Desde la redacción

Iván «el Terrible»: sanguinario forjador de Rusia

Ésta es una breve semblanza de cómo surgió el reino con mayor extensión territorial de la historia a partir de uno de sus gobernantes más crueles.

La «historia oficial» indica que el Imperio Ruso se extendió de 1721 a 1917, pero sus orígenes se remontan al siglo xvi. Ésta es una breve semblanza de cómo surgió el reino con mayor extensión territorial de la historia a partir de uno de sus gobernantes más crueles.

Moscú, Rusia, 1539.

Aunque Iván iv Vasílievich fue coronado Gran Príncipe de Moscú desde 1533 —a tres años de nacido—, los clanes boyardos envenenaron a su madre cuando Iván cumplió 8 años y se repartieron el dominio del entonces principado de Moscú.

Los príncipes Shuisky —el más temible de los clanes boyardos— asumieron el control del gobierno y encarcelaron o asesinaron a todo aquél que apoyara al único sobreviviente de los Vasílievich: Iván, quien, abandonado a su suerte, comenzó a vivir oculto como un mendigo por el palacio del Kremlin.

Cuando los Shuisky se topaban con el asustado Iván, lo disfrazaban con vestimentas reales y lo sentaban en el trono con un cetro en la mano para burlarse de él y de cuanto representaba. Iván fue testigo de cómo los Shuisky asesinaron a golpes al Metropolitano —un jerarca de la Iglesia rusa— y de otros que intentaron apoyarlo por ser el heredero legítimo al trono. Iván siempre se comportó como un inofensivo idiota ante los Shuisky; éstos no lo consideraron un peligro y lo dejaron rondar por el palacio como si se tratara de un bufón.

29 de diciembre de 1543.

Iván —con apenas 13 años de edad— en plan de juego, hizo llamar al príncipe Andrei Shuisky a su habitación. Éste, acostumbrado a golpear a Iván «para entretenerse», acudió de inmediato. Al llegar ahí, el «monarca espurio» se sorprendió de encontrar la habitación llena de guardias reales, quienes lo aprehendieron y, por órdenes de Iván, lo arrojaron a una celda para ser devorado por perros hambrientos.

Durante los días siguientes y del mismo modo sorpresivo y despiadado, Iván iv Vasílievich ordenó arrestar, asesinar o desterrar al resto de los Shuisky y a sus aliados de Moscú.

Los boyardos quedaron tan aterrados por el intempestivo comportamiento de Iván y por la repentina ofensiva con la que recuperó el poder, que le pusieron el apelativo de «el Terrible».

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Foto: Viktor Vasnetsov, Iván «el Terrible» (1897)

Los zares

Contra lo que persiste en el imaginario colectivo, el término «zar» —del ruso царь / tsar— no implicaba un rango imperial, sino que fue adoptado por Iván iv como un símbolo al cambiar la naturaleza de la monarquía rusa en 1547, cuando se casó con Anastasia Romanovna Zajárina y quién dio nombre a la célebre dinastía de los Romanov —que permaneció en el poder de 1613 a 1917, cuando estalló la revolución socialista.

Anastasia Romanovna fue primordial para controlar el carácter violento y los desvaríos mentales de Iván iv. Con ella tuvo seis hijos: Anna, María, Dmitri, Iván, Eudoxia y Feodor.

La investidura del zar produjo un nacionalismo ruso sin precedentes y originó cierto temor en las principales potencias occidentales, que bloquearon el principado de Moscovia para que el gobernante no recibiera asesoría ni armamentos de origen europeo. Esto acarreó una severa crisis económica que animó al clero y a los boyardos a conspirar contra el zar.

El término zar derivó del latín caesar; fue sugerido por un jerarca religioso para emparentar a Iván iv con los césares romanos y así fuera más respetado.

Los centenarios boyardos

Los boyardos eran los jefes de grandes clanes familiares y podían movilizar a decenas de miles de personas para servicios militares desde la época del principado ucraniano de Kiev —considerada «la madre de las ciudades rusas»— desde el siglo viii. Los boyardos también controlaban la producción agrícola y tenían sometidos a los campesinos, quienes vivían aterrados por sus crueles métodos de control.

En 1553, a la edad de 23 años, Iván «el Terrible» cayó enfermo. Al borde de la muerte, pidió a los boyardos que juraran fidelidad a su heredero. Muchos titubearon y otros se negaron. Con ello, Iván comprobó que los boyardos sólo esperaban su muerte para destruir a su familia.

Cuando el zar «se recuperó milagrosamente» —había exagerado su enfermedad para comprobar quiénes estaban con él o en su contra—, la mayoría de los líderes boyardos se refugiaron en los territorios de los principales enemigos de Rusia: Polonia y Lituania, desde donde empezaron a conspirar para destituir al monarca.

En 1558, el zar comenzó la guerra contra Livonia—actuales Estonia y Letonia— para conseguir una salida al Mar Báltico. Esto trajo como consecuencia que Polonia, Lituania y Suecia se unieran contra Rusia.
En 1560, su esposa Anastasia de pronto cayó enferma y murió sin que los médicos pudieran explicar el origen de su mal. Iván supuso que los boyardos la habían envenenado; sin ella —la única que lograba controlar sus impulsos de ira—, comenzó a fraguar la peor de sus venganzas.

