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Pelusa por aquí, pelusa por acá

Una pelusa se conforma de cabellos, vellos faciales, axilares y púbicos, mucosidades, heces, cadáveres de insectos, migajas de comida, fragmentos de uñas y otros elementos.

La pelusa es una vieja conocida de las amas de casa, quienes, desde tiempos inmemoriales, se han entregado a la tarea de buscar métodos para eliminarla. Sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos, parece que la batalla contra la pelusa está perdida, pues se muestra inmune a los procesos de limpieza y persiste inmutable en los recintos más pulcros —hospitales y restaurantes—, en los aristocráticos palacios, en inmaculados santuarios y, desde luego, en las modestas viviendas, aunque se limpie a diario.

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Nadie se encuentra a salvo de la pelusa, que parece surgir de la nada, casi por generación espontánea, y aparecer por todas partes. De hecho, es posible distinguir dos tipos de pelusa: una de ellas es el azote de los guardarropas, ya que se adhiere a los suéteres, a los calcetines y hasta a los calzoncillos; la otra nos intriga y fascina, pues siempre forma cúmulos grisáceos que gustan de establecerse debajo de las camas o detrás de los muebles. A diferencia de la inmóvil pelusa de la ropa, la segunda es inquieta e indomable, e imita, en sus erráticos movimientos, a los secos chamizos que surcan el agreste desierto del Viejo Oeste.

Eres como la pelusa

En vista de que es una figura representativa de consejas morales y canciones populares, queda claro que la pelusa es un ente que ha inspirado a la humanidad. Podríamos decir, por ejemplo, que siempre estamos atentos, no a la paja, sino a la pelusa en el ojo ajeno, sin reparar en la viga que nubla el propio, o citar un refrán chino que afirma que hay que «soplar la pelusa de un abrigo de pieles para descubrir el menor defecto», lo cual se traduce a nuestra habla e idiosincrasia como «no hay que buscarle tres pies al gato». En tanto, la canción «La pelusa», del desaparecido compositor y cantante colombiano Kaleth Morales, se habla de una mujer ruin que juega con los sentimientos de un hombre enamorado: «natural, elegante y bonita, / pero eres un mal, que había que detenerte; / busca tu lugar y quédate tranquila [...] Todos saben que tú eres una pelusa».

Pelusa aparentemente es un peyorativo de pelo. El drae define esta palabra como «aglomeración de polvo y suciedad que se forma generalmente debajo de los muebles». Además, dice que la «gente de pelusa» es la rica y acomodada; sin embargo, en esta última frase no se compara a la gente con la pelusa que se arrastra por los hogares, sino que hace referencia a la idea, propia de la España medieval, de que los hombres ricos, viriles, fuertes y valerosos eran aquellos de largas cabelleras, vello abundante y barba poblada.

En contraste, para la cultura mexicana, pelusa puede tomarse como sinónimo de popular. Así, en la canción «El hijín», de Luis de Alba, el estribillo expresa: «no seas naco, no seas naco, / aliviana tu patín, / ya salte de la pelusa / y vive como el hijín». En este caso, el peluso es aquel que no puede vivir más que en estrecheces.1 Raúl Béjar Navarro, El mexicano: aspectos culturales y psicosociales, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2007; p. 408.

Los ingredientes de la pelusa

El empleo de la palabra pelusa por parte de españoles y mexicanos evidencia, al menos empíricamente, que la gente tiene la idea de que la pelusa agrupa entre sus constituyentes, además de cabello y vello, elementos o residuos sin ninguna estimación; por eso también se aplica como adjetivo despreciativo.

Una mota de pelusa contiene cabellos, vellos faciales, axilares y púbicos, mucosidades, heces, cadáveres de insectos, migajas de comida, fragmentos de uñas y hojuelas de piel.

