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Puntuación ⎯no oficializada⎯

Ni por capricho, ni por estética: los signos de puntuación son cuestión de necesidad.

«Hablando de cómo los poetas de vanguardia abolieron la puntuación, Borges comentó: hubiera sido más encantador el ensayo de nuevos signos: signos de indecisión, de conmiseración, de ternura, signos de valor psicológico y musical […]»

José Antonio Millán, Perdón, imposible

Ya los amanuenses de la Edad Media realizaban cambios en los sistemas de escritura que, hasta entonces, no contaban con una estandarización que optimizara el orden —ya no digamos la intención— de las ideas. Hasta entonces, no existían indicaciones que permitieran transmitir a quienes recorrerían letras la verdadera esencia de una idea plasmada en papel.
Con el tiempo, la necesidad se convirtió en algo imposible de ignorar y desde entonces, como hasta ahora, procesos de regularización y estandarización de la escritura serían desarrollados por expertos: las ideas serían separadas por líneas, el uso de acentos borraría ambigüedades del vocabulario y nacerían de entre los rincones de cada enunciado las marcas que, amadas por unos, odiadas ⎯o incomprendidas⎯ por otros, darían sentido, intención y orden a lo escrito: los signos de puntuación.

De acuerdo con la oficialización de la rae, existen once signos de puntuación básicos:

coma dos puntos
punto puntos suspensivos
punto y coma s. de exclamación
s. de admiración comillas
paréntesis guión largo
corchetes

Y ocho signos auxiliares:

apóstrofo diagonal
asterisco llave
guión corto párrafo
diéresis tilde (acento)

El surgimiento de los signos de puntuación como los conocemos hoy en día es producto de cientos de procesos de evolución y transformación que, según las necesidades de cada era, han adaptado las marcas lingüísticas al ser humano, permitiéndole hacer uso de ellas para lograr de manera efectiva sus objetivos de comunicación.

Las propuestas

¿Cuántas veces escribimos sin la certeza de que quien nos lea entenderá la verdadera intención irónica o sarcástica de nuestras letras, o la verdadera emoción con la que las lanzamos al papel?

Con el tiempo, la evolución de la comunicación le ha abierto al ser humano la posibilidad de expresar más que sólo hechos: emociones, pensamientos y cuestionamientos de todo tipo hoy pueden ser vestidos con la retórica y todas sus formas de intención; la entonación, los movimientos y la gesticulación son apoyo de lo que decimos. Pero, ¿qué pasa con lo que sólo está escrito?

Desde hace siglos, expertos han realizado propuestas y contribuciones a la lengua escrita según lo que consideran pertinente y necesario, enriqueciéndola y convirtiéndola en una vía más cercana hacia la comprensión del lector. Sin embargo, no todas ellas han logrado permanecer en los parámetros de estandarización de la lengua.

Retórica, ironía, sarcasmo y otros fondos…

En 1580, un impresor inglés —de nombre Henry Denham— propuso la oficialización de un nuevo signo de puntuación que indicara cuando una pregunta fuera de tipo retórico, cuya forma era muy similar a la de un signo de interrogación invertido.
Aunque la nueva marca no obtuvo la aceptación necesaria para que pudiera considerarse como oficial, para finales del siglo xix el poeta francés Alcanter de Brahm ⎯también conocido como Marcel Bernhardt⎯ retomaría la propuesta en su Ostensoir des ironies y crearía el signo de ironía.1 point d’ironie

puntuacion-interior1

Con varios siglos de por medio y restricciones en las posibilidades de cambio de la lengua, la idea de puntualizar intenciones en la comunicación escrita es retomada por Hervé Bazin en Plumons l’Oiseau (1966), obra en la que además de rescatar la propuesta de Brahm y Denham ⎯a la que también representa con un signo de interrogación invertido⎯, lanza cinco marcas más para complementar las intenciones de la lengua escrita:

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Propuesta de puntuación Bazin, publicada en su Plumons l’Oiseau (1966): signos de afección, aclamación, autoridad, certeza y duda.

De la época es también el publicista Martin Spekter quien, en un contexto enmarcado por el Nueva York pop de los años 60, crearía un símbolo que, para muchos, es símbolo de toda una generación: el «interrobang», que indicaba que una pregunta incluía una reacción de sorpresa al fusionar, precisamente, los signos de interrogación y de admiración (?!); este signo, a diferencia de aquellos que representan sus precedentes, logró trascender en mayor medida: fue considerado por algunos de los modelos de las máquinas de escribir Remington a finales de aquella década. Sin embargo, igual que las primeras, terminó por desaparecer.

puntuacion-interior3

Más para acá…

La más reciente propuesta es la de los autores del sitio web College Humour, desarrollada en su entrada «8 punctuation marks we desperately need», basados en lo que, creen, son las necesidades básicas de la comunicación escrita contemporánea:

5 de 8 propuestas; CollegeHumor.com

Hoy en día, con la evolución de los procesos comunicativos, las formas ⎯y los fondos⎯ siguen transformándose y generando nuevas necesidades, y abriendo oportunidades para que nuevos recursos gráficos compitan para adentrarse en los estándares de lo oficial en la lengua escrita.

Signos de apertura en interrogaciones y exclamaciones (¿,¡) en peligro de extinción, puntoycomas que parecen no encontrar más cabida en la comprensión de las nuevas generaciones, emoticons que rescatan conversaciones de lo ambiguo… ¿Cuáles permanecerán? Sólo el tiempo lo dirá. :)

«A fin de cuentas, no leemos ni escribimos como antes. En casi dos generaciones, cambiaron los soportes a una velocidad jamás imaginada. Tal vez, los signos de puntuación también evolucionen y se adapten a su nuevo medio ambiente… O no?»

Fragmento de «La extinción menos pensada», de Federico Kusko, publicado en revistaeine.clarin.com el 15 de diciembre de 2012.

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