Desde la redacción

Gian Lorenzo Bernini, loco de ira por una mujer

¡Ay, Bernini! ¿Qué has hecho? Queridos, el escándalo ha cundido por Roma entera: el escultor oficial del papa Urbano VIII nos ha dejado ver su violento carácter ¡al tratar de matar a su propio hermano, Luigi!

¡Ay, Bernini! ¿Qué has hecho? Queridos, el escándalo ha cundido por Roma entera: el escultor oficial del papa Urbano viii, quien lo llamó «el arquitecto de Dios» por la belleza de sus obras, nos ha dejado ver su violento carácter ¡al tratar de matar a su propio hermano, Luigi!

Así es, chicos. Y claro que la furia del bienamado Bernini no ha sido para menos, pues, ¿qué creen?, el pequeño Luigi le andaba comiendo el mandado a su hermano mayor. Déjenme empezar por el principio: Gian Lorenzo Bernini, nacido en 1598, fue un artista precoz. Se dice que a los 8 años hizo sus primeras tallas en madera, y que a los 17 ya era un talentoso escultor, muy apreciado por quienes veían su trabajo.

Ser un niño prodigio le desarrolló un ego enorme. Imagínense que su propia madre decía que Gian Lorenzo se creía el «rey del mundo», y que, desde los 20 años, se sentía parido por los dioses. El caso es que pasó el tiempo, y en 1636, cuando Bernini tenía 38, entró a trabajar en su taller un nuevo asistente llamado Mateo Buonarelli, quien llegó acompañado de su bella y joven esposa, Constanza. En cuanto la vio, Gian Lorenzo la deseó y, más temprano que tarde, se hicieron amantes.

Pasaron meses de pasión durante los cuales Bernini esculpió un busto de Constanza donde ella aparece con los labios entreabiertos y el escote pronunciado, como si acabara de tener un encuentro amoroso con su adorado Bernini. Pero todo por servir se acaba, y este idilio ha terminado de una forma por demás trágica.

Quién sabe cómo, pero, de alguna manera, Gian Lorenzo se enteró de que Constanza le estaba siendo infiel, así que le tendió una trampa: una tarde, le dijo que saldría de la ciudad y llegaría hasta el día siguiente. Obviamente, se quedó para seguirla, y cuál fue su sorpresa al ver que la taimada se reunía… ¡con su propio hermano! Y se fundían en un abrazo tan íntimo que al «arquitecto de Dios» se le encendió el cerebro, la ira le nubló la razón y se arrojó sobre la pareja. Le puso a Luigi una corretiza por media Roma y, cuando lo alcanzó, empezó a pegarle sin piedad con una barra de hierro; si no llega la policía y se lo quita de encima, Luigi, a estas alturas, sería cadáver.

Pero ahí no paró la cosa: el cornudo artista envió a la casa de los Buonarelli a un criado, quien se metió hasta los aposentos de la inconstante Constanza y le rajó en tiras la cara, dejándola marcada de por vida y tan traumada que ya ha sido trasladada a un hospital.

Todavía está la ciudad conmocionada por el escándalo Bernini. Por ahora se sabe que el criado que hirió a Constanza cumplirá una condena en prisión, y ya se ha turnado una demanda contra ella por adúltera. Luigi se recupera de diversas contusiones y dos costillas rotas, mientras que su hermano, Gian Lorenzo…

¡Pues a Gian Lorenzo le ha ido muy bien! Como se lleva de piquete de ombligo con el papa, éste únicamente le ha dado una cariñosa reprimenda y le ha prometido que le conseguirá a la muchacha más bella de Roma para casarlos, y así se le pase la calentura por Constanza. Para cumplir con el papeleo, Bernini —sin pisar la cárcel— ha pagado una multa de 3 mil escudos, quedando así libre de culpa por su intento de asesinato.

¿Cómo ven, chicos? Ahora sí estoy creyendo que Gian Lorenzo Bernini es, verdaderamente, el «rey del mundo».

Au revoir!

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