Desde el palco

Te prometo anarquía (2015)

En el panorama del cine mexicano actual es raro encontrar propuestas fílmicas que rebasen esa enorme zona gris en la que no hay riesgos.

El más reciente filme del cineasta chicano Julio Hernández Cordón ofrece algo en su título que, de entrada, se antoja repelente para una audiencia acostumbrada a la corrección política: Anarquía o la pretensión de la misma.

En Te prometo anarquía, Hernández Cordón nos presenta a Miguel y Johnny, entrañables amigos desde la infancia y encarecidos amantes en su juventud que pasan sus tardes en patinetas y obteniendo dinero vendiendo su sangre en el mercado negro, pero todo se complica en una riesgosa transacción para ambos, poniendo a los amantes en bizarro jaque.

A partir de esta historia Hernández Cordón crea un fresco urbano de refrescante dinamismo que no carece de baches narrativos y algunas decisiones, por decir lo menos, controversiales.

Hernández Cordón plantea una visión de la juventud que expone el vacío del ocio y cómo se llena con vigorosa intensidad, de manera muy similar a su divertida, aunque irregular, Las marimbas del infierno (2011), otro filme que se mueve gracias a la relación central que existe al centro. Hernández Cordón, cual experimentado documentalista, logra que la interacción entre Johnny (Eduardo Eliseo Martínez) y Miguel (Diego Calva) se sienta natural y auténticamente audaz.

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Además la cámara de Hernández Cordón es increíblemente ágil y tan trepidante como sus incansables personajes, su fotografía de una suciedad sumamente atractiva, y una banda sonora de gran amplitud. Sin embargo, Te prometo anarquía decae en su último acto,  deja una serie de importantes cabos sueltos sin una evidente necesidad de resolverlos, al contrario, podría parecer que a Hernández Cordón abandona el filme en un acto de solitaria anarquía.

Esto podría frustrar, con razón, a varios espectadores, que esperarían que el cineasta cerrará satisfactoriamente lo planteado por el filme, pero de ser así, probablemente el filme se estaría traicionando a sí mismo y a su promesa titular. La anarquía, en cualquiera de sus variables, no responde a lógica o estructura, asienta su libertad con la misma contundencia que una patineta cuando cae al asfalto después de una acrobática proeza. El problema aquí es que una promesa tan grande, no se puede cumplir en su totalidad.

 

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