Desde la redacción

La astronomía antes del telescopio

Casi tan vasta como el Universo, la historia de la observación de los cielos y su influencia en todas las culturas del orbe es igual de infinita.

Casi tan vasta como el Universo, la historia de la observación de los cielos y su influencia en todas las culturas del orbe es igual de infinita. Surgida de la incertidumbre del ser humano ante la naturaleza y de la necesidad de encontrar formas para contar el tiempo o navegar por los mares, la astronomía —antiguamente vinculada con la astrología— se convirtió en una de las ciencias más rigurosas a partir del descubrimiento del telescopio.

Escudriñar en la composición, desplazamiento y ubicación de los cuerpos celestes ha tenido como resultado, no solamente algunos de los avances científicos y tecnológicos más relevantes de la historia, sino la posibilidad de soñar con otros mundos y un horizonte inagotable de sorpresivos descubrimientos. Esta selección de datos y acontecimientos obedecen al concepto y el conocimiento que se ha tenido del cosmos antes del uso del telescopio.

Año Suceso
ca. 30 000 a.C. De esta época se han encontrado calendarios rudimentarios en extremo Oriente y Europa, realizados en huesos sobre los que se tallaron los ciclos lunares u otros fenómenos estelares.
ca. 4000 a.C.
En Mesopotamia, los templos llamados zigurats se usan como observatorios.
3379 a.C. Las ruinas mayas registran con precisión un eclipse lunar el 15 de febrero de ese año. Esta cultura se distingue por su notable conocimiento del movimiento de los astros.
ca. 3000 a.C. Los egipcios adoptan un calendario de 365 días, el mismo tiempo que tarda la Tierra en completar una vuelta alrededor del Sol.
ca. 3000 a.C. No se tienen registros tangibles, pero en China inicia el desarrollo de la astronomía para contabilizar los cambios de clima durante las estaciones del año.
ca.2500 a.C.
Se comienza a construir el complejo neolítico Stonehenge. La posición de sus monolitos señala la salida y la puesta del Sol y la Luna en cada solsticio —cuando el Sol está en su posición más alta o más baja.
ca.2000 a.C.
Se construye el templo de Amón Ra, en Karnak, Egipto, orientado según el solsticio de verano. Años después también se construyen las pirámides de Giza, orientadas de la misma manera. Estas edificaciones dan cuenta de los avanzados conocimientos astronómicos del antiguo Egipto.
ca.1300 a.C. Indicios de observaciones estelares demuestran que los chinos concebían al Universo como una naranja que colgaba de la estrella polar, a la que dividieron en 284 constelaciones ubicadas en 28 «casas» o segmentos.
763 a.C. En Babilonia se predice un eclipse solar. A partir de este fenómeno, los babilonios calculan la periodicidad de los eclipses, describen el llamado «ciclo de Saros» —aún en uso— y registran con precisión la revolución de los planetas.
585 a.C. Una leyenda cuenta que el 28 de mayo de ese año, Tales de Mileto predijo un eclipse solar; investigaciones recientes apuntan a que el descubrimiento se le atribuyó posteriormente.
s. V a.C. Filolao, discípulo de Pitágoras, propone que la Tierra, el Sol, la Luna y los planetas giran alrededor de un fuego central oculto por una «contratierra» interpuesta.
s. V a.C. En todo el Mediterráneo se establece el «sistema geocéntrico», que permaneció casi sin alteraciones por más de 2000 años y que se sustentaba en tres principios: los planetas, el Sol, la Luna y las estrellas se mueven en órbitas circulares perfectas; la velocidad de todos los astros es perfectamente uniforme; la Tierra se encuentra en el centro exacto del movimiento de los cuerpos celestes.
s. IV a.C.
En China se escribe el Chou pei suan ching, un tratado en el que se describe el concepto del kai t’ien —que significa «el cielo como cubierta»—, el cual propone que el cielo y la Tierra son planos y se encuentran separados por una distancia de 80 mil li —un li equivale a medio kilómetro aproximadamente.
ca. 400 a.C. Los babilonios comprueban que el desplazamiento del Sol y la Luna de oeste a este no tiene una velocidad constante y logran determinar con exactitud la aparición de las «lunas nuevas».
ca. 400 a.C.
Euxodo sugiere que el cosmos es un conjunto de 27 esferas concéntricas que rodean a la Tierra, la cual también concibe como una esfera.
ca. 350 a.C.
Platón y Aristóteles agregan al sistema de Euxodo no menos de 55 esferas en cuyo centro se encontraba, inmóvil, la Tierra.
