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Desde el palco

Don Juan Tenorio

«Don Juan Tenorio» es una de las obras de teatro más conocidas en nuestro país, ya que es una tradición representarla cada año.

El 28 de marzo de 1844 se escenificó por vez primera Don Juan Tenorio en Madrid, España. De este país proviene la costumbre de montarla cada año en Día de Muertos, debido a su «argumento de fantasmas y voces de ultratumba».1 Luis Reyes de la Maza, El teatro en México durante el Segundo Imperio; México: Imprenta universitaria, 1959.

México adoptó la tradición y hoy no podemos dejar de pensar en el Tenorio cuando se acerca noviembre. Particularmente hubo tres estrenos significativos de la obra en nuestro país:

Primera llamada... primera. 7 y 8 de diciembre de 1844. Don Juan Tenorio se presentó por primera vez en México en el Teatro de Santa Anna —que después cambiaría su nombre a Teatro Nacional—, ocho meses después de su estreno en España. Ambas funciones tuvieron llenos totales y el —en aquella época— famoso actor Antonio de Castro actuó de Don Juan.

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Segunda llamada... segunda. 1 de noviembre de 1863. El Teatro de Iturbide montó Don Juan Tenorio justo en esta fecha, imitando la costumbre española. Desde entonces, la representación del Don Juan se hace cada Día de Muertos, a fin de «prolongar en el teatro y por la noche el trato familiar con la nunca temida muerte».2 Salvador Novo, prólogo a José Zorrilla, Don Juan Tenorio y El puñal del godo; México: Porrúa, 1974.

Tercera llamada... tercera... ¡comenzamos! 4 de noviembre de 1865. Una memorable representación de Don Juan Tenorio se realizó en lo que hoy es el Salón de Emperadores de Palacio Nacional. El emperador Maximiliano contrató al mismísimo autor, José Zorrilla —que vivió en México de 1855 a 1866—, como director de la Compañía Imperial de teatro.

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Zorrilla se estrenó en su cargo con la primera parte del Tenorio en honor de la emperatriz Carlota, quien sabía de memoria fragmentos de la obra. Poco después, Zorrilla pidió permiso para viajar a España, pero jamás regresaría a México debido a la caída del Imperio.

Don Juan: el personaje

Existen referentes del mito de Don Juan desde el siglo xvi en la tradición literaria española —El infamador (1581), de Juan de la Cueva y Tan largo me lo fiais (1617), de Andrés de Claramonte—, pero el arquetipo del seductor que no respeta ninguna ley humana ni divina y que busca deshonrar a las mujeres quedó consolidado en El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630), de Tirso de Molina.

En la obra de Tirso, Don Juan Tenorio 
busca deshonrar en Nápoles a la duquesa Isabela haciéndose pasar por su novio. Ella lo descubre y Don Juan, en su intento de huida, termina en la habitación del rey, quien ordena su captura. Don Juan logra escapar, pero en su viaje naufraga en Tarragona, donde engaña y seduce a una mujer que lo había salvado de la muerte.

Ya en Sevilla, Don Juan es obligado a casarse con Isabela, pero él no cumple su compromiso y en cambio conquista a Ana de Ulloa, para luego matar 
a su padre —don Gonzalo de Ulloa— en un duelo. Al final —por una intervención fantasmal—, Don Juan «paga por sus pecados» y es arrastrado a los infiernos; así, todas las mujeres que deshonró son vengadas y pueden por fin casarse con sus pretendientes.

La leyenda de Don Juan sirvió de inspiración a Molière, Mozart, Espronceda, Lord Byron, Pushkin y, por supuesto, a José Zorrilla.

 

 

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