Del mes

Avances Algarabía | El o la yoga y el teléfono descompuesto

Pareciera que en un intento precipitado por popularizar algo llamado «yoga»[1], muchos gurúes de pacotilla, con tal de ganar dinero, no se han molestado en investigar en qué consiste realmente y la ven sólo como un deporte novedoso, como un entretenimiento, y lo peor, como un producto muy redituable. Swami Gitananda Giri Gurumaharaj[2] La imagen […]

Pareciera que en un intento precipitado por popularizar

algo llamado «yoga»[1], muchos gurúes de pacotilla, con tal

de ganar dinero, no se han molestado en investigar en qué

consiste realmente y la ven sólo como un deporte novedoso,

como un entretenimiento, y lo peor, como un producto muy

redituable.

Swami Gitananda Giri Gurumaharaj[2]

La imagen me es muy clara: una pareja de jóvenes de treinta y pocos años salen del gimnasio en un barrio trendy, de los que están de moda en cualquier metrópoli del mundo —llámese México, Nueva York, Buenos Aires o París—. Portan una vestimenta muy a la usanza new age: ella, lycras color malva, un top sin mangas y huaraches muy abiertos de cuero; él, unos pants delgaditos de algodón orgánico color caqui y unas chanclas de pata de gallo de una marca cara; ambos llevan sendas bolsas con sus tapetes de yoga Louis Vuitton, enrollados al hombro. Después de pedir una bebida energética y una Coca light, prenden un cigarro —también light—, se despiden de beso y cada uno toma su camino. Él se sube a su Mini Cooper y ella, a una camioneta todo terreno. Él habla por su iPhone con «Dios-sabe-quién» y dice: «Vengo de la yoga, ca’, no sabes, ¡qué ondón!», mientras ella manda un mensajito en su BlackBerry que dice: «No, goeee…, con esta clase de yoga seguro sí enflaco dos kilos».

Con esta anodina escena como ejemplo, preguntémonos: ¿Dónde nos perdimos? ¿En qué momento una religión, filosofía y doctrina oriental de lo más compleja, disímbola y enriquecedora, pasó a ser una actividad de gimnasio, un puro y simple acondicionamiento físico sin ton ni son, una moda —que como todas será pasajera— en la que cada vez hay más vertientes, todas ellas superficiales, desenfocadas y triviales? ¿Cómo y por qué una práctica que implicaba la vocación, la disciplina estricta y la dedicación del individuo de por vida es hoy una clase que dura una hora —a lo sumo— dos veces por semana? ¿Quién es el causante de semejante divulgación barata, de ese «teléfono descompuesto» que hoy nos vende relajación, flexibilidad y buen cuerpo al 2 x 1 y con un mínimo esfuerzo, lunes y miércoles de 7 a 8?

No tengo la respuesta, pero trataré de profundizar —a grandes rasgos y sin pretensión de lograrlo del todo— en los orígenes del yoga y en su evolución a aquello a lo que ahora nos remite el término; porque el yoga, en realidad, es una sabiduría que ha pasado de boca en boca durante milenios dentro de la tradición de las religiones del Valle del Indo, y porque además habría que entender a fondo cada una de las corrientes y filosofías que ahí surgieron, las cuales van desde la filosofía hindú primigenia hasta el budismo zen y más allá, y porque, además, en estas pocas páginas no lograríamos explicar toda una forma de concebir el mundo y segmentar una realidad que rebasa nuestros límites occidentales.

