Desde la redacción

Isabel de Francia, una loba muy hambrienta

¡Amorcillos míos! Ni se imaginan la calidad del chisme que les traigo hoy.

Todo el pueblo londinense está a la expectativa de lo que ocurrirá cuando lleguen aquí la reina Isabel y sus aliados, dispuestos a derrocar al rey Eduardo ii, de quien están francamente hartos. Pero primero les cuento qué onda con la serie de triángulos amorosos —más que triángulo, esto ya es un polígono— que se han formado antes de este evento, en el que el rey de Inglaterra se enfrentará... ¡a su propia esposa!

Londres, Inglaterra, octubre de 1326.

En enero de 1308 se celebró en París un infeliz matrimonio: el del rey Eduardo ii de Inglaterra, de 24 años, con la bella Isabel Capeto, hermana del rey de Francia, de sólo 12 años —y se tardaron en casarse, porque ya llevaban diez años comprometidos—. Desde un principio, la reina se la pasó muy mal en Inglaterra, porque su maridito, en lugar de rendirle homenaje a su belleza, le ponía el cuerno... ¡pero con un hombre! Un joven soldado llamado Piers Gaveston, que nada más por ser el favorito de Eduardo, se sentía más reinita que Isabel, con decirles que hasta le quitó sus joyas para usarlas en la Corte... ¡un escándalo, mis niños!

En fin, que Isabel tuvo que vérselas con el tal Gaveston y después —cuando éste fue ejecutado durante una guerra civil— con otros «galanes» que acapararon la atención del voluble rey: Hugh Despenser padre y Hugh Despenser hijo, que se convirtió en el nuevo amante de Eduardo. La reina ya estaba fastidiada de estas humillaciones, así que, despechada, partió a Francia, donde además de ser muy bien recibida por su hermano mayor, Carlos iv, se encontró con algunos nobles ingleses que se habían refugiado en la Corte gala tras ser perseguidos por Eduardo de Inglaterra.

Entre estos se encontraba Roger Mortimer, un caballero de muy buen ver, por lo que pasó lo inevitable: la reina se enamoró de él y se hicieron amantes. Como no disimulaban para nada su mutua afición, el chisme le llegó a Eduardo hasta Londres. Se sintió muy ofendido y le exigió a su cuñado Carlos que exiliara a Isabel de Francia por desvergonzada. Obvio que el monarca francés no peló a Eduardo, hizo como que la corría de su reino, pero permitió que siguiera reuniéndose con los caballeros ingleses para planear la venganza en contra del marido.

Para esta época, los ingleses que todavía sentían lealtad hacia Eduardo ii le pusieron a Isabel el apodo de «la Loba de Francia», por aquello de su amante, cerrando los ojos a que Eduardo había andado «de perro» con los muchachitos. Total que finalmente Isabel y Roger partieron de Francia y hace un par de semanas llegaron a las costas inglesas. Me cuentan que a su paso por varias poblaciones han conquistado el favor de otros nobles ingleses que no soportan a Eduardo, así que se avecina una nueva guerra civil.

Yo les recomiendo que cuiden a Eduardo —dicen que ya está haciendo su equipaje para emprender la graciosa huida— y a los dos Despensers, porque esta vez «la Loba» no está indefensa, viene muy bien acompañada, sedienta de venganza y hambrienta de poder.

Au revoir!

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