#101 Algarabía Del mes

Neuronas vs. libre albedrío

El concepto de libre albedrío ha sido, desde la Antigüedad, una preocupación de muchos pensadores que se han preguntado en qué medida el ser humano se encuentra libre de influencias al momento de elegir y actuar.

El concepto de libre albedrío —definido como la potestad de obrar por reflexión y elección— ha sido, desde la Antigüedad, una preocupación de muchos pensadores que se han preguntado en qué medida el ser humano se encuentra libre de influencias externas o «superiores» al momento de elegir y actuar. Esta idea está siendo cuestionada una vez más, ahora por parte de la neurociencia.1 Tomado y adaptado de «Neurons versus Free Will», en la revista Intelligent Life, marzo-abril 2012. [Trad. Emilio Rodríguez Montemayor. Todas las notas son de la edición.]

En cada época se encuentran nuevas razones para poner en duda la certeza de la libertad humana. Los antiguos griegos pensaban que Ananké, la fuerza primordial de la necesidad o compulsión, y sus hijas, las Moiras, manejaban las vidas humanas; incluso algunos griegos con mentalidad científica, como Leucipo en el siglo v a.C., concluyeron que el movimiento de los átomos era controlado por Ananké, de modo que «todo pasa... por necesidad».

La libertad a lo largo del tiempo

Los teólogos medievales tenían una preocupación diferente, pues intentaban conciliar la idea de la libertad humana con la de que Dios tiene conocimiento previo de todas las acciones. Y desde la revolución científica del siglo xvii, los filósofos han lidiado con la idea de un universo supeditado a las invariables leyes de la naturaleza. Este espectro del «determinismo» es una variante de la idea griega de la necesidad, sólo que con evidencia matemática y experimental que la sustenta.

Al inicio del siglo xx, la naciente ciencia de la psicología también debilitó la idea del libre albedrío: las teorías de Freud sobre los impulsos inconscientes sugirieron que las raíces de nuestros actos no son las que creíamos. Y luego vino la neurociencia, que a menudo pinta un panorama aún más sombrío: entre más averiguamos acerca del funcionamiento del cerebro, menos probable parece la existencia de una conciencia autónoma. Entonces, ¿en qué punto de la cadena de eventos que llevan a una acción, podría encontrarse tal conciencia?

Las investigaciones sobre el cerebro realizadas por el psicólogo Daniel Wegner en 2002, concluyen que la voluntad consciente es «una ilusión», lo que han confirmado otros investigadores. Por ejemplo, Sam Harris —escritor estadounidense, especialista en neurociencia y religión— opina que el libre albedrío «no puede conciliarse con nuestra comprensión del mundo físico», y que las raíces de nuestro comportamiento «pueden rastrearse hasta llegar a eventos biológicos de los cuales no tenemos conocimiento consciente».

Ahora hay señales alentadoras de lo que podría llamarse un «contragolpe al cerebro». Casi nadie duda que la materia gris en nuestros cráneos sustenta nuestros pensamientos y sentimientos, en el sentido de que un cerebro funcional es necesario para nuestra vida mental —esta idea no es nueva, ni siquiera moderna: Hipócrates la proclamó desde el siglo v a.C.—; pero los neurocientíficos apoyan cada vez más la idea de que estudiar las fluctuaciones de la actividad cerebral puede ser una forma engañosa de entender la mente: muchas de las actividades que nos caracterizan como seres humanos no suceden dentro de nuestros cráneos.

Conoce más sobre el cerebro y la voluntad en la versión impresa de Algarabía 101.

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