De filosofía y religión

La filosofía hindú es la suma de diversas doctrinas religiosas complejas y de distinta índole cuyo origen está íntimamente ligado a la historia de la India, que desde la antigüedad fue un auténtico crisol de culturas, las cuales con el tiempo se fusionaron y dieron como resultado varias doctrinas

que se desarrollaron sobre todo en el ámbito religioso. A grandes rasgos, y para el tema que nos compete, las doctrinas hinduistas podrían dividirse en dos:

 

a¯stika —en las que Dios existe—: aceptan la autoridad de Los Vedas —textos muy antiguos, base

de la religión védica—, como el hinduismo en todas sus ramas.

na¯stika —en las que Dios no existe—: doctrinas que rechazan la autoridad de Los Vedas y a las cuales, por lo tanto, los hinduistas consideran ateas; por ejemplo, el ayivika y el jainismo. En realidad, entre las doctrinas que aquí se incluyen, sólo el chárvaka[3] y el budismo podrían clasificarse como ateas.

La doctrina del ioga o yoga tomó grandes préstamos de la filosofía teórica del samkhia,[4] que forma parte de la a¯stika, pero difiere de ella en que no sólo integra el concepto de un Dios personal a su visión del mundo metafísico —como lo hace también el samkhia— sino que afirma que Dios es un modelo sobre el que se debe meditar porque está dentro de uno mismo. El objetivo del yoga es la liberación —mukti— de las ataduras del alma con la materia, es decir, la unión del ser con el resto del Universo.

En sus orígenes, el yoga se consideraba el principio fundamental de un orden personal, social y cósmico, desarrollado en una parte de la Tierra conocida como Bharata —India—, e incluía una gran cantidad de actitudes que cada individuo debía tener consigo mismo y para con los demás, con un sentido ético y moral. Se trataba de una enseñanza única, de maestro a discípulo, un modus vivendi y una cultura que consistía no sólo en técnicas y prácticas, sino también en una ideología determinada, una dieta restringida, hábitos de limpieza y de oración, trabajo e interacciones sociales.

El yoga considera que el objetivo de la vida humana es salir del ciclo eterno de renacimientos o reencarnaciones —llamado samskara—, y obtener la liberación del ser, para lo que es necesario regresar a la fuente de la cual nos originamos; para esta doctrina, la felicidad que nos dan las cosas externas es momentánea y fugaz, y las ataduras e implicaciones de la vida terrenal son aparentes. Por ello, para liberarnos, debemos buscar el contacto con nuestro dios interno.

Desde el origen

Se han encontrado sellos de piedra con figuras de posturas de yoga de avanzada dificultad, que datan aproximadamente del 4500 a.C.; en una de ellas aparece el dios Shiva con tres caras —que representan el presente, el pasado y el futuro— realizando una postura para liberar la energía kundalini desde la raíz hasta la coronilla.

Las primeras pruebas escritas se encuentran en las escrituras védicas —de los cuatro libros Vedas—, particularmente en el Rig-veda y en el Atharva-veda, las cuales se remontan al año 2500 a.C. En Occidente, la parte más conocida es la última del libro, donde se incluyen los Upanishads, tratados y poemas filosóficos y místicos que exploran la naturaleza del alma humana. En ellos se encuentra la base de las enseñanzas yóguicas y la filosofía sobre la realidad o conciencia absoluta; por ejemplo, en el verso 2.12 se explica: «El cuerpo del yogui se ve purificado por el fuego de la yoga y se libera de la enfermedad, el envejecimiento y la muerte», y más importante, en el 2.13 se mencionan los beneficios de esta disciplina, principalmente «liviandad y salud del cuerpo, ausencia de deseo, una complexión luminosa, una voz placentera, un olor dulce y menos secreciones».

En los tan mentados poemas épicos, el Ramayana de Valmiki y el Mahabharata de Vyasa, que datan del 500 a.C., surgen dos grandes textos que narran las encarnaciones de Dios, y en ellos se tratan temas morales y filosóficos. Una parte importante del Mahabharata es el Bhagavad Gita, que consta de 18 capítulos, en los que se discuten distintos aspectos de la teoría y práctica yóguicas.

Los Yogasutras de Patañjali

Cuando la oración se convierte en la vibración de la mente y el ser,

entonces podemos hacer milagros.