No obstante, un vistazo bajo el microscopio de una mota de pelusa nos introduce a un mundo sobrenatural: no sólo se observan cabellos y vellos faciales, axilares y púbicos, sino también mucosidades, fibras textiles, heces y cuerpos inertes de pequeños bichos; migajas de comida, restos de vegetales, fragmentos de uñas, hojuelas de piel, gránulos de polvo y roca de variedad de formas, colores y tamaños —que provienen de la erosión de los pisos, paredes y techos, o bien, ingresan a la casa como polizontes en la suela del calzado o a través de las rendijas de puertas y ventanas—, así como trozos de cualquier objeto que sufra desgaste natural o intencional; pero, además, este microcosmos no es inerte, ya que en él existen hongos y miriadas de ácaros que se alimentan de los despojos orgánicos y que son el azote de nuestras alergias.

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Estos elementos básicos de la pelusa se encuentran sobre el suelo o suspendidos en el aire. Al barrer, recolectamos parte de ellos y ponemos en suspensión otros. Sin embargo, ciertos sitios de una habitación, como debajo de la cama o detrás de los muebles, no son alcanzados por las cerdas de la escoba, y esto permite a las mencionadas partículas disponer de un hábitat sereno para reposar, mezclarse y crecer como mancha voraz.

La intrincada y compacta maraña de pelos, fibras y polvo funciona como un escudo de inmundicia que impide que la luz la atraviese; este efecto, que confiere opacidad a la mota de pelusa, la tiñe de su típico, aburrido y repulsivo color gris. Es precisamente la aparente suciedad de su coloración y el embrollo de elementos que le dan cuerpo, la razón por la que se ha bautizado con el mote de «pelusa» a las personas o animales con pelo abundante y desordenado,2 El gran futbolista Diego Armando Maradona es también conocido por su apodo de «Pelusa», por el copioso y desordenado cabello que ostentaba en sus inicios como deportista. o de apariencia desagradable.

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Contrariamente, pelusa se aplica también al de pelo ralo, ya que la palabra también puede referirse a la escasez de pelo, como en los bebés.

Nos gastamos de a poquitito

Otra temida pelusa es la que aparece en el bolsillo, un verdadero jinete apocalíptico de los tiempos de crisis. Nadie la quiere tocar siquiera cuando la mano se introduce en la bolsa en busca de unos centavos. Su simbología es clara, ya que el nulo flujo de dinero en los bolsillos propicia que nada progrese, que todo se estanque y aquiete, generándose así las condiciones para que la pelusa se asiente.

Y ya que hablamos de pelusas indeseables, mención especial merece la del ombligo, esa que todos tenemos y que nadie manifiesta abiertamente —salvo Estetoscopio Medina Chairez, personaje de ficción interpretado por el actor Víctor Trujillo, que gusta de juguetear perversamente con ella para «hacerla bolita»—.

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Al respecto, en un estudio exploratorio, el doctor Kart Kruszelnicki, ganador del premio ig nobel 2002 a la investigación inverosímil, encontró que la probabilidad de tener pelusa en el ombligo se incrementa si se tiene una edad avanzada, presencia abundante de vello —en el caso de los hombres— y una cicatriz umbilical hundida en lugar de saltada; además, se descubrió que la pelusa del ombligo se forma a partir de fibras sobrantes de ropa, piel muerta y vello, y que se desplaza de abajo para arriba y no al revés, ya que el proceso migratorio es el resultado de la fricción del vello corporal con la ropa interior, que arrastra las fibras sueltas hacia el ombligo.3 Para más detalles sobre este estudio, puede visitar la siguiente dirección electrónica: http://www.abc.net.au/science/k2/lint/results.htm

En conclusión, la pelusa no es producto de las fuerzas ocultas del más allá o de algún poder supremo que la materializa cual maná bíblico. Es, por el contrario y a todas luces, un fenómeno natural que ocurre frente a nuestras narices y que, aunque nos intrigaba, quizá dudábamos en investigar. Esperamos que estas líneas hayan calmado sus angustias, tal como lo hizo Mafalda con las de su hermanito Guille, quien, al ver cómo ella y su mamá sacudían la casa, intrigado le pregunta: «Este polvo que sacan todos los días, ¿de dónde sale?», a lo que Mafalda responde: «¿Cómo de dónde sale? Es hollín y tierra que entran de afuera, Guille». «¡IIIIÚÚÚJU! ¡Yo siempre pensé que salía de nosotros, que nos íbamos gastando de a poquitito!». Y la verdad es que, por lo que vimos, Guille no estaba tan errado.

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