El o la yoga y el teléfono descompuesto

El o la yoga y el teléfono descompuesto

Pareciera que en un intento precipitado por popularizar algo llamado «yoga»1 Usaré el yoga o la yoga de forma indistinta, ya que en español, este sustantivo se usa como masculino o femenino: «el yoga» si se trata de un conocimiento, y «la yoga» si se trata de una disciplina., muchos gurúes de pacotilla, con tal de ganar dinero, no se han molestado en investigar en qué consiste realmente, y la ven sólo como un deporte novedoso, como un entretenimiento, y lo peor, como un producto muy redituable.

Swami Gitananda Giri Gurumaharaj2 Patrono y presidente de muchas organizaciones de yoga alrededor del mundo. Fue elegido por el gobierno de la India como parte del cuerpo de gobierno del Centro de Investigaciones de Yoga y Neuropatía, puesto que ocupó hasta su muerte en 1993.

La imagen me es muy clara: una pareja de jóvenes de treinta y pocos años salen del gimnasio en un barrio trendy, de los que están de moda en cualquier metrópoli del mundo —llámese México, Nueva York, Buenos Aires o París—. Portan una vestimenta muy a la usanza new age: ella, lycras color malva, un top sin mangas y huaraches muy abiertos de cuero; él, unos pants delgaditos de algodón orgánico color caqui y unas chanclas de pata de gallo de una marca cara; ambos llevan sendas bolsas con sus tapetes de yoga Louis Vuitton, enrollados al hombro.

Después de pedir una bebida energética y una Coca light, prenden un cigarro —también light—, se despiden de beso y cada uno toma su camino. Él se sube a su Mini Cooper y ella, a una camioneta todo terreno. Él habla por su iPhone con «Dios-sabe-quién» y dice: «Vengo de la yoga, ca’, no sabes, ¡qué ondón!», mientras ella manda un mensajito en su BlackBerry que dice: «No, goee…, con esta clase de yoga, seguro sí enflaco dos kilos».

Con esta anodina escena como ejemplo, preguntémonos: ¿Dónde nos perdimos?
¿En qué momento una religión, filosofía y doctrina oriental de lo más compleja, disímbola y enriquecedora, pasó a ser una actividad de gimnasio, un puro y simple acondicionamiento físico sin ton ni son, una moda —que como todas será pasajera— en la que cada vez hay más vertientes, todas ellas superficiales, desenfocadas y triviales? ¿Cómo y por qué una práctica que implicaba la vocación, la disciplina estricta y la dedicación del individuo de por vida es hoy una clase que dura una hora —a lo sumo— dos veces por semana? ¿Quién es el causante de semejante divulgación barata, de ese «teléfono descompuesto» que hoy nos vende relajación, flexibilidad y buen cuerpo al 2 x 1 y con un mínimo esfuerzo, lunes y miércoles de 7 a 8?

No tengo la respuesta, pero trataré de profundizar —a grandes rasgos y sin pretensión de lograrlo del todo— en los orígenes del yoga y en su evolución a aquello a lo que ahora nos remite el término; porque el yoga, en realidad, es una sabiduría que ha pasado de boca en boca durante milenios dentro de la tradición de las religiones del Valle del Indo, y porque además habría que entender a fondo cada una de las corrientes y pensamientos que ahí surgieron, los cuales van desde la filosofía hindú primigenia hasta el budismo zen y más allá, y porque, además, en estas pocas páginas no lograríamos explicar toda una forma de concebir el mundo y segmentar una realidad que rebasa nuestros límites occidentales.

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De filosofía y religión

La filosofía hindú es la suma de diversas doctrinas religiosas complejas y de distinta índole cuyo origen está íntimamente ligado a la historia de la India, que desde la antigüedad fue un auténtico crisol de culturas, las cuales con el tiempo se fusionaron y dieron como resultado varias doctrinas que se desarrollaron sobre todo en el ámbito religioso. A grandes rasgos, y para el tema que nos compete, las doctrinas hinduistas podrían dividirse en dos:

̄astika —en las que Dios existe—: aceptan la autoridad de Los Vedas —textos muy antiguos, base de la religión védica—, como el hinduismo en todas sus ramas.

n ̄astika — en las que Dios no existe—: doctrinas que rechazan la autoridad de Los Vedas y a las cuales, por lo tanto, los hinduistas consideran ateas; por ejemplo, el ayivika y el jainismo. En realidad, entre las doctrinas que aquí se incluyen, sólo el chárvaka3 Chárvaka fue un filósofo materialista indio que vivió en el siglo VII a.C. y fundó una escuela de filosofía con el mismo nombre, abiertamente ateísta y empírica, que tuvo seguidores por lo menos hasta 1578. Su doctrina ha sobrevivido a través de textos jainistas, budistas e hinduistas. y el budismo podrían clasificarse como ateas.