Yogui Bhajan

También hacia el 500 a.C., Patañjali recopiló todo el conocimiento existente sobre el yoga en el texto Los Yogasutras, reconocido unánimemente por todas las escuelas yóguicas. El yoga de Patañjali es un conjunto de reglas prácticas y de realizaciones circunscritas a los principios metafísicos, y puede considerarse como el yoga más clásico y sistemático —aunque, además de él, existen muchos otros.

A pesar de que Los Yogasutras es un texto difícil de entender —por el tema, por los conceptos filosóficos que en ellos se exponen, y porque la vida y el pensamiento contemporáneo parecen muy lejanos de estas enseñanzas clásicas—, son muchos los autores que a lo largo de la historia lo han comentado e interpretado.

Los Raja Yogasutras, que constan de 195 aforismos, incluyen también al ashtanga yoga —que literalmente significa «el yoga de los ocho pasos»—, en el que se explica un conjunto de técnicas complementarias entre sí que constituyen toda la práctica del yogui. Los primeros cuatro pasos desarrollan particularmente la práctica externa, y los últimos cuatro, la práctica interna o más personal.

1. yama —en sánscrito, यामा—. Conjunto de actitudes éticas o principios como la no violencia, la veracidad, la honradez, la moderación, la posesión justa, la austeridad o disciplina, el estudio o autoinvestigación, el desapego y la actuación correcta.

2. niyama —en sánscrito, नियम—. Disciplinas personales del cuerpo.

3. asana —en sánscrito, आसन—. Posiciones físicas o posturas de yoga.

4. pranayama —en sánscrito, प्राणायाम—. Control de la respiración.

5. pratyahara —en sánscrito, प्रत्याहार—. Abstracción sensorial o retracción de los sentidos.

6. dharana —en sánscrito, धारणा—. Concentración.

7.dhyana —en sánscrito, ध्यान—. Meditación.

8. samadhi —en sánscrito, समाधि—. Interiorización profunda o salvación.

Los Yogasutras se divide en cuatro partes: 1) samadhi pada, presenta al yoga como medio para calmar y dominar la mente; 2) sadhana pada, trata del porqué de la práctica y de los medios para realizarla —abstención del mal, fomento del bien, realización de posturas corporales

en reposo, regulación respiratoria, control sensorial, concentración, contemplación y completa absorción—; 3) vibhuti pada, trata de los poderes y percepciones extrasensoriales que se adquieren con la práctica avanzada, y 4) kaivalya pada, describe la emancipación de la mente, es decir, la realidad espiritual última del Universo.

 

Evolución del yoga

 

El yoga es un intento de desenmascarar los «múltiples» espejismos de la «mente», para poder descubrir la verdadera e imperecedera esencia del ser humano, aquello que perdura en él, aquello que se halla fuera del tiempo, del dolor o de la historia; lo que nos hace «consubstanciales» al Cosmos.

Mircea Eliade

 

Podríamos decir que la influencia del yoga fue constante y profunda en Oriente, simplemente

porque muchos de sus conceptos y prácticas son parte de su idiosincrasia y de su manera de proceder, y con esto no me refiero a que todo el mundo la practicara, sino que el espíritu de los sutras permeó en esta región de muchas maneras. Esto explica que también existieran el yoga budista, el chino, el tibetano, etcétera. Por ejemplo, la faceta más profunda y a la vez más técnica del término yoga, la que tiene que ver con la meditación y la contemplación, con la búsqueda de detención de toda actividad mental y la obtención de un nuevo estado de conciencia «primordial o supremo», es producto de la yoga budista, y de hecho los textos budistas son los primeros que describen las técnicas de meditación que hoy en día aplicamos.

 

Por otro lado, durante el periodo comprendido entre los años 500 y 1500 de nuestra era, hubo muchos maestros y corrientes de yoga que organizaron comunidades y movimientos espirituales pequeños y grandes, que no sólo tuvieron influencia a nivel espiritual sino también a nivel social. Pero a partir de 1500, los objetivos espirituales, profundos y holísticos del yoga, empezaron a decaer, volviéndose cada vez más simples y mundanos.

