Desde la redacción

Expresiones con palabras olvidadas

Muchas expresiones que se usan desde hace tiempo, y que todos entendemos, incluyen una o más palabras cuyo significado hemos olvidado porque están ocultas en los arcanos de un lenguaje que, al usarse, va cambiando.

Muchas expresiones que se usan desde hace tiempo, y que todos entendemos, incluyen una o más palabras cuyo significado hemos olvidado porque están ocultas en los arcanos de un lenguaje que, al usarse, va cambiando.

Un primer ejemplo lo tenemos en la expresión «estar del cocol». Para los mexicanos, el nahuatlismo cocol —de cocolli, 'tamal de maíz y frijol amasado con miel'— es un rombo, o más específicamente un panecillo que tiene forma de rombo, cubierto de ajonjolí y con sabor a anís, pero además, el drae señala que la frase «irle a alguien del cocol» se trata de una expresión coloquial mexicana que significa «irle a alguien muy mal» y, por su parte, el Diccionario de Mejicanismos de Santa María registra la expresión «quedar del cocol» como un vulgarismo que significa «quedar mal o indecorosamente» en una actividad o empresa.

Otra frase que casi podría ser un refrán y que cada vez se usa menos es «decirlo de chía pero ser de horchata», y significa «tú lo dirás de broma, pero es verdad». La expresión hace alusión a las aguas frescas típicas mexicanas. La de chía —del náhuatl chia o chian— es un agua de limón con semillitas de chía —una planta parecida a la salvia— que remojadas en agua sueltan una especie de baba y son muy refrescantes. La de horchata —del latín hordeata 'hecha de cebada', quizá por conducto mozárabe—es de origen español, y generalmente se hace con granos de arroz machacados, exprimidos y mezclados con agua y azúcar. Una es más clara y menos consistente, la otra es más blanca y espesa —por ello la analogía.

Otra frase muy mexicana es «chupar faros», que significa «morirse, perecer, petatearse». Esta expresión alude a la marca de cigarros Faros, quizá porque son los cigarros tradicionalmente más económicos y, por lo tanto, está más cerca de morirse el que los fuma que el que fuma otra cosa. Viene de ahí también la frase «¡Ay, farito, ni que fueras luquistray!», debido al contraste de los Faritos con los Lucky Strike, unos cigarrillos estadounidenses que, por ser importados y caros, eran símbolo de gente rica y pudiente.

No es raro que, antes de chupar faros, uno «comience a chochear». Expresiones como «¡Ése ya está chocheando!» o «¡Ya empezó con sus chocheces!» utilizan derivaciones de chocho, voz onomatopéyica que alude a alguien que tiene debilitadas las facultades mentales por efecto de la edad, pero chochea también aquel que está tan enamorado o lelo que, de puro cariño, empieza a conducirse como el que chochea.

La expresión «en un santiamén» quiere decir «en un instante, en un dos por tres, súbitamente», y viene de la costumbre de persignarse, rezar o bendecir pronunciando las palabras latinas Spiritus Sancti, amen —o sea, el final de: «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén», que generalmente se dice en vilo, rápido y, como dice mi amigo Eduardo, «como queriendo acabar ya»—.

«De oquis» es una expresión que se refiere a hacer algo de balde o inútilmente. Oquis viene del árabe haqq que significa «retribución o propina». Durante la ocupación mora en España al término se le añadió la preposición de y se convirtió en «de oque», y así llegó a México durante la conquista, hasta que se «naturalizó» y se convirtió en «de oquis». El Diccionario de Santa María menciona dos obras —ambas de 1939— donde se alude a la expresión «de oquis» como «de gratis, gratuitamente, sin resultado, sin provecho», y pone como ejemplo: «El dos me resulta guango, no di oquis es número uno el batallón de Durango», como parte de la lírica del corrido popular «El gavilán», según texto de Francisco Castillo Nájera.

Para referirnos a alguien flaco, desgarbado, como colgado, podemos decir que está o es ñango. Originalmente, la palabra ñanga se refería a la carne que tenía cartílagos o nervios, ésa que es toda pellejuda, y quizá por extensión, comenzó a utilizarse para designar personas. El drae refiere la expresión como un mexicanismo que designa a alguien «desmedrado, enclenque». Por su parte, Santamaría dice que: «En Michoacán vale como ñengo en Tabasco, flaco, débil, enclenque, desmedrado. En Cuba dicen ñangado, muy usado en la región para designar a un individuo flaco, desforzado».

Es probable que si alguien está muy ñango también tenga «piernitas de chichicuilote», es decir, que tenga piernas flacas como de pájaro. Y no cualquier pájaro, los chichicuilotes —del náhuatl tzitzicuilotl o atzizicuilotl— son unas aves pequeñas de color gris, pico largo y delgado, y piernitas de hilo.

Pero si le dices a alguien que está ñango y tiene piernitas de chichicuilote corres el riesgo de que «se arme la de San Quintín», es decir, algo muy importante y grande, un gran revuelo, una gran trifulca. Esta antigua expresión alude a la Batalla de San Quintín, que ocurrió cuando, tras haber sido invadido en 1556 el reino de Nápoles por las tropas francesas, Felipe II ordenó a las tropas españolas que se encontraban en los Países Bajos españoles invadir Francia. Las tropas españolas invadieron San Quintín, que se rindió a los 17 días de asedio. Como consecuencia —la más señalada— del triunfo, el soberano español dio la orden de construir el monasterio de El Escorial en las afueras de Madrid.

Si no se te arma la de San Quintín, quizá te toque que te «den una tunda». «Dar una tunda» es una expresión muy usada por las mamás, que implica un castigo físico. Quizá algunos hemos olvidado el significado de tunda, un sustantivo que viene del verbo tundir, del latín tundere, y que significa «castigar con golpes, palos o azotes». Una tunda es la acción y efecto de tundir, y el lector es libre de imaginar lo que eso conlleva.

Una estrategia para evitar que te den una tunda es «hacerte guaje», es decir «hacerte el bobo, el desentendido». La palabra guaje viene del náhuatl hoatzin o hoaxin y designa a los frutos cuya cáscara sirve para hacer vasijas y flotadores —por ahí otro dicho: «no necesito guajes para nadar»—. Al estar vacíos, por extensión, los guajes se asemejan a alguien hueco, bobo o tonto.

Hasta aquí, lector, las expresiones que nos han llegado a la mente o cuyo significado nos han preguntado. Si usted tiene otras cuyo origen conoce o, al revés, desea conocer, por favor no se haga guaje y háganoslas llegar.


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