La doctrina del ioga o yoga tomó grandes préstamos de la filosofía teórica del samkhia,4 Es considerada como la más antigua de las doctrinas de la India y se basa en las ideas del escritor Kapilá. Se trata de la primera descripción conocida del modelo del Universo; su filosofía lo explica como compuesto de tres realidades eternas: éter, inteligencia y naturaleza o materia. v. Mircea Eliade, El yoga: inmortalidad y libertad, fce, 2004; 329 pp. que forma parte de la ̄astika, pero difiere de ella en que no sólo integra el concepto de un Dios personal a su visión del mundo metafísico —como lo hace también el samkhia— sino que afirma que Dios es un modelo sobre el que se debe meditar porque está dentro de uno mismo. El objetivo del yoga es la liberación —mukti— de las ataduras del alma con la materia, es decir, la unión del ser con el resto del Universo.

yoga. La palabra yoga tiene origen en el sánscrito, la lengua sagrada de la India hablada por los brahmanes, quienes integraban la casta sacerdotal más relevante del hinduismo. El sánscrito pertenece a la familia indoeuropea —al igual que el latín, el griego, el inglés y, por supuesto, el español—, y agrupa una gran cantidad de idiomas empleados en casi toda Asia y Europa, con orígenes comunes muy distantes.

En sus orígenes, el yoga se consideraba el principio fundamental de un orden personal, social y cósmico, desarrollado en una parte de la Tierra conocida como Bharata —India—, e incluía una gran cantidad de actitudes que cada individuo debía tener consigo mismo y para con los demás, con un sentido ético y moral. Se trataba de una enseñanza única, de maestro a discípulo, un modus vivendi y una cultura que consistía no sólo en técnicas y prácticas, sino también en una ideología determinada, una dieta restringida, hábitos de limpieza y de oración, trabajo e interacciones sociales.

El yoga considera que el objetivo de la vida humana es salir del ciclo eterno de renacimientos o reencarnaciones —llamado samskara—, y obtener la liberación del ser, para lo que es necesario regresar a la fuente de la cual venimos; para esta doctrina, la felicidad que nos dan las cosas externas es momentánea y fugaz, y las ataduras e implicaciones de la vida terrenal son aparentes. Por ello, para liberarnos, debemos buscar el contacto con nuestro dios interno.

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Desde el origen

Se han encontrado sellos de piedra con figuras de posturas de yoga de avanzada dificultad, que datan aproximadamente del 4500 a.C.; en una de ellas aparece el dios Shiva con tres caras —que representan el presente, el pasado y el futuro— realizando una postura para liberar la energía kundalini desde la raíz hasta la coronilla.

Las primeras pruebas escritas se encuentran en las escrituras védicas —de los cuatro libros Vedas—, particularmente en el Rig-veda y en el Atharva-veda, las cuales se remontan al año 2500 a.C. En Occidente, la parte más conocida del libro es la última, donde se incluyen los Upanishads, tratados y poemas filosóficos y místicos que exploran la naturaleza del alma humana. En ellos se encuentra la base de las enseñanzas yóguicas y la filosofía sobre la realidad o conciencia absoluta; por ejemplo, en el verso 2.12 se explica: «El cuerpo del yogui se ve purificado por el fuego de la yoga y se libera de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte», y más importante, en el 2.13 se mencionan los beneficios de esta disciplina, principalmente «liviandad y salud del cuerpo, ausencia de deseo, una complexión luminosa, una voz placentera, un olor dulce y menos secreciones».

En los tan mentados poemas épicos, el Ramayana de Valmiki y el Mahabharata de Vyasa, que datan del 500 a.C., surgen dos grandes textos que narran las encarnaciones de Dios, y en ellos se tratan temas morales y filosóficos. Una parte importante del Mahabharata es el Bhagavad Gita, que consta de 18 capítulos, en los que se discuten distintos aspectos de la teoría y práctica yóguicas.

Conoce más sobre el origen de la yoga y su historia a través de los años en Algarabía 86.

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María del Pilar Montes de Oca Sicilia no cree en Dios, ni en la reencarnación, ni en la otra vida; tampoco cree en ninguna religión ni doctrina y cuantimenos en ningún gurú, pero desde hace años practica yoga a diario porque ella dice que «siente que le hace bien», lo que ya es mucho decir.

Referencias:

  1. Usaré el yoga o la yoga de forma indistinta, ya que en español, este sustantivo se usa como masculino o femenino: «el yoga» si se trata de un conocimiento, y «la yoga» si se trata de una disciplina.
  2. Patrono y presidente de muchas organizaciones de yoga alrededor del mundo. Fue elegido por el gobierno de la India como parte del cuerpo de gobierno del Centro de Investigaciones de Yoga y Neuropatía, puesto que ocupó hasta su muerte en 1993.
  3. Chárvaka fue un filósofo materialista indio que vivió en el siglo vii a.C. y fundó una escuela de filosofía con el mismo nombre, abiertamente ateísta y empírica, que tuvo seguidores por lo menos hasta 1578. Su doctrina ha sobrevivido a través de textos jainistas, budistas e hinduistas.
  4. Es considerada como la más antigua de las doctrinas de la India y se basa en las ideas del escritor Kapilá. Se trata de la primera descripción conocida del modelo del Universo; su filosofía lo explica como compuesto de tres realidades eternas: éter, inteligencia y naturaleza o materia. v. Mircea Eliade, El yoga: inmortalidad y libertad, fce, 2004; 329 pp.