Así, la transmisión del conocimiento empezó a enfatizar mucho más el hatha yoga, es decir las posturas —asanas— y la respiración, dejando a un lado los aspectos más profundos y difíciles de la transformación espiritual y la búsqueda de una conciencia superior. En este sentido, el objetivo de la yoga se circunscribió a desarrollar un cuerpo flexible, fuerte y durable, y esto empezó a  organizarse en series de ejercicios destinados a aumentar gradualmente el dominio físico y mental, y en la liberación de una mayor conciencia. Así, quien practicara yoga de forma sistemática podría tener control de su energía a través de los siete centros o chakras.

 

De Oriente a Occidente

 

En tiempos recientes, la ética consumista y materialista ha empañado casi por completo la ancestral ciencia espiritual de la yoga y la ha alterado a un nivel casi irreconocible.

Smt. Meenakshi Devi Bhavanani, Yoga in Modern Times

 

Esta práctica entró en Europa por primera vez cuando India era una colonia de Inglaterra. Posteriormente, los funcionarios ingleses y soldados la conocieron y la importaron a su país, aunque con algunas deformaciones. Puede decirse que si Los Yogasutras de Patañjali es el texto más renombrado sobre la técnica del yoga en Oriente, el libro de Mircea Eliade[5], El yoga. Inmortalidad y libertad, de 1936, es el estudio más completo publicado sobre la filosofía del yoga en Occidente. Este tratado es fruto de su estancia en la India a principios del siglo xx, donde tomó lecciones de sánscrito durante tres años y tras los cuales emprendió un retiro de seis meses en los Himalayas para practicar yoga en el ashram de Rishikesh.

Eliade contaba con una base más que sólida al emprender esta labor y con un amplísimo acervo para articular este tratado de forma generosa; desgraciadamente, sus escritos son eruditos y sólo le llegan a unos cuantos, ya que no son ejercicios prácticos —si bien se comentan posturas y técnicas de respiración—, sino que describen el yoga a la usanza occidental, enmarcándolo dentro de la vision cosmológica de la India y el pensamiento religioso euroasiático.

Realmente, muchos de los yogas que se practican hoy en día tienen su origen en el Yoga Ashtanga, creado por Krishnamacharya, un influyente profesor, filósofo y académico, autor del texto Yoga Rahasya —la esencia del yoga—, que más tarde fue traducido al inglés y que es considerado como una influencia determinante para la creación de rutinas y posturas de yoga por los maestros. En su versión, el yoga y sus diversas disciplinas clásicas indias, son un bien de los gurúes que debe ser

compartido. Asimismo, fueron sus hijos y algunos de sus estudiantes, quienes introdujeron el movimiento en Occidente en los años 60, entre ellos B. K. S. Iyengar, K. Pattabhi Jois y más tarde, Indra Devi, creadores de posturas y rutinas de yoga utilizadas en la actualidad.

 

¿Dónde nos perdimos?

 

La ciencia del yoga, que originalmente surgió para liberar al hombre de su cuerpo y permitirle ir más allá de él, se ha vuelto un vehículo para fijarnos y hablar más y más de él.

El culto al cuerpo es el resultado tergiversado.

Smt. Meenakshi Devi Bhavanani, Yoga in Modern Times

 

Por aquella época, también el maestro espiritual yogui Bhajan, de la orden Sikh, trajo a América el Kundalini Yoga. Pero a partir de ese momento —es decir, cuando los EE. UU. adoptaron el yoga—, su ramificación y deformación fueron absolutas y cada vez mayores: los estadounidenses que llevan un siglo simplificando la religión cristiana en mil un sectas y traducen La Biblia como mejor les apetece, que interpretan a su manera las culturas que les parecen exóticas —desde la mexicana hasta la china—, y los mismos que crearon el movimiento new age —impulsado por los hippies—,

fueron quienes provocaron que esta disciplina sea hoy un champurrado sin pies ni cabeza en el que el yoga se mezcla con la astrología, el mesmerismo, las religiones paganas, el ocultismo y la esotería, y del que las clases medias y altas occidentales toman y escogen a su modo cucharadas cuchareadas. Fue así como el yoga quedó inserto en la «era de Acuario», y como sus valores ascéticos ancestrales —la pureza, la simplicidad y la humildad— se fueron olvidando.

