#95 Algarabía Del mes

El papel de las especias

Una de las más graves tragedias vividas por Europa fue la caída del Imperio Romano. La secuencia de violencias y las penosas condiciones de vida de la época elevaron las tasas de mortalidad y la falta de pimienta —potente afrodisiaco— los privó de compensar las pérdidas de vidas.

—y de la pimienta en particular—  en el desarrollo económico de la Edad Media1

—primera de dos partes—

Hace ya algunos años, publicamos un extracto de un ensayo de Carlo Maria Cipolla,2 en el que se exploran —con un humor mordaz y una lucidez deslumbrante— las leyes fundamentales de la estupidez humana, al tiempo que intenta explicar su proliferación. En la misma obra —Allegro man non troppo (1988)—, el economista e historiador italiano expone una teoría que vincula la expansión comercial europea durante la Edad Media con las supuestas bondades afrodisiacas de la pimienta. Aquí, un fragmento que presentamos en dos partes.

Una de las más graves tragedias vividas por Europa en los siglos remotos fue la caída del Imperio Romano. Cuando el ejército de los godos, acaudillado por Alarico, saqueó Roma en el verano del año 410, San Jerónimo escribió: «Se ha apagado la luz más brillante del mundo» y, con profunda angustia y un temblor en las piernas, tuvo el valor de añadir: «Si Roma puede perecer, ¿nos queda algo seguro?».

Los historiadores modernos no coinciden en las causas que motivaron la decadencia del Imperio romano. Un sociólogo estadounidense ha presentado la tesis brillante y original de que la decadencia de Roma fue debida al progresivo envenenamiento por plomo de la clase aristocrática romana. Envenenados por el plomo y, por tanto, estreñidos, estériles y afectados por la «aristotanasia», los romanos no fueron capaces de contener a los bárbaros. La consecuencia fue una ruina general y profunda.

Inicio de la Edad Media

Así comenzó la Edad Media, cuyos primeros siglos son llamados en inglés los «siglos oscuros» —Dark Ages—. En la oscuridad suceden cosas extrañas. En la oscuridad de la Alta Edad Media,3 la sociedad se organizó en tres estamentos. Felipe de Vitry, secretario de Felipe VI de Valois, lo explicó así: «Uno se encargó de rezar al Señor Dios Padre; el segundo se dedicó al comercio y a la agricultura, y para proteger de las injusticias y agresiones a las otras dos clases, se crearon los nobles».

La pertinaz secuencia de violencias y las penosas condiciones de vida de la época elevaron las tasas de mortalidad. Al mismo tiempo, el comercio con Oriente iba languideciendo y, en consecuencia, la pimienta oriental se convirtió en Occidente en un bien cada vez más raro y costoso. La pimienta —todo el mundo lo sabe— es un potente afrodisiaco. Privados de pimienta, los europeos a duras penas consiguieron compensar las pérdidas de vidas. La población disminuyó; las ciudades se despoblaron. Perdida ya toda esperanza de alcanzar una vida mejor en este mundo, la gente fue depositando sus esperanzas en la vida del más allá, y eso la ayudó a soportar la falta de pimienta en esta tierra.

Solamente los tontos podían contemplar el futuro con optimismo. Los inteligentes sentían ante él un horror sobrecogedor. Lo único que faltaba era que aparecieran los terribles jinetes del Apocalipsis, tal como había sido anunciado por los profetas. Todo el mundo estaba resignado y convencido de que tal acontecimiento sucedería la medianoche del día 31 de diciembre del año 999, pero —con gran estupor por parte de todos— los jinetes del Apocalipsis no hicieron acto de presencia. Esta falta de asistencia a la cita señaló el turning point de la historia europea.

Conoce qué ocurrió en la Europa occidental y durante las cruzadas en el artículo completo en Algarabía 95 y espera próximamente la segunda parte.


1 Trad. María Pons. [N. del E.]

2 v. «¿Por qué hay tantos estúpidos?» en De todo como en botica II, Colección Algarabía, México: Editorial Lectorum y Editorial Otras Inquisiciones; pp. 28-32.

3 La Alta o Temprana Edad Media corre desde la caída del Imperio Romano en el año 476 hasta el año 1000. [N. del E.]


Carlo Maria Cipolla nació en Pavía, Italia, en 1922. Estudió en la Universidad de Pavía, en la Sorbonne de París y en la London School of Economics. En sus ensayos combinó con originalidad y solidez la aproximación de la macrohistoria con el estudio de la microhistoria, cubriendo un amplio rango de temas económicos y culturales.

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