Nos parece gracioso —o al menos fue así las primeras veces que lo vimos— porque es real. Pero, ¿por qué los hombres heterosexuales están tan fascinados con los pechos femeninos?

Desde el punto de vista biológico, esta obsesión es inusual. Los hombres son los únicos mamíferos con una fijación sexual por los pechos, y las mujeres los únicos mamíferos cuyos pechos crecen en la pubertad, independientemente del embarazo. También somos la única especie en la que el macho acaricia, masajea y estimula oralmente los pechos femeninos antes y durante el sexo. Esta fascinación, como nos pueden mostrar las revistas masculinas, una buena parte del Internet y la historia del arte, es una respuesta biológica que está inscrita en el cerebro.

Algunos biólogos evolucionistas sugieren que los pechos son la señal de que una mujer es saludable y es apta para la reproducción; sin embargo, los humanos, desde el punto de vista reproductivo, tienen un mayor interés en tener el mayor número posible de compañeras sexuales para pasar sus genes, y un cuerpo atractivo no es un factor determinante.

Otra hipótesis sugiere que la mayoría de los primates copulan con la hembra de espaldas, lo que explica por qué algunas hembras de especies de changos desarrollan elaborados traseros. En los humanos en cambio, el sexo se tiene frente a frente, de modo que la teoría dicta que las mujeres necesitan un atractivo visual frontal.

Los autores de este artículo, acabamos de publicar un libro sobre la atracción sexual —The Chemistry Between Us—, y rechazamos las dos teorías anteriores. Optamos por una explicación neurológica que tiene que ver con el lazo entre una madre y su hijo.

Cuando una mujer da a luz, el recién nacido se inicia en manipulaciones elaboradas de los pechos de su madre. Esta estimulación envía señales al sistema nervioso y el cerebro de la madre, donde las señales liberan un neuroquímico llamado oxitocina, que relaja los músculos de la madre para que sea más fácil que expulse leche.

La oxitocina tiene otros efectos. Cuando una madre amamanta a su bebé, toda su atención se centra en él. La oxitocina actúa en conjunción con la dopamina, y ello hace que el rostro del bebé, su contacto y su aroma, y en general la experiencia de alimentarlo se vuelva agradable, lo que motiva que se estreche el vínculo entre ambos. Creemos que, como somos la única especie que tiene sexo cara a cara, la sexualidad humana ha evolucionado para que el cerebro recuerde esa vieja experiencia con nuestras madres, y tengamos un vínculo significativo con nuestros amantes.

Cuando un compañero toca o masajea los pechos de una mujer en una relación sexual, el cerebro registra la misma serie de reacciones que al amamantar. La mujer lleva su atención a la cara, voz y aroma de su compañero. La combinación de oxitocina liberada a partir de la estimulación de sus senos, se une con la dopamina liberada a partir de la excitación, hace que la mujer tenga una poderosa reacción en su cerebro.

Así que bromas aparte, la fascinación masculina con los senos es un impulso inconsciente y evolutivo que nos ayuda a crear lazos con la pareja.

En la sección de comentarios comparte con nosotros: ¿qué piensas de la obsesión masculina con los pechos femeninos?


Este artículo fue adaptado de Larry Young Ph.D. y Brian Alexander, «Breasts: The Real Reason Men Love Them» en Huffington Post, 25 de septiembre de 2012. Trad. Ingrid Constant Saavedra.