 

La mundanidad le ganó de forma evidente a la ética primigenia; ahora, el acondicionamiento

físico, la sexualidad y la búsqueda de una meta propia y egoísta que nada tiene que ver con el espíritu sino solamente con el cuerpo, son los objetivos de las dizque prácticas de yoga que pululan por todos lados, porque cada vez vemos más corrientes y adaptaciones que hasta risa provocan, como el power yoga —que está muy bien si quieres hacer aeróbics muy flexibles— o la bikram yoga —en donde un instructor «díesel», te pone a hacer posturas con micrófono en mano y una luz estridente a 40 grados—. ¡Qué decir!

¿Cómo se distingue una yoga de otra?

Hoy en día es muy difícil saber bien a bien si la yoga que tenemos enfrente es de una escuela o de otra y si se trata de una práctica confiable o no. A continuación presentamos una lista de escuelas, tipos, estilos o ramas del yoga clásico en los que la mayoría de los conocedores coinciden, aunque algunos agregan otros más.

Hatha Yoga. Yoga básica que designa al conjunto de disciplinas y técnicas prácticas para manejar el cuerpo y las energías vitales, con el objeto de tener un cuerpo y una mente saludables. Hatha significa literalmente «esfuerzo, obstinación»; por tanto, la técnica consiste en un conjunto de ejercicios que requieren esfuerzo y sacrificio. Las técnicas del hatha armonizan y purifican todos los sistemas del cuerpo y enfocan la mente para prácticas más avanzadas como las de kundalini.

Mantra Yoga. Tiene su origen en las ciencias védicas y en el tantra; de hecho, los versos de los vedas se denominan mantras, y se dice que cualquier persona que recite o cante estos mantras con devoción, logrará la salvación o la unión con la conciencia divina.

Ti Yoga. Es el yoga de la devoción o de la fe completa. La fe completa en un dios o en una conciencia suprema —ya sea Rama, Krishna, Jesucristo, Mahoma, Buda, etcétera— o simplemente la fe en un gurú.

Karma Yoga. Es el camino de la devoción a través del trabajo, pero el trabajo altruista sin remuneración; aunque la mayoría de los trabajos se hacen justamente por el incentivo, el objetivo de este tipo de yoga es la obtención de una conciencia superior o superconciencia mediante el desapego al trabajo.

Jnana Yoga. Es la yoga que convierte el conocimiento intelectual en una sabiduría práctica; se trata del descubrimiento del dharma o misión de cada humano en relación con la naturaleza y el Universo, para así conseguir el samadhi o estado de conciencia supremo.

Kundalini Yoga. Este sistema de yoga viene de los tantras y trata de despertar cada uno de los chakras o centros de energía, para que ésta suba desde los puntos bajos —más animales— a los altos —más humanos—, no sólo para sentirse bien y envejecer mejor, sino para tener contacto con Dios.

Kriya yoga. La palabra kriya significa «actividad» o «movimiento». Se refiere a la actividad de la conciencia y también a una serie de ejercicios cuyo objetivo es despertar la conciencia a su mayor nivel.

Raja Yoga. Se refiere al sistema primigenio de yoga descrito en Los Yogasutras de Patañjali, así como a los ocho pasos mencionados arriba.