ca. 270 a.C. Aristarco de Samos afirma que los movimientos celestes pueden explicarse mediante la hipótesis de que la Tierra gira sobre su eje una vez cada 24 horas y que, junto con los demás planetas, gira en torno al Sol. Esta explicación es rechazada por la mayoría de los filósofos de su época.
ca. 255 a.C. A Eratóstenes se le atribuye la invención del astrolabio esférico que continúa usándose hasta el siglo xvii.
ca. 235 a.C. Eratóstenes calcula, con 98.5% de precisión, la circunferencia de la Tierra en 39,375 kilómetros usando el ángulo de las sombras durante el solsticio de verano
s. II d.C. En China el kai t’ien se torna demasiado complicado para cálculos prácticos y cae en desuso. Al mismo tiempo, surge un nuevo concepto del Universo: la teoría del hun t’ien —cielo envolvente—, según la cual «el cielo es como un huevo de gallina, tan redondo como una bala de ballesta; la Tierra es como la yema del huevo, se encuentra sola en el centro. El cielo es grande y la Tierra pequeña».
s. II d.C. Hiparco de Nicea determina la posición de poco más de mil estrellas —las clasifica de acuerdo con la magnitud de su brillo— y utiliza este mapa estelar para medir los movimientos planetarios. Sus estudios permitieron la creación de la trigonometría.
ca. 140
Claudio Ptolomeo escribe el Hè Megalè Syntaxis —El gran tratado—, más adelante llamado Almagesto, que se convierte en el catálogo por antonomasia para estudiar los astros hasta la Alta Edad Media.
773 Al Mansur —califa abasí de Bagdad— ordena traducir y preservar los Siddhantas, obras astronómicas de origen hindú.
829 Al Mamúm —otro califa abasí— fomenta la construcción del observatorio astronómico de Bagdad.
s. IX
Al Battani —un genio de la astronomía árabe— trabaja en su observatorio a orillas del río Éufrates para determinar y corregir las principales constantes astronómicas. Sus mediciones sobre la oblicuidad de la eclíptica y precesión de los equinoccios son más exactas que las de Claudio Ptolomeo.
ca. 1054
En China se registra una supernova, que puede verse incluso durante el día, dentro de la constelación de Cáncer —nebulosa del Cangrejo.
1084 El rey Alfonso vi conquista Toledo, lo que da lugar a la traducción de los libros de ciencias del árabe al latín. Con ello renace el interés por la astronomía —entre otras ciencias— en Europa.
s. XI Astrónomos árabes como Averroes, Abúqueber y Alpetragio, rechazan los epiciclos de Ptolomeo —cuatro siglos antes que los investigadores del Renacimiento—, pues según sus estudios los planetas deben girar alrededor de un cuerpo central.
1262 Mohammed Ibn Hassan, con la ayuda de astrónomos chinos, culmina con éxito la construcción del observatorio del Maragheh.
1272 Alfonso x «el Sabio» fomenta la traducción de libros sobre el estudio de los astros, en especial los de procedencia árabe y judía. Esto origina la difusión del conocimiento por toda Europa y coincide con la fundación de las universidades de Oxford, Bolonia y París, entre otras ciudades.
1300
Dante Alighieri hace una descripción del Universo en su Comedia, cuyo centro es la Tierra, seguida por la Luna, el Sol, los planetas, las estrellas, una esfera cristalina que engloba a todos los astros y, al final, el Paraíso.
1519
Fernando de Magallanes realiza la primera descripción de las nubes que llevan su apellido: conjuntos de galaxias que pueden observarse desde el hemisferio austral de la Tierra.
1543
Se publica de forma póstuma De revolutionibus orbium cælestiumSobre el movimiento de las esferas celestes—, obra de Nicolás Copérnico, en la que indica que el Sol ocupa el centro del cosmos, la Luna gira alrededor de la Tierra y ésta, como los demás planetas, describen revoluciones en torno al Sol. La Iglesia católica renegaría de su obra durante casi 200 años.
1563
El astrónomo danés Tycho Brahe, sin telescopio, es el primero en establecer un método sistemático para la observación de los astros, a la que se dedica por más de 20 años.
1572 Brahe registra la aparición de una «estrella nueva» en la constelación de Casiopea. Al año siguiente la bautiza como Nova —de ahí que se les llame «supernovas» a las estrellas que alcanzan su máxima luminosidad antes de explotar—; este descubrimiento cuestiona la supuesta inmutabilidad del cielo, así como los movimientos que observó sobre algunos cometas desmienten la teoría de las esferas

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