Dunkerque: heroísmo en retirada
Desde el palco

Dunkerque: heroísmo en retirada

Escrita y dirigida por Christopher Nolan, el largometraje Dunkerque es una triple historia que —transcurriendo durante una semana, un día

Dunkerque reúne los elementos necesarios para tener ocho nominaciones en los Premios Oscar 2018, incluidas las categorías de mejor película, mejor director y mejor fotografía.

La historia nos relata un fragmento diminuto de la segunda guerra mundial, pero es más que suficiente para crear la atmósfera tensa que mantiene al espectador activo a lo largo de las casi dos horas en las que se extiende. El director de la cinta, Christopher Nolan apenas nos sitúa, pues se trata de una versión de la Operación Dínamo, una misión históricamente reconocida y ciertamente mistificada por sus compatriotas; una campaña ejecutada por la armada británica para librar a unos 400 mil hombres, asechados por los alemanes que rodean una minúscula zona del puerto de la ciudad francesa, Dunkerque, donde se aglutinan los aliados franceses y británicos en cantidad más o menos equiparada.

El dinamismo espacio-temporal juega un importante papel; por un lado, una serie de planos generales minimizan a los soldados, los aíslan y los advertimos tan susceptibles e indefensos tal y como lo expresan sus rostros expuestos en planos más íntimos; y por otro lado, tenemos una variación en el tiempo para quienes están en tierra, aire y mar. Tres historias confluyen en el clímax de una forma tan bien estructurada que —de no ser porque nos es anunciado—, no nos daríamos cuenta tan fácilmente.

Una particularidad eminente en la fotografía de Hoyte van Hoytema, —en esta responsabilidad que le confiere la cantidad reducida de diálogos en un guion del mismo Nolan—, es el constituir un enemigo casi invisible, ya que lo único que se muestra de él son algunos disparos al inicio y avionetas con aparición fugaz. Hoytema recurre a la percepción de las emociones en miradas y gestos; no miramos un conjunto heroico de soldados luchando valientemente, sino un grupo temeroso de hombres que añoran su hogar, el cual pueden casi mirar desde el puerto, el clásico ‘tan cerca y tan lejos’.

La parte heroica vuela en aviones Spitfire y navega en un grupo de barcos de vapor, transbordadores, y pequeños yates. Mientras que por aire, Farrier (Tom Hardy) y dos pilotos más, se ocupan de librar a los barcos de ataques de aeronaves alemanas, piloteando contra el tiempo —condicionado por su combustible—, por mar avanza una flota de civiles para rescatar a los casi aprisionados en Dunkerque, pues los buques militares están confinados a resistir el ataque alemán que se presagia tan próximo como caiga esa última zona francesa. De entre la flota, destaca la historia de un padre, su hijo, acompañados por George (Barry Keoghan), quienes realizan su labor de rescate sin tener que llegar a la costa.

La sensación que se convierte en una entremezcla por el contraste en los desenlaces   —fatal para algunos y casi esperanzador para otros—, imposibilita la percepción de un final, pues es sabido que la guerra ha de continuar. Inclusive se prevé una situación aún más oscurecida. El final de la misión ubica a Tommy (Fionn Whitehead) y a Alex (Harry Styles) en un vagón de tren con la lectura del diario del día; un mensaje esperanzador y optimista en una obra bélica que naturalmente, tiene tintes patriotas.

Sin necesariamente ser, a la opinión de muchos, la mejor película de Nolan —pues tiene un historial difícil de superar—, Dunkerque será, sin duda, una fuerte competente en todas las categorías a las que está nominada en los Premios de la Academia. Y si por alguna razón no la has visto, mira aquí el tráiler, ya que sin duda, es una película que tienes que ver.

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