Desde el palco

ELLE: La máscara del deseo

Una mirada a una nueva moral: Cualquiera puede encontrar la manifestación más retorcida de sí mismo.

El deseo es un arma ambivalente: por un lado otorga un poder único a quien es capaz de generarlo por diversos medios, al mismo tiempo que consume y corroe a quien lo experimenta, al punto de que logre transgredir todo tipo de límites.

Elle: Abuso y seducción (2016) es la nueva película del cineasta holandés Paul Verhoeven, genio barroco detrás de la condena tecnocrática de Robocop (1987), del poderoso alegato feminista de Showgirls (1995) y de la grotesca sátira militar Starship Troopers (1997). En esta ocasión se disuelve en el más sobrio estilo del cine francés para presentar una historia única –en más de un sentido.

La película, basada en la novela Oh…, de Phillipe DeJean, presenta la historia de Michelle –Isabelle Hupert– la poderosa jefa de una compañía que hace videojuegos sumamente explícitos de violencia y sexualidad, quien un día sufre una violación en su propia casa por un misterioso hombre con pasamontañas.

La reacción de Michelle, lejos del llanto, la conmiseración y el dolor que podríamos esperar, es sorpresivamente natural y serena.

Después de limpiar, tomar una relajante ducha en tina y ordenar un rico sushi, Michele se determina a identificar a su agresor, al mismo tiempo que debe lidiar no sólo con un blandengue y mediocre hijo que se deja manipular por su mujer, sino también con su ex esposo que la presiona con una ridícula idea para un videojuego, su madre obsesionada por un fantoche gigoló, y por si fuera poco, con la sombra de los terribles crímenes de su padre, que años después la atormentan como ceniza perpetua.

–Acércate también a conocer El Mal

Inicia como un denso thriller al estilo del cineasta francés Claude Chabrol –Les biches (1967); Le Boucher (1969)– y termina convirtiéndose en una brutalmente sutil denuncia a la manera en que la tradición católica nos convierte a quienes experimentamos deseo en perversos entes; un enfoque que parece evocar el agudo anticlericalismo de Luis Buñuel –La edad de oro, (1930); Susana, (1951).

Aunado a la complejidad de la película, existe un negrísimo sentido del humor que permea la filmografía de Verhoeven, y que en Elle es equilibrado de manera milagrosa por la actuación de la gran diva del cine francés: Isabelle Huppert.

Verhoeven toma todos estos elementos para hacer una película que tiene un tono cambiante, dinámico y sumamente hábil.

La actriz gala, acreedora al Globo de Oro y nominada al Premio de la Academia, encarna su personaje con la dosis necesaria de sensualidad, ironía, inteligencia y poder, sin embargo, Huppert se mantiene estoica frente al reto, como el gato de Michele que presencia la violación, y lo supera con incontables creces.

Tanto actriz como cineasta exploran la toxicidad del deseo cuando se vive bajo un dogma religioso que condena, y no sólo eso, que también permite su goce bajo una identidad distinta.

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