Desde la redacción

La propuesta matrimonial del incasable Nietzsche

Pues queridos, con la novedad de que uno de los solteros más recalcitrantes de estos rumbos, al parecer, ha caído en las redes de una pasión. Se trata nada más ni nada menos que del filósofo Friedrich Nietzsche…

Pues queridos, con la novedad de que uno de los solteros más recalcitrantes de estos rumbos, al parecer, ha caído en las redes de una pasión. Se trata nada más ni nada menos que del filósofo Friedrich Nietzsche, de 38 años, quien, según me dijeron fuentes harto fidedignas, se rindió a los encantos de una rusa de poco más de 20 años llamada Lou Andreas-Salomé.

Leipzig, Alemania, otoño de 1882

La chica en cuestión es una aspirante a escritora que anduvo viajando por Italia durante el verano en compañía de su madre. En dicho viaje, conoció al filósofo y escritor Paul Ree, quien a su vez le presentó a su amigo Nietzsche.

Qué les cuento, queriditos, que los dos amigos se enamoraron de la Lou y andaban arrastrando la cobija por la muchacha, tanto así que Friedrich llegó ¡a pedirle matrimonio!, cuando se habían conocido apenas unos días atrás. ¡Vaya verano que se han de haber pasado los tres «amigos» en la bella Italia!, porque las pasiones se encendieron al máximo.

El caso es que por poco y termina todo en tragedia. Les decía que Nietzsche —que, dicen, nunca ha andado muy bien de la cabeza, por más filósofo que sea— se encaprichó con Lou, lo mismo que su amigo Ree, pero ella, nada tonta, les dijo que NO a los dos, pues es demasiado joven para casarse y quiere ver mundo y conocerse a sí misma antes de formalizar con alguien.

Nietzsche se puso frenético y hasta amenazó con suicidarse, así que Lou y Paul decidieron poner tierra de por medio y dejar que Friedrich se fuera a curar sus heridas en Rapallo, una comuna italiana donde escribe una obra que, según me han chismeado, es una de las más importantes de este hombre, al parecer tiene algo que ver con Zaratustra —ya le daremos una leída cuando la publique.

Al parecer, por ahora se han calmado un poco los ánimos entre los protagonistas de este triángulo amoroso, pero siempre quedan las habladurías, y una de ellas, es que hubo una cuarta en discordia: Elisabeth, la hermana menor de Nietzstche. ¡Ay, pequeños! Esto está que arde… Me contaron que a Friedrich y Elisabeth los une un cariño un tanto distinto que el de los hermanos, o sea, que son medio incestuosos, por lo que Eli, al enterarse de que su adorado hermanito bebía los vientos por alguien que no es ella, inventó algunos rumores en contra de Lou que acabaron para siempre con el poco cariño que hubieran podido profesarse el filósofo y la escritora.

¡Qué barbaridad! No pensé que los filósofos se pudieran perder así en estos laberintos pasionales. Y una cosa más. Tuve la oportunidad de leer una carta que Nietzsche, en medio de la desesperación, le escribió a su amada Lou y ¡vaya que estaba ardido por su negativa! Porque le dice de todo: que si es fría, egoísta, cruel y sensualota… ¡le llama «depredador disfrazado de animal doméstico», háganme el favor! ¡Hasta dónde vamos a llegar con estos intelectuales!

Au revoir!

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