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Unas ideas sobre el suicidio

Usted, ¿ha tenido alguna vez pensamientos suicidas? O, en cualquier caso, ¿se ha preguntado para qué se requiere mayor valentía: si para encarar el día a día de la vida y sus reveses o para enfrentarse al sufrimiento de la herida fatal, del veneno, de la caída o de la asfixia… y de la velada negrura de lo que viene después? ¿Por qué será que algunas de las mentes más brillantes y lúcidas de la historia1 han decidido tomar esta «puerta falsa»? Aquí unas notas al respecto.

Aunque siempre intento tener un enfoque neutral, mientras leía el satiricón me fue inevitable pensar que su autor, Petronio,2 se había suicidado. Tenía perfectamente claro que muchos autores de otros libros que he leído —por ejemplo, quienes escribieron el libro de los muertos— habían estado muertos por mucho más tiempo, pero como éstos no se suicidaron y el dominio de su lectura era otro, al leer la novela picaresca de Petronio y pensar en ese acto último, percibí más sórdidamente que en verdad estaba leyendo a un muerto; es decir, a un auténtico muerto. Así que leerlo era lo más parecido a usar una ouija. Esta reflexión —y también la impresión que me causó el lamentable fin de la top model Ruslana Korshunova3— me animó a unir las siguientes ideas sobre el suicidio.

No se culpe a nadie de mi muerte...

Gran parte de las religiones del mundo han considerado que el acto de quitarse la vida es un pecado —y uno muy grave en realidad—. Curiosamente, algunas jurisdicciones lo tipifican incluso como un delito.4 Sin embargo, en culturas antiguas —y en algunos contextos modernos— el suicidio5 ha sido entendido como la única forma honorable de encarar la deshonra o de poner remedio a lo irremediable.

Y es que, si bien la vida puede apreciarse como un obsequio único, algunos ven la muerte como la solución a todos sus problemas y, sin considerar el sufrimiento de vivir como fantasma —si es que en verdad es posible ser uno de ellos—, la posibilidad del suicidio puede resultar atractiva y fascinante: el alivio que proporciona una puerta de escape o la excitación anticipada —que, supongo, genera en el suicida pensar en todo el daño que puede infligir a los demás, vivos o muertos, conocidos o no, al dañarse y acabar consigo mismo—, debe resultar altamente gratificante cuando se le contrasta con una existencia decepcionante, insufrible, demasiado dolorosa o aparentemente innecesaria.

Mitos suicidas

Las ideas de conflicto, tensión, contraste y emoción generadas por el suicidio, se hicieron manifiestas en las tragedias griegas; por ejemplo, en las experiencias de personajes como la mortífera Esfinge del Edipo Rey de Sófocles, que se suicida después de que el héroe resolviera su enigma. El caso de Dido, fundadora y reina de Cartago, quien al ser abandonada por Eneas se arroja a una pira funeraria; el de Hércules, el dios héroe que encuentra el mismo fin tras haber sufrido el insoportable dolor de un veneno; de Hécuba que, presa de la desesperación, se arroja al estrecho Helesponto; el de Esón, quien se mata forzado por su hermanastro Pelias, y el de Hero, quien muere tras arrojarse al mar para seguir a su amado Leandro.

Asimismo, en el libro bíblico de los Jueces, el imponente Sansón muere heroicamente sepultado junto con una multitud de filisteos y, también, para terminar con este listado, no podemos excluir a la pareja de Príamo y Tisbe —descrita en Las Metamorfosis por el poeta latino Ovidio—, cuyas vidas terminan como las de los veroneses Romeo y Julieta de la historia inmortalizada por William Shakespeare.

Por otro lado, en la historia de la Antigüedad entran en escena varios personajes. Entre ellos, el filósofo Sócrates, quien apuntaló su postura filosófica al beberse hasta la última gota de la cicuta ordenada por las autoridades atenienses; también Demóstenes, quien silenció por propia mano la grandiosidad de su oratoria, y Aníbal, el valeroso general cartaginés, que prefirió suicidarse antes que ser entregado por su pueblo a la República de Roma.

También Marco Antonio, el poderoso general romano acorralado por las tropas de Octavio, al creer muerta a su amada Cleopatra, se hundió su propia espada; Cleopatra, por su parte, prefirió entregarse a la mordedura de una áspide, que ser humillada por la naciente Roma Imperial. El traidor Judas Iscariote, luego de servirle al sumo sacerdote Caifás para aprehender a Jesús, se ahorcó colgándose de un árbol. Y, fiel a la tradición imperial romana, el emperador Nerón renunció a su existencia después de ser declarado enemigo público por el Senado.

Más de este lado

Más hacia nuestros tiempos, otros suicidas ilustres son: Emilio Salgari, narrador de fabulosas aventuras, quien acabó consigo por el método del hara-kiri6 ante su precaria condición económica; Jack London, escritor estadounidense que, decepcionado profundamente de una insensible naturaleza, se ayudó a evadirla con un disparo; y por supuesto, Adolfo Hitler, quien, encontrándose derrotado entre las ruinas de su lucha, eligió salir del mundo junto con su compañera Eva Braun. También del otro lado de la moneda, algunos supervivientes a los campos de concentración nazi —entre ellos Primo Levi y el psicoanalista Bruno Bettelheim— resolvieron sus pesadillas entregándose al sueño eterno.

Conoce a otros suicidas famosos de la historia, el cine y el arte en general y algunas explicaciones sobre este fenómeno en Algarabía 66 pp. 78-83.


Sobre Daniela Edburg

La imagen que ilustra este artículo es «Death by cake» (2005) de Daniela Edburg, una artista visual nacida en Houston, Texas y con un título por la Academia de San Carlos de la Ciudad de México

Uno de sus trabajos más conocidos es Drop Dead Gorgeous, un conjunto de fotografías que muestran a bellas mujeres, víctimas del consumismo y la cultura pop: han muerto por un hedonismo provocado por una vida cotidiana expuesta continuamente a los medios.

Consulta las obras de Daniela Edburg en su página web.


Chryso Cálix se considera demasiado feliz para ser artista. No es sádico ni masoquista, no es pobre ni rico, no fuma ni bebe —y de drogas, ¡ni hablar!— y, a pesar de que sólo se acuesta para dormir, no es misógino y está bastante a gusto con su heterosexualidad. Como ilustrador, ha colaborado en diarios como Unomásuno, El Nacional y Reforma, y en revistas como Casa del tiempo, Letras libres y, desde luego, Algarabía.

1. Como algunos famosos escritores; para ahondar más, v. Algarabía 17, enero-febrero 2005, Literatura: «La tentación de la ventana, los escritores suicidas»; pp. 48-53.
2. El título original es P.A. Satiricon libri. Las iniciales corresponden a Petronius Arbiter, autor al que se le atribuye la novela.
3. Ruslana Korshunova nació en Rusia en 1987 y fue el foco de la atención internacional después de que, el 28 de junio de 2008, se suicidara tirándose del balcón de su departamento de Nueva York.
4. Me pregunto en qué consistirá la sentencia del suicida... ¿Lo condenarán a volver a vivir?
5. Del latín sui caedere, ‘matar a uno mismo’.
6. El hara-kiri o seppuku es una forma de suicidio ritual japonés que consiste en rebanarse las entrañas con una espada.

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