacen humanos, porque un animal no precisa más que su propia existencia para ser feliz. Nosotros, en cambio, sabemos —y ya lo dijo Freud— que somos seres incompletos, con un vacío existencial: pero uno nunca se acostumbra a vivir con ese hueco. Y por lo pronto, probamos mil y una formas de llenarlos.

Es evidente que no somos adictos sólo porque sí. Hay un hueco que se esconde tras cada bachita en el cenicero, tras esas últimas copas de vino, tras cada taza de café que se deja vacía sobre el fregadero, como si cualquiera de estas prácticas se hubiera convertido en una compulsión. Bien dicen que lo que se hace una sola vez, puede que nunca se repita. Pero si se hace una segunda vez, seguramente habrá una tercera: entre el deseo y la solicitud del cuerpo, la voluntad sí que sale perdiendo. Somos lo que hacemos repetidamente, decía Aristóteles.

El drae, a su manera, define adicción como un «hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos». La verdad es que comparada con tal definición, hasta la reflexión de Aristóteles tiene más vigencia. ¿Pensarán que sólo quienes consumen drogas y quienes practican «ciertos juegos» sin control pueden llegar a ser adictos? Para mí que últimamente no han salido mucho de sus casas.

Viejas tradiciones

Es evidente que hablar de nuevas adicciones supone la existencia de algunas más viejas. Esto se debe a que el concepto como tal apareció hasta el siglo xx; antes se hablaba sólo de embriaguez —relacionada con el consumo de alcohol, el opio y otras sustancias depresoras—, luego se incluyeron el tabaco, la cocaína y las anfetaminas, y también se consideró la adicción al poder político y económico. Pero el concepto hoy también hace referencia a la dependencia compulsiva a otro tipo de prácticas.

¿Qué tanto es tantito?

Al ritmo de los cambios sociales y el desarrollo tecnológico, el hombre se ha apropiado de nuevas estrategias para adaptarse a un medio que lo determina. De pronto, casi sin darnos cuenta, ese placer por practicar ciertas actividades, por disfrutar lo que somos —y evadir lo que no hemos llegado a ser—, por estar en contacto con los otros y por presentarnos ante ellos de cierta manera, se transforma en una necesidad imbatible, resultado de una combinación de la influencia externa y la propia motivación de llenar los espacios vacíos de la forma que sea.

Es difícil aceptar que, de alguna forma, todos somos adictos a algo. Quizás ni siquiera lo habías considerado; sin embargo, en mayor o menor medida, todos tenemos comportamientos adictivos arraigados. Lo difícil es distinguir cuándo se ha cruzado la línea del gusto o el beneficio inmediato y se ha llegado a exacerbar el placer hasta convertirlo en algo dañino. Las características de una adicción son: dependencia, compulsividad, repetición, angustia, culpa —el «no lo vuelvo a hacer»— y, a menudo, el síndrome de abstinencia. Es decir, uno puede hacerse adicto prácticamente a cualquier cosa: sustancias, prácticas, comportamientos e incluso, personas. Sólo que algunas de ellas son más aceptadas que otras.

Conoce sobre las nuevas adicciones al Internet, al sexo, al ejercicio y a las compras, entre otras, en la participación de Karla Covarrubias la próxima semana.

Karla

Para contactar a Karla Covarrubias, jefa de redacción de Algarabía, síguela en Twitter como @karla_kobach.


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