Swara Yoga. Swara significa «sonido» o «nota musical». Este tipo de yoga busca la conciencia cósmica a través del control y la manipulación de la respiración, asociándola con las estaciones del año, con el Sol, la Luna y las condiciones físicas y mentales del individuo.

 

Los Chakras.

 

1. muladhara —en el perineo, base de la columna vertebral; su elemento es la tierra y su color, rojo.

2. svâdishthana —en los genitales, su elemento es el agua y su color, anaranjado.

3. manipûraka —en el estómago, su elemento es el fuego y su color, amarillo.

4. anahata —en el corazón, su elemento es el viento y su color, verde.

5. vishuddhi —en la garganta, su elemento es el vacío o éter y su color, azul.

6. ajña —en el entrecejo, su elemento es el pensamiento y su color, morado.

7. sahasrara —por encima del cráneo, la coronillla, corresponde a la liberación espiritual y su color es blanco malva.

Yogas que ni al caso

En las últimas décadas, el yoga ha sufrido en Occidente un fenómeno similar al del protestantismo: se ha ramificado a tal punto que hoy en día hay tantos tipos de yoga que apenas podríamos hacer un recuento de ellos. La pregunta no es cuántos son ni qué enseñan, sino si realmente se les puede considerar como parte de esta disciplina. Tenga usted cuidado cuando oiga hablar de las yogas Amrit, de niños, Integral, Mysore, Svastha, Anahata, Dru, Ishta, Power, Taoísta, Ananda, Forrest, Iyengar Siddha, Viniyoga, Anusara, Flow, Jivamukti, Sivananda, Vinyasa, Ashtanga Vinyasa, de la risa, Gitananda, Kali Ray TriYoga, Hot o Caliente, Kripalu, Pre y posnatal y Satyananda, entre otras, porque seguro para el momento en que usted, querido lector, termine de leer este artículo, ya habrá dos o tres más.

 

María del Pilar Montes de Oca Sicilia no cree en Dios, ni en la reencarnación, ni en la otra vida; tampoco cree en ninguna religión ni doctrina, y cuantimenos en ningún gurú, pero desde hace años práctica yoga diariamente porque ella dice que «siente que le hace bien», lo que ya es mucho decir.

 


[1] Usaré el yoga o la yoga de forma indistinta ya que en español, este sustantivo se usa como masculino o femenino: «el yoga» si se trata de un conocimiento y «la yoga» si se trata de una disciplina.

[2] Patrono y presidente de muchas organizaciones de yoga alrededor del mundo. Fue elegido por el gobierno de la India como parte del cuerpo de gobierno del Centro de Investigaciones de Yoga y Neuropatía, puesto que ocupó hasta su muerte en 1993.

[3] Chárvaka fue un filósofo materialista indio que vivió en el siglo VII a.C. y fundó una escuela de filosofía con el mismo nombre, abiertamente ateísta y empírica, que tuvo seguidores por lo menos hasta 1578. Su doctrina ha sobrevivido a través de textos jainistas, budistas e hinduistas.

[4] Es considerada como la más antigua de las doctrinas de la India y se basa en las ideas del escritor Kapilá. Se trata de la primera descripción conocida del modelo del Universo; su filosofía lo explica como compuesto de tres realidades eternas: éter, inteligencia y naturaleza o materia. v. Mircea Eliade, El yoga: inmortalidad y libertad, FCE, 2004; 329 pp.
[5] Mircea Eliade fue un filósofo, historiador de las religiones y novelista rumano. Hablaba y escribía con corrección en ocho lenguas: rumano, francés, alemán, italiano, inglés, hebreo, persa y sánscrito. Nació en Bucarest en 1907 y murió en Chicago en 1986.

 

 

 

Comunicar

busca en algarabía

Publicidad

Publicidad

Chingonerías

Chingado amor

Publicidad

Para escribir mejor

De acuerdo a / de acuerdo con

Publicidad

– Publicidad –

Newsletter Algarabía

Optimization WordPress Plugins & Solutions by W3 EDGE