Aunque Iván «el Terrible» había expulsado a la mayoría de los boyardos de Moscú, éstos aún detentaban el poder económico y territorial de Rusia.

La «estrategia» del zar

Tras la muerte de su esposa, Iván se convirtió en un gobernante autoritario y déspota. Pasaba de la euforia a la depresión absoluta. Ordenó decenas de masacres sin motivo alguno y eso, en lugar de intimidar a sus enemigos, funcionó para intimidar a su pueblo.

La situación se agravó cuando Andrei Kurbski —hasta entonces uno de los principales aliados del zar— huyó a Lituania y comenzó a reunir tropas para ocupar Moscú y asesinar a los simpatizantes de Iván «el Terrible». Por otro lado, los tártaros querían invadir Rusia, los nobles emigrados apoyaban otra incursión militar desde el oeste y los boyardos incitaban a motines y revueltas en varios puntos del país. Ante tal panorama, si el zar decidía enfrentar a un enemigo, sería vulnerable ante los demás.

La mañana del 3 de diciembre de 1564, cientos de trineos llenaron la plaza que se extiende ante el Kremlin. Estos trineos iban cargados con los tesoros del zar y provisiones para toda su corte: la familia real abandonaba la ciudad mientras el pueblo los observaba incrédulos. Sin dar explicaciones, el zar se estableció en una pequeña población al sur de Moscú. La gente entró en pánico, pues pensaron que se avecinaba la tan anunciada invasión y que el zar los había abandonado a la crueldad de sus enemigos. Todos los comercios cerraron y Moscú se convirtió en un pueblo fantasma en el que nadie salía de su casa; ni siquiera los rebeldes o los espías se explicaban lo ocurrido.

Poder absoluto o guerra civil

Justo a un mes de su «exilio», el zar publicó una carta en la que mencionaba que, harto de las traiciones de los boyardos, había decidido abdicar de forma inmediata e irrevocable. La lectura pública de este mensaje causó un efecto inusitado en las principales poblaciones rusas: comerciantes y burgueses salieron a las calles armados con palos o con sus herramientas cotidianas a manifestar su apoyo al zar y con la amenaza de exterminar a sus enemigos.

Al poco tiempo, un grupo de delegados —con representantes de la nobleza, la Iglesia e incluso los boyardos— fueron a la aldea donde se había refugiado Iván «el Terrible» y le suplicaron que volviera a ocupar el trono. El zar rechazó su propuesta.

Al cabo de varios días de súplicas, Iván «el Terrible» les planteó dos alternativas: o le otorgaban el poder absoluto o buscaban un nuevo gobernante. Forzados a elegir entre el gobierno déspota y cruel que representaba el zar o una guerra civil inminente, los jerarcas aceptaron su propuesta.

De la venganza a la tragedia familiar

En 1565, se creó el llamado sistema de Opríchnina —término originado por el vocablo опричь/opric', que significa ‘aparte’—, que consistió en una administración territorial encabezada por los oprichniks —guardia personal de Iván «el Terrible»— y que se hizo célebre por su abuso de autoridad contra la población.

Por extensión, la Opríchnina marcó la etapa más cruenta y despiadada del zar, quien durante siete años intensificó sus purgas políticas y la represión contra sus opositores.

En 1570, el zar descubrió que sus principales enemigos se encontraban refugiados en Nóvgorod y ordenó destruirla por medio de los oprichniks, quienes saquearon e incendiaron la ciudad, dejando un saldo de 30 mil muertos. Una vez que el zar derrotó a Suecia y exterminó a la Orden Teutónica, disolvió el sistema de Opríchnina.

En noviembre de 1580, durante una severa discusión con su hijo mayor, Iván «el Terrible», en un arranque de ira, lo asesinó de un bastonazo.

Luego de matar a su hijo, Iván «el Terrible» declaró: «Desde los tiempos de Adán hasta este día, he sobrepasado a todos los pecadores. Bestial y corrompido, he ensuciado mi alma».

Eso terminó de desquiciar al zar: se aisló en la brujería —entre otras supersticiones— y empezó a perder su autoridad como gobernante.

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Foto: Ilya Repin, Iván «el Terrible» y su hijo (1885).

Luego de gobernar durante 27 años y de perder la guerra contra Livonia, el zar tuvo que devolver a Suecia y Polonia los territorios ocupados.

Durante su reinado, el zar conquistó Siberia, estableció un nuevo código penal, centralizó el poder en Moscú, fundó instituciones de atención popular y formó su propio cuerpo armado, los Streltsí, cuyos miembros eran recompensados con parcelas de tierra para fortalecer el poder del monarca —frente al que detentaban la aristocracia y los boyardos—, además de reorganizar y modernizar el ejército.

A pesar de su sanguinario sistema de gobierno, Iván «el Terrible» sentó las bases de la nación rusa que, más adelante, Pedro «el Grande» convertiría en un imperio.

¿Quieres saber más sobre Iván y otros hijos de puta? lee «Déspotas, tiranos y otros hijos de puta» de Algarabía editorial

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Crédito foto: English School, Ivan The Terrible, gouche sobre papel.

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